Cita
sugerida: Parodi Feye, A.S. (2022).
El deporte: ¿reproductor y constructor de valores en la escuela? Lecturas:
Educación Física y Deportes, 27(287), 192-203. https://doi.org/10.46642/efd.v27i287.2658
Resumen
Es usualmente argumentado que las prácticas deportivas en la escuela son
trasmisoras per se de valores educativos y culturales legitimados
socialmente, formando parte de un currículo aceptado y reproducido. No
obstante, algunos autores y autoras sostienen que el objeto deporte no
determina por sí mismo la trasmisión de los mencionados valores, como
usualmente se le concede. En este sentido, sería la acción pedagógica de
los y las docentes la responsable de dotar a este objeto de una orientación
educativa y ética. Se hace indispensable la reflexión y argumentación
sobre las prácticas deportivas en la escuela, en procura de mejorar las
prácticas de los y las docentes. Este trabajo propone analizar el vínculo
entre enseñanza del deporte y trasmisión de valores en la institución
escolar.
Palabras clave: Currículo.
Educación. Escuela primaria. Valores morales. Deporte.
Abstract
It is usually argued that sports practices at school are per se
transmitters of socially legitimized educational and cultural values, being
part of an accepted and reproduced curriculum. However, some authors posit
that the sport object itself does not determine the transmission of the
aforementioned values, as is usually granted. In this sense, the pedagogical
action of teachers would be responsible for providing this object with an
educational and ethical orientation. Reflection and argumentation on sports
practices at school is essential, in an attempt to improve the practices of
Physical Education Teachers. This work proposes to analyze the link between
sports teaching and the transmission of values in the school
institution.
Keywords: Curriculum. Education.
Elementary school. Moral values. Sport.
Resumo
Costuma-se argumentar que as práticas esportivas na escola são
transmissoras per se de valores educacionais e culturais socialmente
legítimos, fazendo parte de um currículo aceito e reproduzido. No entanto,
alguns autores e autores sustentam que o objeto esportivo não determina por
si só a transmissão dos valores mencionados, como geralmente é concedido.
Nesse sentido, a ação pedagógica dos professores seria responsável por
dar a esse objeto uma orientação educacional e ética. A reflexão e
argumentação sobre as práticas esportivas na escola é essencial, a fim
de aprimorar as práticas dos professores. Este trabalho pretende analisar a
ligação entre a educação desportiva e a transmissão de valores na
instituição escolar.
Unitermos: Currículo. Educação.
Escola primária. Valores morais. Esporte.
Sin lugar a dudas, el deporte se constituye en la sociedad actual como uno de
los contextos más influyentes, potenciado por los medios masivos de
comunicación (García-Calvo et al, 2012). De hecho, desde una perspectiva
social y cultural el deporte moderno ha tenido y tiene una gran influencia en la
conformación y en la idiosincrasia de las sociedades que lo consumen (Berriolo,
2020). La introducción del deporte en la educación física escolar supone un
verdadero reto, y no ha estado exento de controversias. (Aguado, 2004)
Dicha introducción pretende, según se desprende de discursos hegemónicos,
formar parte de la formación integral del niño y de la niña en el seno de la
institución escolar, dada la aceptada capacidad del deporte como tal para
permitir que éstos interioricen y organicen su propia escala de valores
legítimos (Madrona, 2006). Esto es de significativa importancia, reconociendo
que el fundamento de la escuela no se basa únicamente en trasmitir
conocimientos, sino también la formación holística de la persona, incluyendo
los mencionados sistemas de valores. (Andreu, 2006)
En este sentido, las prácticas del deporte escolar ameritan metodologías en
las cuales uno de sus principales propósitos sea el fomento de los mismos. Es
necesario, consecuentemente, plantear el siguiente interrogante: ¿está la
trasmisión de valores siempre presente implícitamente en la participación o
en la enseñanza-aprendizaje de algún deporte? Se podría argumentar que dichos
contenidos formativos aparecen como parte integral del currículum oculto; no
obstante, la actividad educativa en tanto acto intencional necesita un análisis
crítico y reflexivo que permita explicitarlos y sistematizarlos. (Giménez, y
Rodríguez, 2006)
Imagen
1. El mero aprendizaje del deporte en la
escuela, sus técnicas y reglamentos, y
su
práctica sistemática y regulada no determinarían por sí mismas la
trasmisión de valores
Fuente:
Pexels.com - Foto: Cottonbro
El propósito del presente trabajo es analizar el vínculo entre la enseñanza
del deporte y la trasmisión de valores en la institución escolar.
