Cita
sugerida: Checa Corcoy, E.,
Espasa Borrás, E., y Martín Horcajo, M. (2022). Simone Biles entre el
empoderamiento y la docilidad: interpretaciones desde tres teorías
feministas. Lecturas: Educación Física y Deportes, 27(291), 2-14. https://doi.org/10.46642/efd.v27i291.3355
Resumen
En el presente artículo se recogen varias gestas y vivencias de la gimnasta
estadounidense Simone Biles con el objetivo de interpretar su trayectoria
deportiva desde los marcos interpretativos de tres teorías feministas:
liberales, críticas y postestructuralistas. Para eso se analizan los
discursos de medios de comunicación escritos españoles desde los Juegos
Olímpicos de Río de Janeiro 2016 y Tokio 2020. La trayectoria de Biles
como gimnasta muestra una relación entre el proceso de empoderamiento de
una deportista y la docilidad condicionada por las leyes del patriarcado.
Palabras clave: Deporte. Teorías
feministas. Género. Medios de comunicación. Gimnasia artística femenina.
Abstract
In this article several of the deeds and experiences of the American gymnast
Simone Biles are presented, with the aim of interpreting her sporting career
from the interpretive frameworks of three feminist theories: liberal,
critical and poststructuralist. For this purpose, the discourses from the
Spanish written media since the Olympic Games in Rio de Janeiro 2016 and
Tokyo 2020 are analyzed. Biles's career as a gymnast shows a relationship
between the empowerment process of an athlete and the docility conditioned
by the laws of patriarchy.
Keywords: Sport. Feminist theories.
Gender. Mass media. Women’s artistic gymnastics.
Resumo
Neste artigo, são coletados diversos feitos e experiências da ginasta
americana Simone Biles com o objetivo de interpretar sua trajetória
esportiva a partir dos marcos interpretativos de três teorias feministas:
liberal, crítica e pós-estruturalista. Para isso, são analisados
os discursos da mídia escrita espanhola desde os Jogos
Olímpicos do Rio de Janeiro 2016 e Tóquio 2020. A trajetória de Biles
como ginasta mostra uma relação entre o processo de empoderamento de um
atleta e a docilidade condicionada pelas leis do patriarcado.
La gimnasta estadounidense Simone Biles ya se ha hecho un nombre en el mundo
deportivo olímpico y se hace casi imposible hablar de gimnasia artística
femenina (GAF) y no mencionarla. Biles no solo compite en gimnasia, sino que
también lo hace con la misma gimnasia y sus agentes, sus instituciones, sus
normativas internacionales y los medios de comunicación. Por eso su trayectoria
no solo se entiende contemplando el espectáculo gimnástico y deportivo que
genera en la pista de competición, sino también fijándose en sus acciones y
sus respectivas repercusiones fuera del tapiz y en el ámbito mediático.
Desde un punto de vista teórico y feminista, la historia deportiva de Simone
Biles conlleva componentes comunes en el mundo de las mujeres deportistas, como
la docilidad, proceso que subyuga los cuerpos femeninos a una ideología
masculina del deporte, y el empoderamiento, proceso que reconoce que las mujeres
tienen poder para subvertir las situaciones de subyugación en el deporte (Eskes
et al., 1998). En tan solo dos Juegos Olímpicos (JJOO) y un ciclo olímpico,
Biles pasa de proclamarse campeona olímpica en Río de Janeiro 2016,
convirtiéndose en la primera mujer afroamericana en ganar el oro en el concurso
general de GAF, a tener que abandonar la competición en medio de las finales
por equipos en Tokio 2020. Durante este período, los agentes implicados en la
valoración de la GAF y los medios de comunicación han escrito la historia de
la gimnasta siendo cómplices de todo un sistema patriarcal que tiende a
desvalorizar las gestas que logra la gimnasta y a “empoderarla” a través de
reconocer la importancia de sus logros gimnásticos solo cuando abandona.
