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Intervención coeducativa para activar físicamente 

a jóvenes de 10 a 16 años en los recreos

Coeducational Intervention to Physically Activate 

Young People 10 to 16 During School Breaks

Intervenção coeducacional para ativar fisicamente 

jovens de 10 a 16 anos no recreio

 

Gemma Jiménez Martínez*

26gemma26@gmail.com

José Antonio García-Pérez**

j.antonio.garcia-perez@uv.es

 

*Maestra interina del cuerpo de maestros

de la Comunidad Valenciana de la especialidad de Educación Física

Grado en magisterio de Educación Primaria por la especialidad de Educación Física

Máster de Secundaria de Educación Física

**Doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte por la Universidad de Valencia

Diploma de Estudios Avanzados por la Universidad de Valencia

Licenciado en Educación Física

Funcionario de carrera del cuerpo de profesores de enseñanza secundaria

Profesor asociado en la Universidad de Valencia

(Máster de Secundaria de la Facultad de Magisterio)

(España)

 

Recepción: 05/10/2019 - Aceptación: 04/12/2019

1ª Revisión: 24/11/2019 - 2ª Revisión: 30/11/2019

 

Esta obra está bajo licencia Creative Commons

Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0)

https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es

 

Resumen

    La actividad o inactividad física de los jóvenes cobra una especial importancia al plantearlo desde una perspectiva de género. Tratar de incrementar los niveles de actividad física del alumnado desde la igualdad de oportunidades para ambos géneros debería generar un patio escolar activo y coeducativo. El objetivo del estudio fue conocer el tipo de actividades desarrolladas en los patios, así como el efecto del género del alumnado sobre la ocupación de espacios y el índice de participación en juegos y tareas activas. Por otro lado, comprobar si una intervención centrada en la superación del sexismo en los patios escolares modifica la actividad o inactividad de los chicos y de las chicas y la distribución desigual de los espacios, así como los efectos a largo plazo de esta intervención. El estudio se realizó con una muestra de 112 alumnos (49 chicas y 63 chicos). Se reorganizaron las zonas del patio escolar de manera que en cada espacio se realizara una actividad determinada. Se registraron variables como el número de chicos y chicas activos e inactivos, o la ocupación de las diferentes zonas del patio escolar en 4 momentos diferentes (antes, durante, una semana y dos meses después de la intervención). El análisis descriptivo y las pruebas de chi-cuadrado realizadas mostraron como resultado que, antes de la intervención, los chicos eran más activos que las chicas y dominaban la parte central del patio con un predominio de deportes típicamente masculinos. La mayoría de estas diferencias, que desaparecen durante la intervención por un aumento de la actividad femenina, siguen sin aparecer en la medición realizada a largo plazo, aunque en este caso como consecuencia de una disminución de la actividad en ambos géneros (especialmente en el masculino).

    Palabras clave: Actividad física. Patio escolar. Género. Sexismo. Coeducación.

 

Abstract

    Levels of physical activity or inactivity in the young population is especially important if considered from a gender perspective. Trying to increase the levels of physical activity of students from a gender perspective should generate an active and coeducational school break. The aim of the study was to know the type of activities carried out in the school breaks as well as the effect of the students' gender on the occupation of spaces and the participation rate in games and active tasks. On the other hand, to check if an intervention focused on overcoming sexism in breaks modifies the levels of activity or inactivity of boys and girls and the unequal distribution of spaces, as well as the long-term effects of this intervention. The intervention was carried out on a sample of 112 students (49 girls and 63 boys) and it consisted in the reorganization of the break so that different spaces were provided to play different sports. Variables such as the number of active and inactive boys and girls or the occupation of the different areas of the school playgrounds were recorded at 4 different moments (before, throughout, one week after and two months after the intervention). After the statistical analysis the results show that before the intervention boys were more active in the breaks and that they dominated the central part of the playground, where typically male games were predominant. Nevertheless, most of these differences, which disappear during the intervention, still do not appear in the long run. The number of active boys and girls become similar, although it was not due to the increase in the amount of activity in the girls, but to the decrease in boys.

    Keywords: Physical activity. School breaks. Gender. Sexism. Co-education.

