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Vol. 31 Núm. 336 (2026)
El Mundial de la exclusividad

El Mundial de la exclusividad
La cuenta regresiva para el Mundial 2026 ha entrado en su fase crítica, y no precisamente por lo deportivo. A medida que nos acercamos al pitazo inicial en el Estadio Azteca, la conversación en las gradas virtuales no gira en torno a tácticas o figuras, sino al costo astronómico de ser testigo de la historia. Estamos ante lo que ya se perfila como la Copa del Mundo más cara de todos los tiempos. La FIFA ha implementado por primera vez en un Mundial masculino el modelo de precios dinámicos, una estrategia común en el mercado estadounidense pero ajena a la tradición del fútbol global. Esto ha inflado los precios de las entradas de forma exorbitante, sobre todo a medida que se avanza en las instancias finales.
Resulta irónico que el torneo más grande de la historia -con 48 selecciones y 104 partidos- parezca estar cerrando sus puertas al aficionado promedio. La FIFA justifica estos montos apelando a la "adaptación al mercado doméstico" y la necesidad de generar ingresos para sus 211 federaciones afiliadas. Paradójicamente, el fútbol siempre se ha jactado de ser el deporte más popular del mundo. Pero cuando seguir a tu selección durante la fase de grupos puede costar una fortuna, el deporte corre el riesgo de convertirse en un espectáculo teatral para una clase privilegiada.
Si el Mundial 2026 quiere ser recordado como un éxito, no debería medirse solo por los miles de millones de dólares en recaudación, sino por la capacidad de llenar esos imponentes estadios con la energía vibrante y diversa que solo el verdadero fanático -y no solo la billetera más abultada- puede ofrecer. El fútbol está en juego, y esta vez, el precio de las entradas determina que la puerta de los estadios solo se abre a una élite exclusiva y excluyente.
Tulio Guterman, Director – Mayo de 2026

Publicado: 2026-05-02

 

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