En el presente artículo se recogen varias de las gestas y vivencias más
comentadas en los medios de comunicación de la gimnasta Simone Biles, con el
objetivo de interpretar su trayectoria deportiva desde los marcos
interpretativos de tres teorías feministas: liberales, críticas y
postestructuralistas, viendo también como las teorías que tratan mujeres y
deporte muestran una continua evolución en la interpretación del escenario
deportivo y las relaciones de género que se establecen en él. Para eso se
analizan los discursos de, principalmente, tres de los diarios escritos más
leídos en España (dos deportivos y uno generalista), Marca, AS y El
País1, que tratan sobre algunos de los episodios de la vida deportiva de
Biles transcurridos entre los JJOO de Río de Janeiro 2016 y los JJOO de Tokio
2020.
A continuación, se analiza cómo la trayectoria de Biles como gimnasta muestra
una relación entre el proceso de empoderamiento de una deportista y la
docilidad condicionada por las leyes del patriarcado.
El
ascenso espectacular en la GAF de Simone Biles en competiciones internacionales:
interpretación desde las teorías feministas liberales
La gimnasta Simone Biles, con tan solo 22 años, propone tejer su historia
mediática en unos Juego Olímpicos (JJOO), los de Río de Janeiro 2016, con un
ascenso de dificultad en los ejercicios de gimnasia artística femenina (GAF),
que en este apartado se interpretará desde la teoría feminista liberal.
En los JJOO de Río de Janeiro, Biles consiguió proclamarse campeona olímpica
en cuatro de los seis podios femeninos posibles: oro en el concurso general, oro
en los aparatos de suelo y salto, bronce en barra y también el oro por equipos
con Estados Unidos (Olympics, 2021). La gimnasta consigue estos resultados en
gran parte por la espectacularidad de sus acrobacias debida a una potencia
inusual vista hasta la fecha en un cuerpo gimnástico femenino. Son
características corporales que distan de los estándares tradicionales de la
gimnasia a la que la audiencia está acostumbrada: niñas con cuerpos pequeños
y delgados que encajan perfectamente con la imagen tradicional de la mujer
débil y frágil, alejada de las características asociadas a los hombres. En
este contexto, resulta interesante resumir las aportaciones del feminismo
liberal en el deporte, que ha destacado por reivindicar la entrada de las
mujeres en los espacios reservados solo para hombres como el deporte.
Las
teorías feministas liberales surgen en los años 1960 por la denuncia
insistente de la situación desigual, marginal y discriminatoria que sufren las
mujeres en el deporte por cuestiones de sexo como atributo de naturaleza
biológica (Lessa, y Oshita, 2007). La gimnasia en sus inicios reproduce los
estereotipos femeninos imperantes: cuerpos que realzan la feminidad de las
gimnastas en su presencia y presentación con movimientos elegantes y suaves
(Barker-Ruchti, 2011). Pero a medida que la gimnasia avanza y las competiciones
se vuelven más intensas, las mujeres superan límites antes insuperables con
cuerpos que arriesgan y ya no se ven frágiles, sino entrenados y musculados
(Kerr et al., 2020). Y aquí entra Biles, con una gimnasia explosiva que rompe
con la tradición anterior.
Este hecho empodera a Biles como gimnasta y deportista mediática, la cual está
más presente en la cobertura de los medios de comunicación. Pero incluso
haciendo historia en Río de Janeiro 2016, los medios continuamente utilizan
discursos que encubren la potencialidad de Biles y sus logros, comparándola
constantemente con otros deportistas hombres, incluso de distintos deportes,
reproduciendo la jerarquización inferiorizada de las deportistas y dejando
claro que, aunque sea la mejor gimnasta del mundo, no es un hombre y sus gestas
no superan las de ellos. Frente a estos discursos, ella tiene el empoderamiento
de desafiar a los medios y corregirles en su propia descripción: “No soy la
próxima Usain Bolt o Michel Phelps, soy la primera Simone Biles”. (Marca,
2016, agosto 21)
Biles reivindica que su nombre debe tener la suficiente fuerza como para
sostenerse por sí mismo, gracias a todos sus logros alcanzados. Sin embargo, el
obstáculo al reconocimiento público de la deportista mujer no se ha superado;
las comparaciones siguen surgiendo. En los JJOO de Tokio 2020 se continúa
poniendo a Biles en la sombra de los hombres deportistas: “en una edición
huérfana de ídolos como Phelps o Bolt, la joven es la que tiene un aura más
parecida a ellos”2 (Rivera, 2021, julio 27). Esto contribuye a que el
imaginario colectivo no atribuya que las mujeres puedan ganar a los hombres.