 

Resumo

    A atividade ou inatividade física dos jovens se torna especialmente importante ao considerar a perspectiva de gênero. Tentar aumentar os níveis de atividade física dos alunos a partir da igualdade de oportunidades para ambos os gêneros deve gerar um pátio escolar ativo e co-educacional. O objetivo do estudo foi conhecer o tipo de atividades realizadas nos pátios, bem como o efeito do gênero dos estudantes na ocupação de espaços e a taxa de participação em jogos e tarefas ativas. Por outro lado, comprovar se uma intervenção focada na superação do sexismo nas escolas modifica a atividade ou inatividade dos meninos e das meninas e a distribuição desigual de espaços escolares, bem como os efeitos a longo prazo dessa intervenção. O estudo foi realizado com uma amostra de 112 discentes (49 meninas e 63 meninos). As áreas do pátio da escola foram reorganizadas para que uma atividade específica fosse realizada em cada espaço. Foram registradas variáveis ​​como o número de meninos e meninas ativos e inativos ou a ocupação das diferentes áreas do pátio da escola em 4 momentos diferentes (antes, durante, uma semana e dois meses após a intervenção). A análise descritiva e os testes do qui-quadrado realizados mostraram que, antes da intervenção, os meninos eram mais ativos que as meninas e dominavam a parte central do pátio escolar com predominância de esportes tipicamente masculinos. A maioria dessas diferenças, que desaparecem durante a intervenção devido ao aumento da atividade feminina, ainda não aparecem na medição a longo prazo, embora, neste caso, como resultado de uma diminuição da atividade em ambos os sexos (principalmente no sexo masculino).

    Unitermos: Atividade física. Pátio da escola. Gênero. Sexismo. Coeducação.

 

Lecturas: Educación Física y Deportes, Vol. 24, Núm. 259, Dic. (2019)


 

Introducción

 

    Las barreras que dificultan la participación físico-deportiva igualitaria entre hombres y mujeres continúan existiendo en la actualidad, con una menor participación femenina. Sin embargo, tanto la actividad física como el deporte se relacionan cada día más con aspectos fundamentales de la vida cotidiana, el bienestar, la salud y la ocupación del tiempo libre y ocio tanto de hombres como de mujeres. (Velázquez, 1999)

 

    Ahondando en la necesidad de actividad física en los adolescentes, se ha comprobado que el nivel de actividad no llega a aquel establecido y recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2012) como beneficioso para la salud. Este hecho se debe sobre todo a la ausencia de instalaciones y equipos, también a la falta de refuerzo docente y la falta de espacios adecuados a las necesidades del alumnado (Álvarez, Villalobos y Vargas, 2018). Esta circunstancia es especialmente preocupante en el caso de las niñas, debido a que su nivel de actividad en los recreos escolares está por debajo del nivel de los niños a partir de los 9 años, bien sea porque se dedican a realizar actividades diferentes (deportes en el caso de los niños y hablar o pasear en el caso de las niñas) (Escalante, Backx, Saavedra, García-Hermoso y Domínguez, 2011) o bien porque una maduración más temprana en el caso de las niñas las lleva al abandono deportivo prematuro (Villar, 2017). En esta misma línea, autores como Beighle, Norgan, Le Masurier y Pangrazi (2006), observan que el porcentaje de chicos activos en los recreos (78 %) es mayor que el porcentaje de chicas activas (63 %). Esta situación puede ser un reflejo de la sociedad y la relación que ésta establece entre deporte y género, ya que se observa que también el porcentaje de niñas que realizan actividad física en su vida diaria fuera de la escuela es muy inferior al de los niños (Escalante et al., 2011; Vilchez, Sánchez y Abril, 2011), pudiendo quedar incluso en la mitad en los niveles de 6º de primaria a 2º ESO (45% de chicos activos frente a 21% de chicas activas). (Vilchez et al., 2011)

 

    Desde una visión más global, la cantidad de actividad física total que realiza el alumnado es muy importante, y es aquí donde el tiempo de práctica en los centros educativos puede incidir de manera positiva. No solo la clase de Educación Física, sino también la actividad en los recreos pueden ser una buena opción para incrementar el nivel diario de actividad física de los escolares (Escalante et al., 2011), pudiendo suponer entre un 15,5% y 18 % (chicas y chicos respectivamente) del nivel de actividad física diaria total. (Ridgers, Salmon, Parrish, Satanley y Okely, 2012)

 

    Así pues, al echar un vistazo al patio escolar, autores como Blatchford, Baines y Pellegrini (2003), Molins-Pueyo (2011) y Arias (2014) establecen con porcentajes similares que alrededor del 60% de los chicos con edades de 10 a 14 años realizan diferentes tipos de juegos activos, mientras que en el caso de las chicas el porcentaje disminuye en un 20%, al ser más proclives a la participación en juegos pasivos y actividades de intensidad baja o moderada. Molins-Pueyo (2011), también constata que el fútbol ocupa la pista central y es el juego reglado o deporte practicado por un mayor número de jóvenes. Por otra parte, en las zonas periféricas del patio se realizan actividades tales como el escondite, pintar, leer cuentos o correr. En esta misma línea, Villar (2017) concluye que solo el 23% del alumnado de la ESO realiza actividades físicas (fundamentalmente fútbol y baloncesto), siendo el alumnado de género femenino el que abandona antes esta ocupación físicamente activa de los recreos.