Deporte
y desarrollo de valores en la escuela
La incorporación del deporte al ámbito educativo escolar se sostiene como
parte de la formación integral del niño y la niña. El término “deporte”
es muy genérico, habiendo sin embargo algunas características fundamentales
que definen a una actividad deportiva como tal. En este sentido, se puede
considerar que el deporte es una
“...actividad motriz institucionalizada, estructurada, organizada,
codificada en forma de competición, con metas bien definidas y regida por
reglas específicas donde se destacan el esfuerzo intenso, el uso de destrezas
técnicas relativamente complejas, la puesta en juego del pensamiento táctico
y la aplicación de estrategias, con el fin de alcanzar un rendimiento exitoso
mediante la demostración de aptitudes, la superación de adversario(s) en
competición, o el enfrentamiento a los elementos no humanos de la situación”.
(Ruíz, 2012, p. 24)
Dentro de la institución escolar, la práctica del deporte se da en el marco de
la iniciación deportiva, en el sentido de que busca “formar al niño en sus
capacidades básicas, necesarias para su desarrollo integral” (Viadé, 2003,
p. 40). La mencionada incorporación en el marco del sistema educativo se
sostiene en parte por la argumentada capacidad de las prácticas deportivas para
trasmitir valores educativos y culturales legitimados socialmente (Cecchini,
Montero, Alonso, Izquierdo, y Contreras, 2007), entendiendo éstos como “creencias
duraderas en que un modo específico de conducta o estado final de existencia es
personal o socialmente preferible a un opuesto modo de conducta o estado final
de existencia” (Rockeach, 1973, citado en Beregüí y Garcés de los Fayos,
2007). Esta supuesta capacidad de trasmisión de valores propia del deporte
arrastra una herencia desde tiempos antiguos, en los cuales éste se visualizaba
como una manera de “complementar las cualidades morales del individuo de cara
a formar ciudadanos libres al servicio del estado”. (González Ramallal, 2004,
p. 60)
Los sistemas de valores juegan un rol muy importante en la vida de individuos,
grupos y sociedades, y representa un objeto legítimo para la educación. Esto
está vinculado con el hecho que la educación es un proceso basado en valores,
y los mismos atraviesan cada etapa del proceso educativo. (Görgüt, y Tutkun,
2018)
La capacidad de la práctica deportiva para trasmitir dichos valores raramente
es puesta en tela de juicio por el colectivo docente de la institución escolar,
ya que forma parte de un currículum aceptado y reproducido. De hecho, esto
queda de manifiesto en una resolución del Consejo de la Unión Europea (1999)
donde se señala que “las actividades deportivas pueden poseer un valor
pedagógico, con lo que se contribuye al refuerzo de la sociedad civil y pide a
la Comisión que, en cooperación con los Estados miembros, elabore un
planteamiento coherente destinado a aprovechar el potencial educativo de las
actividades deportivas”. Asimismo se continúan realizando afirmaciones sobre
el poder de la práctica deportiva para mejorar la vida de los practicantes más
allá de los beneficios físicos, como una verdad de Perogrullo. (Bailey, 2018)
Por medio del deporte se podrían potenciar valores como fair play,
subordinación de intereses particulares a los intereses del grupo, trabajo en
equipo, altruismo, entre otros, siendo estas actitudes socialmente aceptadas y
necesarias (Beregüí, y Garcés de los Fayos, 2007). Su potencialidad
radicaría en la repercusión que determinados deportes tienen en distintos
medios masivos de comunicación, así como su indiscutible relevancia política
(Escartí, Buelga, Gutiérrez, y Pascual, 2009). Incluso la idea Victoriana de
que el deporte es per se forjador del carácter se constituyó como una
de las inspiraciones para el desarrollo del movimiento olímpico moderno, y
permanece como tema central en los debates políticos sobre el deporte.
El deporte con las características que lo definen como tal implica per se mucho
más que una situación físico-motriz agonística y regulada. Implica valores
culturales que atraviesan esta práctica. En este sentido, se puede afirmar que
el mismo se constituye como reproductor y constructor de dichos valores; pero
¿es esta afirmación correcta? En palabras de Corbo, y Sarni (2020) esto
respondería al problema filosófico de entender al deporte como un objeto por
sí mismo: “Decir que el deporte es en sí, adjudicarle rasgos inmanentes al
objeto deporte, es asignarle un potencial específico que está en el objeto y
que es independiente de los sujetos y de sus relaciones” (s/p). Es decir, el
mero aprendizaje del deporte en la escuela, sus técnicas y reglamentos, y su
práctica sistemática y regulada no determinarían por sí mismas la
trasmisión de valores que usualmente se les concede.