(Duncan, y Messner, 1998)
Vemos entonces una categorización totalmente dicotómica entre sexos, de modo
que ser mujer y femenina no solo es contrario, sino inferior a ser hombre y
masculino: eso provoca clasificar todo desde un binarismo estático, el cual
indica que la identidad femenina depende siempre de su opuesto (Lessa, y Oshita,
2007). Estos techos impuestos a las mujeres son una de las reivindicaciones de
los feminismos liberales en el deporte para la igualdad de género, para la
igualdad de oportunidades y de acceso tanto al mundo deportivo como en el
reconocimiento del éxito en su práctica. Porque tener igualdad de acceso al
deporte no significa automáticamente igualdad de reconocimiento y valoración
de los éxitos. Si seguimos el caso de Biles, a ella no se le niega el acceso,
pero al no reconocerse públicamente sus logros, se la convierte en atleta de
segunda; simplemente por ser mujer sus gestas no gozan del impacto que gozarían
si fuera un deportista hombre.
Hacia los años setenta, las teorías feministas empiezan a desafiar la “naturaleza”
de las capacidades deportivas según el sexo binario hombre-mujer, a la vez que
se deslegitima la exclusividad de la voz masculina en el mundo del deporte
(Heywood, y Dworkin, 2003). Se reemplaza el concepto de sexo por el de género,
que se considera una variable social construida culturalmente. Gayle Rubin
(1975) explica el sistema sexo/género a partir de definir el sexo como la
condición biológica de la persona y el género como un producto de las
necesidades humanas que crean expectativas y roles asociados al sexo biológico.
En este punto surgen las teorías feministas críticas, basando sus denuncias en
el deporte a partir de las relaciones de poder entre géneros.
Los
récords gimnásticos de Biles a debate: interpretación desde las teorías
feministas críticas
En este apartado se analizan los récords gimnásticos de Biles desde la
perspectiva crítica feminista que surge a finales de los años 1970 y
principios de los 1980 (Birrell, 2000), interpretando los titulares de
empoderamiento y de docilidad que los medios de comunicación publican
simultáneamente.
Después de los JJOO de Río de Janeiro 2016, Biles sigue entrenando
intensamente evolucionando en los movimientos y superando acrobacias y giros en
el aire, hecho que prueba que la dificultad y la espectacularidad en sus
ejercicios ha ido incrementando tanto en el gimnasio como en competiciones. Esto
significa que Biles rompe con las demandas mediáticas del cuerpo ideal de
gimnasta, pues es una gimnasta afroamericana, con musculatura muy desarrollada y
mucha potencia. (Scraton, 2018)
En el año 2019 Biles presenta en el Campeonato del Mundo dos ejercicios nuevos
en el Código de Puntuación (COP)3 de la Federación Internacional de
Gimnasia (FIG): triple pirueta doble mortal atrás en el aparato de suelo y
doble mortal atrás con dos giros de salida en el aparato de barra, dos
ejercicios que nadie había logrado en competición. La FIG aceptó la nueva
acrobacia, pero con un valor de 0,8 puntos (H), valor por debajo del que la
gimnasta y su equipo técnico habían propuesto: 1 punto (J) adicional a la nota
de dificultad. En este momento, Biles sigue alzando la voz, demostrando su
disconformidad con la decisión de la FIG, retuiteando en Twitter la
publicación del nuevo ejercicio que lleva su nombre, pero aceptado por debajo
del valor que ella considera. Esta es la forma de mostrar irónicamente su pleno
desacuerdo con el valor H que le otorgan: “hahahaHAHAHAHAHhahaHahaAhahahaAhahahHAHAahaaaaaaaHa
bullshit” (Simone_biles, 2019, octubre 1).