 

    En el espacio del patio escolar se pueden observar diferentes zonas y/o pistas deportivas y supone un terreno donde chicos y chicas deben poder desplegar sus posibilidades de movimiento libremente. Es importante, por tanto, tener en cuenta la distribución, la ocupación y la utilización de este espacio para que ninguno de los géneros se vea perjudicado o excluido (Cantó y Ruiz, 2005). Tradicionalmente, los campos de fútbol son protagonistas en los patios escolares y las chicas quedan situadas en espacios reducidos y periféricos (Cantó y Ruiz, 2005). A este respecto, Valdivia (2017) y Molinés (2015) corroboran que la pista de fútbol ocupa entre un 70% y un 80% del espacio de los patios escolares y que el resto de actividades se ven desplazadas a espacios marginales. Además, Molinés (2015) y Castillo-Rodríguez, Picazo y Gil-Madrona (2018) constatan una desigual distribución espacial, alegando que la zona central del patio está ocupada por un porcentaje mayor de alumnado de género masculino, siendo las chicas protagonistas en las zonas periféricas del patio.

 

    Pese a que el género femenino ha iniciado un largo camino superando obstáculos para ganar presencia en actividades dominadas por el género masculino (Asins, 1994), todavía se pueden observar actitudes diferenciadas y sexistas en los patios escolares, donde el concepto de coeducación debería tener una mayor presencia (Molinés, 2015). El hecho de que los alumnos y alumnas elijan las actividades que realizan en función de sus gustos personales y que éstos estén influenciados por aspectos sociales, culturales y familiares puede influir en que se genere este desequilibrio.

 

    A este respecto, los alumnos de Educación Secundaria perciben algunas actividades o deportes como propios de un género u otro (Blández, Fernández y Sierra, 2007). Estos estereotipos de género quedan corroborados por Zipprich (2001), que sustenta que tanto en primaria como en secundaria, son los hechos tradicionales los que marcan los estereotipos de género. Así pues, deportes como el fútbol, el motociclismo, el rugby o el karate aparecen relacionados con el género masculino, en cambio el género femenino se ve vinculado a deportes como la danza, el aeróbic, el baile, el voleibol o la gimnasia rítmica. Al mismo tiempo, Riemer y Visio (2003) obtienen datos en los que algunas actividades se establecen como neutrales y no estereotipadas de ninguno de los dos géneros. Entre estas se pueden nombrar la natación, el pádel, el tenis o el baloncesto. La escuela es pues, una herramienta esencial y determinante para fomentar la igualdad entre géneros y solo podrá hacerlo a través de una forma de escolarización adecuada, es por este motivo que la intervención por parte del profesorado en aquellas actividades o espacios donde se observan posibles desigualdades o desequilibrios se vuelve esencial. (Molinés, 2015)

 

    En los últimos años se han realizado intervenciones donde se organizaban diversidad de actividades y los espacios del patio, con el objetivo de que fueran equitativos, atractivos y fomentaran la participación activa e inclusiva de todo el alumnado (García y Serrano, 2010; Navarro, 2012; Pallasá y Méndez-Giménez, 2016). Limitar el espacio para deportes competitivos y optimizar zonas y materiales posibilita la realización de una mayor diversidad de actividades e incrementa significativamente las actitudes físicamente activas (García y Serrano, 2010). El género femenino puede ser especialmente sensible a estas intervenciones y, por ejemplo, la intervención llevada a cabo por Castillo-Rodríguez et al. (2018) consiguió que prácticamente la totalidad de las niñas realizaran actividades activas cuando antes de la intervención cerca del 30 % de ellas tenían conductas sedentarias durante los recreos.

 

    Centrando el tema en el sexismo y la coeducación, Molinés (2015) comprueba que hay un reparto desigual de las zonas del patio y, mientras que las zonas centrales del patio están ocupadas fundamentalmente por chicos (cuadruplicando a las chicas), en las zonas periféricas la presencia femenina duplica a la masculina. Además, los chicos practican en mayor medida que las chicas actividades físicamente activas, con un porcentaje de chicas realizando actividades pasivas (32%) significativamente mayor que el de los chicos (13%).

