Vol. 31 Núm. 341 (2026)
Contrastes
El contraste entre deportistas que compiten al más alto nivel con recursos básicos y los que lo hacen obteniendo suculentos premios monetarios refleja las dos caras extremas del deporte contemporáneo: la precariedad de competir en disciplinas sin patrocinio privado y escasa ayuda estatal y la opulencia del espectáculo profesional hipermercantilizado.
Por un lado está la realidad de muchos atletas de élite en América Latina, simbolizada en Julieta Lucas, una gimnasta que alcanza la máxima gloria continental al conquistar cuatro medallas de oro y una de plata en los recientes Juegos Suramericanos, pero cuyo rendimiento no se traduce en que mantenga perspectivas a futuro. La imagen de una campeona organizando rifas, vendiendo comida o pidiendo apoyo en redes sociales para costear pasajes, inscripciones y equipamiento expone un sistema donde la excelencia deportiva no garantiza el sustento ni las condiciones mínimas para competir en el alto rendimiento.
En el extremo opuesto se encuentra LeBron James, figura global del baloncesto profesional de la NBA, cuya infraestructura de entrenamiento y transporte trasciende lo terrenal. Viajar en helicóptero privado entre ciudades como Nueva York y Filadelfia para asistir a un entrenamiento o un partido no es solo una muestra de poder adquisitivo, sino una estrategia para optimizar tiempos de descanso y recuperación física dentro de un negocio que genera miles de millones de dólares al año.
Este contraste pone de manifiesto que el talento y la dedicación no se remuneran de igual forma en el ecosistema deportivo global. Mientras que deportes masivos como el baloncesto profesional transforman a sus figuras en corporaciones vivientes, las disciplinas de alto rendimiento sin el apoyo económico necesario dependen de la vocación pura, el esfuerzo familiar y el apoyo comunitario para mantener con vida los sueños internacionales de sus atletas.
Tulio Guterman, Director – Octubre de 2026