Imagen
1. Biles demostrando su disconformidad
con la decisión de la FIG en Twitter
La controversia en la gimnasia está servida. El COP de la FIG se autodefine
como un sistema normativo abierto, ya que cada gimnasta puede presentar
distintos ejercicios entrelazados en que cada uno tiene distintos valores. Sin
embargo, cuando estos ejercicios exceden lo que tradicionalmente se ha
presentado en gimnasia, como es el caso de los ejercicios de Biles, se cuestiona
si lo que hace la gimnasta es “gimnasia o circo” (Iríbar, 2016, agosto 12).
Aunque las críticas desmerecedoras sean constantes, Biles sigue avanzando y
logrando elementos gimnásticos que hasta entonces ninguna mujer había logrado
y asumiendo que algunos ejercicios seguramente valen más de lo que se le
reconoce. Con estas actuaciones empuja a la gimnasia femenina a descubrir nuevos
escenarios que antes parecían solo transitables para hombres. Tal como lo
describe el diario AS: “Biles no es elegante, pero pisa terrenos
prohibidos. Puede hacer cosas que los hombres no consiguen” (Mínguez, 2016,
agosto 10).
Dos años más tarde, en febrero de 2021, presenta un nuevo elemento, el yurchenko
doble carpado en el aparato de salto, que reabre el debate. Pero, como
anteriormente, no solo la FIG y el Comité Técnico Internacional le devaluó el
ejercicio a una puntuación muy poco equilibrada a la dificultad que comporta
hacer esta acrobacia, alegando demasiado riesgo y desalentando a otras gimnastas
a practicarlo, sino que por parte de los medios de comunicación también
recibió titulares desmerecedores, como el siguiente: “La nueva ‘machada’
de Simone Biles, un salto solo para hombres” (Romano, 2021, febrero 15). Este
mismo salto lo realizó anteriormente el gimnasta Yang Wei, de gimnasia
artística masculina en Sídney 2000 (Mínguez, 2021, febrero 27) y nunca había
sido criticado como demasiado peligroso. En el caso de Biles los medios de
comunicación definen el ejercicio como “la última barbaridad” (AS,
2021, febrero 16), “la última locura” (Mínguez, 2021, febrero 27) o “muy
peligroso” (Romano, 2021, febrero 15). Así, el resultado de realizar nuevos
ejercicios es que el jurado le da un valor bajo intencionadamente porque “si
le das mucho valor, Biles se sale. Nadie puede hacerlo, y es tan arriesgado y
peligroso que muchas gimnastas intentarían hacerlo” (Arribas, 2021, julio
23). La condescendencia hacia lo femenino en forma de protección se manifiesta
con todas las letras, y la pregunta es ¿por qué los medios no manifiestan que
el yurchenko doble carpado en el aparato de salto es también peligroso
para los gimnastas hombres?
Como apuntan las teorías feministas críticas, a Biles se le trivializan
constantemente los éxitos (Markula, 2009). Tras admitir que son proezas
imposibles, se menosprecia el trabajo duro y el riesgo con los que los consigue,
un mecanismo patriarcal de seguir poniendo obstáculos a las deportistas: “Biles
ejecutó dos de los saltos de mayor dificultad con esa pasmosa facilidad de los
inmortales” (Mínguez, 2016, agosto 15). Finalmente, a pesar de las
increíbles destrezas y esfuerzo de Biles, cede a los límites que le imponen y
en competición oficial no presenta el último elemento devaluado, así que de
algún modo renuncia a sus posibilidades.
La nueva tendencia de la gimnasia acrobática se penaliza también socialmente
con declaraciones que subrayan el déficit artístico como: “La gimnasia es
también arte, y aunque las estadounidenses saben envolver muy bien la
eminentemente física que realizan, por sus características, Simone carece de
ese ‘ángel’ que define a las más grandes” (Romano, 2016, agosto 17).