 

    Teniendo en cuenta todos estos precedentes citados anteriormente, y con el objetivo de probar si una intervención destinada a la superación del sexismo modifica la participación y la ocupación desigual de género en los patios escolares, el presente trabajo se planteó los siguientes objetivos de investigación: conocer si el género del alumnado afecta al índice de participación en juegos y tareas activas a la hora del patio escolar, así como también si afecta a la ocupación de espacios. También conocer el tipo de actividades desarrolladas en los recreos. Por otro lado, comprobar si una intervención centrada en el sexismo en los patios escolares modifica la actividad o inactividad de los chicos y de las chicas y la distribución desigual de los espacios, así como los efectos a largo plazo de esta intervención.

 

Método

 

Participantes

 

    La intervención, realizada en un centro educativo de la provincia de Castellón, contó con 112 alumnos/as, 49 chicas y 63 chicos, de edades comprendidas entre los 10 y los 16 años (desde 5º primaria a 4º ESO). Se trata de un centro público de la comarca del Alt Maestrat que cuenta con 2.520 habitantes constituyendo el municipio más poblado de la comarca y cuyas características socioeconómicas están vinculadas a la industria textil que ha constituido su actividad principal.

 

Diseño de la investigación

 

    Este estudio se enmarca dentro de una metodología cuantitativa desde un paradigma positivista y analiza variables como el número de chicos y chicas que juegan en cada una de las zonas del patio (zonas centrales y periféricas), el número de niños y niñas que realizan juegos activos y juegos pasivos y el número de juegos “típicamente masculinos” y “típicamente femeninos” que se practican en el patio escolar y que su clasificación viene dada, según Zipprich (2001), en las opiniones del alumnado vinculadas a hechos tradicionales. En cuanto a las zonas centrales y periféricas del patio escolar, se ha considerado que la zona central es la pista polideportiva (equipada con un campo de futbol sala, sus correspondientes porterías y un campo de baloncesto y sus respectivas canastas) ya que ocupa una mayor superficie y se encuentra en medio del resto de las zonas. Las zonas periféricas son 3 zonas diferentes, que rodean la pista central y que tienen una superficie muy reducida.

 

Procedimiento

 

    Tras pedir permiso a la dirección del centro educativo, se realizó una observación sistemática por parte de una única observadora utilizando una hoja de observación (Molinés, 2015) en 4 momentos distintos de la investigación (antes, durante, una semana después y 2 meses después de una intervención destinada a la superación de los estereotipos sexistas), y utilizando los 10 minutos centrales del recreo. El recreo tenía una duración total de 30 minutos en horario común para todos los grupos de alumnado analizados.

 

    Tras una primera semana de observación y primer momento de recogida de datos, se inició la intervención destinada a la redistribución de las zonas de juego y de los deportes y actividades practicadas. Basándonos en el estudio que realizó Castillo-Rodríguez et al. (2018) la intervención que llevamos a cabo consistió en reubicar y acondicionar los diferentes espacios del patio con material y mobiliario que permita la realización de una mayor diversidad de actividades en las que el alumnado pueda participar (zona 1: ruedas y pista polideportiva; zona 2: bádminton; zona 3: juegos de mesa; y zona 4: música y baile; la zona 1 es lo que en el estudio se denominó zona central).

 

    Mientras se llevaba a cabo la intervención, se fue realizando una observación exactamente igual que la de la semana previa. Finalizada la intervención se realizó una tercera semana de observación. Como principal aportación de este estudio, y con la finalidad de ver si hay persistencia en el tiempo de los posibles efectos que se hayan originado, se realizó una última observación 2 meses después de finalizada la intervención.

 

Análisis

 

    Los datos se recogieron durante 5 días en cada uno de los 4 momentos de observación, por lo que en primer lugar se realizó un promedio semanal de las variables observadas. Posteriormente se realizó un análisis descriptivo (número de chicos y chicas activos/as y pasivos/as, ocupación de espacios en función del género y tipo de actividades). Finalmente, la prueba chi-cuadrado permitió comparar el número de chicos y chicas activos y activas o inactivos e inactivas y el número de chicos y chicas que ocupan la zona central o la zona periférica del patio escolar en cada momento de observación. Para todos los análisis se utilizó el programa estadístico SPSS y un nivel de significación de p<0,05.

 

Resultados

 

    En la observación previa a la intervención, se encontró una relación significativa entre el género y la actividad física en el patio escolar (χ2 1=10,13; p= 0,001). Tal y como se observa en la Tabla 1, hay un 85% de los chicos que se muestran activos en los recreos por tan solo un 57% de chicas activas. Durante la intervención realizada, estas diferencias desaparecieron (χ2 1=0,028; p= 0,867) con porcentajes de alumnado activo entre el 88,3% y el 89,4% para chicos y chicas respectivamente.