Pero este hecho no solo se señala y se critica desde los medios de
comunicación, sino que los propios agentes participantes de la gimnasia
olímpica y las mismas gimnastas producen y reproducen las ideologías
masculinas. Lo hacen con declaraciones que desvalorizan la evolución hacia
ejercicios con límites difusos de las descripciones tradicionales de feminidad,
como declara una gimnasta olímpica española durante los JJOO de Río de
Janeiro: “la gimnasia era más bonita. Ahora la dificultad marca mucho. Es lo
que pasa con las estadounidenses. Es espectacular, pero se pierde el encanto de
la competición” (Iríbar, 2016, agosto 4).
Es en Tokio 2020 cuando Biles muestra su cansancio y agotamiento ante todas las
opresiones patriarcales y posiblemente racistas que se le imponen, declarando:
“Es difícil ser atleta y mujer porque todo el mundo reza por tu caída”
(Labarga, 2021, agosto 4). Si se interpreta este fenómeno de la gimnasta desde
las teorías feministas críticas, se entiende el ámbito deportivo como un
espacio donde las mujeres también están subordinadas al orden patriarcal
opresor, en el que las jerarquías de género estructuran la sociedad, su
comportamiento y sus creencias (Hall, 1996; Hargreaves, 1994; Birrell, 2000). En
el momento que se percibe que los comportamientos de las deportistas pueden
desestabilizar este sistema patriarcal, desafiando sus leyes, es cuando el
control y los límites hacia las deportistas son más fuertes, obligándolas a
seguir siendo dóciles: evitando el riesgo excesivo, evitando demasiada
espectacularidad, y aquí es donde entran en juego las teorías feministas
postestructuralistas, que se presentan a continuación.
La
docilidad condicionada de Biles: interpretación desde las teorías feministas
postestructuralistas
En este último apartado se exponen los hechos más recientes de la trayectoria
de Simone Biles que ocurrieron durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. La
gimnasta, después de un proceso constante de imposición de límites, que la
privan de la posibilidad de innovación e incremento de dificultad en sus
elementos gimnásticos por agentes institucionales de la gimnasia, termina
autovigilando sus acrobacias y los ejercicios presentados en competición. Tanto
es así que Biles abandonó la competición el segundo día durante la final por
equipos, el 27 de julio de 2021, lo cual se interpreta desde las teorías
feministas postestructuralistas que aparecen en los años 1980 (Markula, y
Pringle, 2006). Estas teorías permiten ir más allá de la lectura del poder y
del control como un mecanismo represivo que se ejerce a través de
prohibiciones, limitaciones o castigos físicos, y entienden el poder como la
normalización de distintas técnicas invisibles y cotidianas que manipulan los
cuerpos y los homogeneizan para conseguir estándares. (Barker-Ruchti, 2011)
Biles tenía la capacidad de desafiar las leyes de la gravedad y del patriarcado
en la gimnasia, y es la misma gimnasia quien la conforma y la somete a volver a
acallar. Porque no es solo la FIG quién está influenciada por valores
patriarcales a la hora de valorar sus actuaciones, sino que, como señalan
estudios como el de Weber, y Barker-Ruchti (2012), también se demuestra en el
jurado, los fotógrafos o periodistas. Son los mismos medios de comunicación
los que crean sensacionalismo o dramatización encubriendo los posibles
atributos de rendimiento que superan las transgresiones de género.