 

Tabla 1. Comparación del número de personas activas en el patio escolar en función del sexo

 

 

Sexo

 

Momento de la intervención

Actividad / Inactividad

Chico

Chica

p

Antes

Inactivo

9 (15,0%)

20 (42,6%)

p<0,05*

Activo

51 (85,0%)

27 (57,4%)

Durante

Inactivo

7 (11,7%)

5 (10,6%)

p>0,05

Activo

53 (88,3%)

42 (89,4%)

Una semana después

Inactivo

18 (30,0%)

13 (27,7%)

p>0,05

Activo

42 (70,0%)

34 (72,3%)

Dos meses después

Inactivo

19 (31,7%)

19 (40,4%)

p>0,05

Activo

41 (68,3%)

28 (59,6%)

* significa diferencia significativa p<0,05

 

    Por otra parte, tal y como se puede observar en el Gráfico 1, antes de la intervención y teniendo en cuenta todas las zonas del patio escolar, se pudo observar un claro predominio en el patio escolar de los juegos “típicamente masculinos” jugados tanto por chicos como por chicas, siendo el número de juegos “típicamente femeninos” claramente inferior.

 

Gráfico 1. Actividades “típicamente masculinas y femeninas”

 

    En cuanto a la ocupación de las zonas del patio escolar, en la observación previa a la intervención, se encontró una asociación significativa entre el género y la ocupación de las zonas (χ2 1=19,44; p= 0,000). En la Tabla 2 se puede ver que un 61,7% de los chicos ocupan la zona central del patio escolar, mientras que un 80,9% de las chicas ocupan las zonas periféricas. La intervención realizada provocó que desapareciera esta asociación género-ocupación de espacios en el patio (χ2 1=19,44; p= 0,077) (Tabla 2).

 

Tabla 2. Comparación en la ocupación de las zonas del patio escolar en función del sexo

 

 

Sexo

 

Momento de la intervención

Actividad / Inactividad

Chico

Chica

p

Antes

Central

37 (61,7%)

9 (19,1%)

p<0,05*

Periférica

23 (38,3%)

38 (80,9%)

Durante

Central

32 (53,3%)

17 (36,2%)

p>0,05

Periférica

28 (46,7%)

30 (63,8%)

Una semana Después

Central

31 (51,7%)

18 (38,3%)

p>0,05

Periférica

29 (48,3%)

29 (61,7%)

Dos meses después

Central

35 (58,3%)

11 (23,4%)

p<0,05*

Periférica

25 (41,7%)

36 (76,6%)

* significa diferencia significativa p<0,05

 

    Al realizar la observación una semana después de la intervención los resultados fueron los siguientes. Respecto a la actividad o inactividad de los alumnos/as en el patio escolar, siguen sin aparecer las diferencias significativas (χ2 1=0,8833; p= 0,347). La tabla 1 también deja ver que un 30,0% de los chicos se muestran inactivos en los recreos, y un 27,7% de las chicas se muestran inactivas. En la observación realizada 2 meses después encontramos un 31,7% de chicos inactivos por un 40,4% de chicas inactivas, una tendencia que ya se parecía intuir al ver los datos de la tercera medición donde ya se percibía que el número de chicas activas sería similar al de la observación inicial. Efectivamente ha desaparecido la asociación encontrada en la primera observación entre el género y realizar actividades pasivas o activas, pero esta circunstancia es debida a una disminución del número de chicos activos.

 

    Respecto a la segunda variable analizada, es decir, la ocupación de las zonas centrales y periféricas en función del género, una semana después de la intervención persisten los efectos de ésta y sigue sin encontrarse una asociación entre estas dos variables (χ2 1=1,90; p= 0,168). En la Tabla 2 se destaca que un 51,7% de los chicos ocupan la zona central del patio escolar, y en cuanto a las chicas el porcentaje es de un 38,3%. Dos meses después de la intervención, la observación demuestra que las diferencias que habían desaparecido con el proyecto de dinamización del patio escolar han vuelto a aparecer (χ2 1=13,12; p= 0,000). En la Tabla 2, los porcentajes que se muestran son de un 58,3% de chicos que ocupan la zona central frente a un 76,6% de chicas que ocupan las zonas periféricas. Por tanto, la intervención que en un primer momento consiguió un reparto más equitativo de los espacios del patio, no ha conseguido que este efecto se mantenga a largo plazo y se observa que 2 meses después de la intervención el reparto de espacios en función del género vuelve a ser tan desigual como en la observación inicial.

 

Discusión

 

    El primero de los objetivos del estudio se centró en conocer la relación entre el género del alumnado y su participación en actividades activas o pasivas en la hora del recreo. Los resultados antes de realizar la intervención muestran que la participación de los chicos (85% activos) en las actividades y juegos activos a la hora del recreo es mayor que la de las chicas (57,4% activas). Estas diferencias de actividad e inactividad en función del género, están en concordancia con autores como Vilchez et al. (2011) o con estudios como el de la OMS (2012) que encuentran que los chicos entre 11 y 15 años tienen una vida más activa (45%) que las chicas (21%). Estudios como el de Escalante et al. (2011) muestran que los chicos son más activos que las chicas en los patios escolares a partir de los 9 años de edad. En este mismo sentido, Ridgers et al. (2012) comprueban que los chicos contribuyen en mayor porcentaje que las chicas al aumento de la actividad física diaria a través de la actividad física que realizan en los patios escolares. En cuestiones de tiempo, son Beighle et al. (2006) los que establecen que los chicos están un 78% del tiempo activos, por solo un 63% en el caso de las chicas.

 

    Según Escalante et al. (2011), el hecho de que los chicos sean más activos que las chicas en los patios escolares se debe a la tipología de actividades que es totalmente diferente. Mientras que los chicos participan en deportes de equipo de carácter competitivo como es el fútbol, el baloncesto o el balonmano, las chicas prefieren caminar, hablar o saltar a la comba. Hay diversas razones que permiten explicar estos resultados como una maduración más temprana en las chicas que las hace abandonar antes que a los chicos la práctica deportiva (Villar, 2017), la participación en deportes y actividades de carácter competitivo por parte de los chicos (Escalante et al., 2011) o una educación diferenciada potenciada por el ámbito familiar y los medios de comunicación (Blández et al., 2007). Ante esta situación, Álvarez et al. (2018), Pallasá y Méndez-Giménez (2016) o Navarro (2012), proponen un mayor compromiso por parte de los docentes, mediante la creación de programas de dinamización de los patios escolares, organización de espacios, materiales, actividades e instalaciones, con el objetivo de favorecer la actividad tanto de las chicas como de los chicos.

 

    En este sentido, la intervención realizada en el presente estudio consistió en la distribución del patio escolar en zonas en las que se desempeñaba una actividad o juego determinado. Esta intervención provocó que desaparecieran las diferencias de manera que el número de alumnos/as activos ha pasado de ser de 78 antes de realizar la intervención a 95 durante el desarrollo de la misma. En cuanto a la participación del género femenino, se pasa de un 30% de chicas que realizaban actividad a un 66% durante la dinamización.

 

    Los resultados de estudios previos como los de García y Serrano (2010) y los de Castillo-Rodríguez et al. (2018), van en la misma línea que el presente estudio al encontrar que la dinamización del patio a través de zonas y materiales durante el periodo del recreo ha tenido una participación muy favorable aumentando la cantidad de alumnado activo.

 

    Tal como indican García y Serrano (2010), estos buenos resultados pueden venir dados por la participación e implicación tanto del profesorado como del alumnado que se convierte en protagonista de su propio aprendizaje. Otro de los motivos posibles de garantizar buenos resultados en intervenciones de estas características es, según Castillo-Rodríguez et al. (2018), la distribución de los espacios del patio escolar en zonas diferenciadas de manera que todo el alumnado, tanto los más mayores como los más pequeños, tengan la opción de practicar cualquier actividad. Esta distribución de zonas del patio escolar está relacionada con el hecho de ofrecer una mayor tipología de actividades dirigidas tanto a chicos como a chicas, que incluyen también los gustos femeninos y que por tanto es otro de los motivos por los que aumenta la participación de las chicas en las actividades activas disminuyendo el sedentarismo de éstas y potenciando la actividad. (Castillo-Rodríguez et al., 2018)

 

    El hecho que las chicas necesiten otro tipo de juegos para ser más activas hace ver que las actividades, juegos y deportes practicados se asocian muchas veces a uno de los géneros. Es por este motivo que otro de los objetivos del estudio era comprobar si había en los patios escolares un predominio de actividades o juegos “típicamente masculinos” sobre los “típicamente femeninos”. Los resultados del estudio están en consonancia con los de Rodríguez y García (2009) y constatan que la gran mayoría de los juegos o actividades que se realizan en el patio durante los recreos son actividades tradicionalmente catalogadas como “típicamente masculinas” jugadas tanto por chicos como por chicas, quedando las actividades “típicamente femeninas” en una práctica residual. Estos mismos autores también explican que los juegos de los chicos son práctica mayoritaria por cuestiones de espacios y materiales, juegos que incluyen balones, golpes entre jugadores y una elevada competitividad, mientras que en el caso de las chicas se trata de actividades minoritarias jugadas en espacios limitados, de tipo rítmico y con un nivel más complejo de organización.