Según la teoría de performatividad de Butler (1990), el cuerpo es un campo de
relaciones. No tenemos acceso directo al cuerpo, sino a los discursos
generizados sobre el cuerpo. Así, el ejemplo de Biles mostraría que una atleta
puede experimentar conflicto de género porque el cuerpo que crea como
deportista no coincide con las expectativas y estereotipos de género en los que
nació. Biles, entonces, abre la posibilidad de que una atleta esté capacitada
para aumentar el riesgo físico de las acrobacias, para así ofrecer ejercicios
más espectaculares y llevar a la gimnasia internacional a un terreno
desconocido, con su “tremenda potencia muscular”. (Romano, 2016, agosto 17)
Las confrontaciones de género no son las únicas asociadas a Biles. También
recibe discriminaciones de raza, hecho que provoca que los medios de
comunicación alejen aún más a las gimnastas negras del ideal de gimnasia
asociado a la blanquitud (Asiegbu, 2021). Moya Bailey (2014, 2018) creó el
término misogynoir para denominar la combinación de misoginia y racismo
hacia las mujeres negras, en especial en la esfera pública, que tanto las
invisibiliza como la hipervisibiliza en negativo. Estos casos de discriminación
por género y raza se reflejan en descripciones como: “una bomba de fibras
blancas de tipo lib [...] encerradas en un cuerpo negro de 1'46 metros y 47
kilos”. (Mínguez, 2016, agosto 10)
Está claro que Biles muestra cómo romper con todos los supuestos en las
actuaciones normalizadas de las gimnastas, rompe con la autovigilancia, desde la
cual las mujeres suelen esconder su fortaleza. En sus propias palabras: “no
habría ganado todas estas medallas si no fuese por mi cuerpo. Hay diferentes
tipos de belleza, se puede ser bonita teniendo musculatura” (BBC Mundo,
2017). Pero algunos diarios no la consideran humana y la definen como “extraterrestre”
(Iríbar, 2016, agosto 12), pues destacan que es una gimnasta que ha venido a
asombrar al mundo con mortales perfectos, pero se sirven de adjetivos
descalificadores o no terrenales, que normalmente se asocian a deportistas
negras (Asiegbu, 2021). Biles transgrede los límites del género y la raza en
gimnasia y el precio a pagar es abandonar. Aquí es donde se muestran las
constantes contradicciones sociales y culturales relacionadas con las mujeres y
la feminidad, de las cuales surgen las teorías feministas postestructuralistas,
que pasan a entender el poder como algo relacional y cambiante, el cual es
ejercido a través del lenguaje y su operatividad a través de los discursos y
de los cuerpos. (Thorpe, 2008)
Las investigaciones que prestan atención al poder de los discursos y la
docilidad de los cuerpos se inspiran en el trabajo de Michel Foucault (1975). Su
aportación y enfoque en los discursos como articuladores de la realidad, han
sido un punto de partida en las nuevas teorías feministas para estudiar cómo
los regímenes discursivos construyen género en los sujetos, los cuales se
materializan a través de los cuerpos. Cuerpos que desde la teoría foucaultiana
se consideran un lugar de disciplina y de prácticas normalizadoras (Markula,
2018). En el caso de las gimnastas, los cuerpos son producidos por todos los
agentes deportivos (FIG, equipo técnico, audiencia, medios de comunicación,
etc.) que marcan los ideales corporales y gimnásticos de cada época, así como
también las relaciones de poder desiguales entre ellos (Kerr et al., 2020).
Estos agentes convierten a las deportistas en cuerpos dóciles, obedientes y
productivos, a la vez que provocan que internalicen los mecanismos de control a
través de la disciplina del cuerpo, la regulación de su propia existencia para
conseguir la máxima nota, el récord, etc. (Rail, y Harvey, 1995)
A lo largo de su trayectoria, Biles pasa por distintas etapas: del
empoderamiento e indocilidad a la vuelta a la docilidad. Esta idea se ve
reflejada en las palabras del periodista Carlos Arribas, el cual se cita
ampliamente para mostrar los discursos presentes:
“Simone Biles se ha empeñado, y hasta creyó conseguirlo, en ser lo que el
mundo pensaba que era, una mujer perfecta, capaz de asumir sin pestañear el
liderazgo en la lucha contra cualquier causa, contra toda injusticia, contra
los abusos sexuales, contra la discriminación racial, para conseguir que
todas las mujeres, que todas las gimnastas, perdieran el miedo a hablar, que
todas libraran la lengua, que denunciaran sin miedo. Y logró que el mundo
cambiara como había logrado con su fuerza, su potencia, que también la
gimnasia femenina dejara ser gimnasia de niñas anoréxicas para convertirse
en el deporte en el que mejor se expresara la mujer, fuerte, potente, sin
miedo.” (El País, Carlos Arribas, 27 de julio de 2021)
La idea “hasta creyó conseguirlo”, connota que los medios de comunicación
muestran a Biles empoderada, pero a la vez que afirman que realmente ha perdido
el poder. Así, El País titula “Simone Biles, bronce en barra, oro en
coraje” (Arribas, 2021, agosto 3). Un coraje condicionado por la suma de
experiencias, presiones, críticas y desvalorización, algunas comentadas en el
artículo, que la hacen abandonar, ceder y apartarse de la posible
transformación del estilo dominante de la gimnasia. De este modo, los medios de
comunicación son cómplices de las leyes patriarcales, y presentan un
empoderamiento de manera superficial, pareciendo que todo pasa por cuidar la
salud mental de la gimnasta: “Debemos proteger nuestro cuerpo y nuestras
mentes y no solo hacer lo que el mundo espera que hagamos” (Rivera, 2021,
julio 27), o El País “La mejor gimnasta del mundo para de competir por
un ataque de ansiedad y denuncia la gran presión de las estrellas del deporte”.