 

    Debido a que en los patios escolares el alumnado tiene la libertad de realizar las actividades que más le gusta, éstas vendrán determinadas por los gustos y preferencias de los niños y niñas, y a la vez por la percepción o visión que éstos tienen de las mismas. A este respecto, el alumnado de Educación Secundaria percibe algunas actividades o deportes como propios del género (Blández et al., 2007). En base a esto, Zipprich (2001) afirma que deportes como el fútbol, el rugby o el karate se relacionan con el género masculino, todas actividades caracterizadas por la fuerza, la resistencia y la agresividad además de su carácter activo. En cambio, el género femenino está vinculado a la danza, el aeróbic, el voleibol o el baile que son actividades que conllevan coordinación, flexibilidad y ritmo, además de tener un carácter más tranquilo. En cuestiones de participación, también son más practicadas las actividades vinculadas a los chicos porque las instalaciones de los patios escolares así lo determinan. Riemer y Visio (2003) dan una posible solución a este hecho estableciendo que hay actividades que gracias a la evolución en la percepción se establecen como neutrales y no estereotipadas hacia ninguno de los dos géneros. Entre éstas se pueden nombrar la natación, el pádel, el tenis o el baloncesto.

 

    La realización en los patios escolares de actividades asociadas a alguno de los dos géneros también influye en la localización de los alumnos y las alumnas en un lugar determinado del espacio del que disponen los patios. En este sentido, el estudio trató de analizar la ocupación de espacios desde una perspectiva de género y los resultados muestran que, antes de la intervención, la zona central del patio está ocupada preferentemente por chicos (80,4%) y las zonas periféricas están ocupadas preferentemente por chicas (62,3%). En esta misma línea, encontramos autores como Castillo-Rodríguez et al. (2018), Cantó y Ruiz (2005) y Molinés (2015) que concluyen diciendo que los niños ocupan las zonas amplias y centrales del espacio y las chicas las esquinas y zonas marginales del patio. Entre otras explicaciones a esta situación, podemos encontrar el hecho que las construcciones escolares no se adaptan a las necesidades actuales de una sociedad coeducativa (Escolano, 2000), con una distribución de pistas polideportivas que ocupan entre el 70%-80% del espacio disponible y que son más adecuadas para la práctica de deportes “típicamente masculinos”. (Molinés, 2015; Valdivia, 2017)

 

    Basándonos en autores como Castillo-Rodríguez et al. (2018) que opinan que una redistribución de espacios puede contribuir a dar opciones de práctica más diversificadas, nuestra intervención consiguió que desaparecieran las diferencias de ocupación de espacios en función del género. Inicialmente el 61,7% de los chicos eran los que jugaban en la zona central frente a un 19,1% de chicas. Sin embargo, durante la intervención el número de chicos baja hasta el 53,3% y el de chicas sube hasta el 36,2%. Por tanto, se confirma que la intervención disminuye el reparto desigual de las diferentes zonas del patio en función del género.

 

    Comparando con los datos obtenidos en otras investigaciones, García y Serrano (2010) y Castillo-Rodríguez et al. (2018) hacen la valoración de sus resultados apuntando que el fútbol pasa de estar ocupando toda la pista polideportiva a delimitarse tan solo a un cuarto de ésta, permitiendo así dar cabida a una mayor diversidad de actividades y el acceso a éstas por parte de todo el alumnado. El género femenino después de la dinamización, incrementa su índice de participación en las diferentes actividades físico-deportivas y su presencia en zonas centrales del patio. García y Serrano (2010) han considerado esencial para obtener buenos resultados la participación e implicación del profesorado y del alumnado, que tiene que ser el protagonista de su propio aprendizaje.

 

    Al analizar la posible persistencia de los efectos de la intervención a largo plazo, los resultados obtenidos 2 meses después de finalizada la intervención muestran que la relación entre el género y la actividad o inactividad en la hora del patio, que se encontró en la observación previa y que desapareció durante y tras la intervención sigue sin aparecer. Desafortunadamente, esta desaparición de las diferencias de actividad entre chicos y chicas se debe a que los chicos han parado de realizar actividad física y no porque se haya incrementado el número de chicas activas. Se ha pasado de 9 chicos inactivos a 19, y de 20 chicas inactivas a 19 después de la intervención. Los resultados observados a largo plazo no han cumplido con el objetivo fundamental que era hacer los patios más activos. Esto puede ser debido a que se necesitan intervenciones más largas o cambios sociales más profundos. Por tanto, se podría decir que la intervención ha provocado un cambio negativo, ya que ha disminuido el número de chicos activos. Esto podría deberse al tipo de actividades que se han planteado en el patio escolar y que no eran suficientemente motivantes para los chicos. Quizá en futuras intervenciones deberían partir de un análisis exhaustivo de las necesidades, gustos y preferencias del alumnado.

 

    Respecto al género y la ocupación de las zonas centrales y periféricas, a los 2 meses de finalizar la intervención se observó que, las diferencias entre chicos y chicas en la ocupación de espacios que había desaparecido durante la intervención, han vuelto a aparecer y los chicos (58,3%) vuelven a ocupar las zonas centrales del patio en mayor medida que las chicas (23,4%).

 

    Con estos resultados, se puede afirmar que los efectos encontrados como consecuencia de la intervención no se mantienen en el tiempo en ninguno de los casos, ya que en lo que hace referencia al género y la actividad o inactividad de los chicos y las chicas en los patios escolares, aun habiendo desaparecido las diferencias, no ha sido como consecuencia de un aumento en la actividad del alumnado; y en lo referente al género y la ocupación de las zonas centrales y periféricas del patio escolar, se ha podido ver que el alumnado ha vuelto a la situación inicial donde es significativo el predominio de los chicos en la zona central del patio.

 

    La falta de estudios previos que tengan como objetivo ver el efecto de las intervenciones a largo plazo no nos permite comparar resultados, pero por los extraídos en el presente estudio se puede determinar que la falta de supervisión por parte del profesorado deja al alumnado en total libertad para disfrutar como más le guste del tiempo de recreo derivando en que los chicos y chicas sigan optando por los deportes y juegos de siempre, un hecho que sigue determinando la mayor inactividad de las chicas.

 

    La posible solución va mucho más allá de cambios en la distribución de zonas, material o instalaciones deportivas, se trata de una cuestión de pensamiento social donde, aunque se haya avanzado, perduran actitudes y estereotipos sexistas aferrados a la sociedad que no desaparecen de un día a otro, sino que suponen un proceso largo y complicado que empezó hace años y al que todavía le queda camino por recorrer. (Pérez y Gargalló, 2008)

 

Conclusiones

 

    Los resultados del estudio permiten concluir que los chicos participan más activamente en los patios escolares que las chicas. En los patios predominan las actividades atribuidas socialmente al género masculino y, mientras que ellos optan por el movimiento y ocupan mayoritariamente las zonas centrales del patio, ellas realizan actividades de carácter más pasivo y ocupan preferentemente las zonas periféricas.

 

    Una intervención de una semana de duración basada en la redistribución de espacios y diversificación de actividades consiguió eliminar el efecto del género sobre el nivel de actividad física y ocupación desigual de los espacios debido al incremento en el número de chicas que realizan juegos activos y que además pasan a ocupar las zonas centrales del patio.

 

    Por otra parte, se observó que los efectos de la intervención realizada sobre la ocupación desigual de los espacios en función del género desaparecen 2 meses después de finalizada la misma, debido a que los chicos y las chicas tienden a ocupar los espacios y a realizar las actividades que frecuentaban y realizaban inicialmente. En cuanto al nivel de actividad física de los chicos y de las chicas, 2 meses después de la intervención continúan sin aparecer las diferencias encontradas inicialmente y que desaparecieron con la intervención. Desafortunadamente, se observa que las diferencias siguen sin existir 2 meses después de la intervención, pero no debido al incremento en el número de chicas activas, sino a la disminución en el número de chicos activos con respecto a la medición inicial.

 

    En futuros estudios sería interesante incidir en el hecho de plantear una intervención que, además de potenciar el aumento de la actividad física en los patios escolares, se centre en la posibilidad que sus efectos perduren en el tiempo. Aspectos como: una mayor colaboración por parte de los maestros/as, intervenciones más prolongadas, una toma de conciencia del alumnado en cuanto al sexismo ya desde los primeros cursos y una intervención basada en las peticiones y preferencias de todo el alumnado después de haber realizado un análisis previo de lo que ellos y ellas quieren, podrían ser claves a la hora de conseguir este objetivo.

 

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