(Arribas, 2021, julio 23)
Es así como los medios han sido los responsables de construir discursos
dominantes que destacan el simbolismo y el coraje de Biles de modo superficial,
para que no se indague en toda la complejidad de restricciones que ha tenido la
gimnasta y poder cortarle las alas antes de mostrar al mundo toda su potencia
real.
Conclusiones
Como se ha visto a lo largo del artículo, en todo el recorrido de la gimnasta
Simone Biles, desde su gran victoria en Río de Janeiro 2016 y su competición y
abandono de esta en Tokio 2020, ha pasado por distintos procesos, los cuales se
han interpretado desde distintas teorías feministas que tratan mujeres y
deporte. Los ejemplos de algunos episodios de la vida deportiva de Biles
permiten demostrar una continua evolución de las teorías feministas:
liberales, críticas y postestructuralistas, para superar vacíos en la
interpretación y transformación del escenario deportivo y las relaciones de
género que se establecen en él. Al mismo tiempo permiten constatar que se
sigue marginando, obstaculizando y oponiendo el deporte femenino al masculino,
los cuerpos negros a los cuerpos blancos, aunque una mujer negra haga historia.
Biles
empezó por desafiar las leyes patriarcales, al empoderarse y dar voz a
reivindicaciones de género como la valorización del deporte de las mujeres, de
su propia voz, de sus propios límites y sus propias prácticas deportivas. Su
historia se escribe entre ambivalencias que la hacen mover entre el
empoderamiento y la docilidad, al ceder a los límites de la estructura y seguir
intentando transformar los estándares tradicionales de feminidad de la
gimnasia. Hasta que llega un punto, traducido en el abandono de Tokio 2020, en
el que ya no pudo desafiar más las presiones y opresiones del patriarcado,
aunque, paradójica o significativamente, los medios de comunicación hayan
presentado su derrota como un éxito.
Aunque Biles ya no es un rostro de minorías, se la sigue exponiendo a la sombra
del sistema de masculinidad, deporte y éxito. Sus gestas ya no desafían las
leyes de la gravedad porque las leyes del patriarcado han tenido más cómplices
y aliados importantes que hacen imposible que un solo cuerpo se enfrente a
medios de comunicación e instituciones. Por superar todos estos límites de las
deportistas, uno de los grandes retos de las teorías feministas actuales es
trabajar para crear conocimiento y ampliar los marcos de referencia que
interpretan cómo las mujeres viven y transmiten su práctica deportiva desde
una visión alejada de la dicotomía de género, raza y las heteronormatividades
que el patriarcado sustenta.
Notas
En
2020 Marca tenía 1.355.000 lectores diarios, El País tenía
951.000 lectores diarios y AS tenía 631.000 lectores diarios. Ver
Periódicos más leídos de España | Statista (Statista, 2021).
Nótese
el uso de ‘la joven’ y ‘parecida a ellos’ con connotaciones
negativas.
Se
utiliza COP como traducción de Code of Points, siglas utilizadas a
nivel internacional.
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