Con esto coincide Gómez (2005) cuando plantea que “el deporte, por sí mismo,
no transmite nada, es el docente el que, en último término, decide el valor
pedagógico de la práctica deportiva” (p. 91). Siguiendo esta idea, el
deporte como tal puede considerarse neutro, ya que no educa en forma
automática, sino que todo depende del contexto y particularmente de los
profesores y las profesoras que se desempeñan en el deporte de iniciación
(Ginesta, 2007). Es preciso, por esto, impregnar dichas prácticas con
contenidos actitudinales o de valores. (Beregüí y Garcés de los Fayos, 2007;
Madrona, 2006)
Hay consenso entre distintos autores en afirmar que la mera práctica
físico-deportiva aislada no es suficiente para el desarrollo de la moralidad de
los y las practicantes (Gutiérrez, 2004; Jiménez, y Durán, 2004). El
carácter formativo que normalmente se le atribuye no se deriva de su simple
aplicación, sino que es necesario el desarrollo de líneas de acción concretas
enfocadas a que el deporte desarrolle dicho potencial (Monjas, Ponce, y Gea,
2015). El deporte se constituye de esta manera como un entorno de relaciones
intra e interpersonales, estando su verdadero potencial como práctica educativa
(particularmente en lo que atañe a la enseñanza en valores) supeditado a la
acción pedagógica que profesores y profesoras desarrollen en torno a su
práctica, dotándolo de una orientación educativa y ética (Ruíz, Ponce de
León, Sanz, y Valdemoros, 2015), legitimada en un determinado contexto social.
La sociedad escolar debe de esta manera adaptarse al contexto escolar al que
está educando, atendiendo necesidades tanto personales como sociales del
educando (Andreu, 2006). De esta forma, es necesario proveer herramientas
innovadoras así como programas educativos enfocados al desarrollo de valores a
través de la práctica deportiva. (Menéndez, Torregrosa, Maldonado, Ruiz, y
Camacho, 2018)
No hay consenso en la comunidad científica respeto a la fórmula más efectiva
para el desarrollo de programas de entrenamiento enfocados al desarrollo de
valores a través del deporte. De hecho, se verifican discrepancias tanto al
definir lo que implican los valores asociados al mismo, así como en la forma de
desarrollarlos y trasmitirlos. (Iturbide-Luquin, y Elosua-Oliden, 2017)
Adicionalmente, y a pesar de la importancia que ha adquirido el deporte en la
Educación Física Escolar actual, no parece haber modificaciones derivadas de
un análisis crítico y reflexivo por parte de profesores y profesoras,
empleándose mucho tiempo y recursos en la enseñanza analítica de técnicas de
determinados deportes, particularmente aquellos arraigados socialmente (Devís,
1996). Bajo esta consigna, se estaría corriendo el riesgo, siguiendo a Corbo, y
Sarni (2020), de reproducir valores que lleven a reproducir desigualdades. Cabe
recordar que los deportes como herramienta para el desarrollo de valores en las
instituciones educativas se constituyeron, desde su génesis en la vieja escuela
deportiva de Thomas Arnold (1795-1842), como una forma de preparar a las clases
dominantes reproduciendo de esta forma, en términos de Bourdieu, y Passeron
(1996) una violencia simbólica contra las clases menos privilegiadas.
Recordemos que esta corriente deportiva tuvo su nacimiento en las Public
Schools de Inglaterra en el siglo XIX. Éstas eran instituciones muy
selectas donde asistían los hijos de la aristocracia y la nobleza, siendo
Thomas Arnold quien instauró, a partir de sus influyentes reformas educativas,
los juegos reglamentados en estas instituciones, fomentando entre otras cosas el
valor del “fair play” o juego limpio (Albó, 2015; Erdozain, 2012).
Dichos “códigos morales” introducidos en la lógica del reglamento y su
cumplimiento funcionarían, desde este punto de vista y en forma implícita,
como una forma de preparar a la élite para reproducir su condición como tal, o
“formar el espíritu independiente de los futuros líderes sociales que
estudiaban en los centros privados de élite”. (Devís, 2011)
De este modo, la reflexión y argumentación sobre las prácticas que se
desarrollan en la escuela en torno al deporte y su asumida capacidad para
trasmitir valores socialmente legítimos se constituye como una imperiosa
necesidad, en cuanto a la búsqueda por dar sentido a los procesos de
enseñanza-aprendizaje y en última instancia mejorar la práctica docente
(Devís, 2011). No está en duda que el deporte como tal es un contenido
legítimo a ser enseñado en la institución escolar, ya que constituye una
dimensión fundamental de cada cultura, además de tener, entre otros, potencial
formativo y de transformación y mejora social (Sarni Muñiz, y Beer, 2020). No
obstante, es necesario que sea reconstruido y recontextualizado para ajustarse a
los propósitos de dicha institución, diferentes de los objetivos de
rendimiento que atraviesan las prácticas en los clubes deportivos. (Gómez,
2009, citado en Berriolo, 2020)
De esta forma, sin ignorar sus condiciones sociales, políticas y pedagógicas,
se hace necesario optar por una postura emancipatoria al momento de adoptar las
prácticas deportivas como disciplina escolar (Alsina, 2020). La Educación
Física en la escuela es una construcción particular supeditada a los objetivos
(entre ellos, la trasmisión de valores) propios de esta institución, la cual
está atravesada por sus lógicas y propósitos específicos. En este sentido,
el deporte como herramienta debería ser utilizado en función de los
propósitos específicos que guían su praxis. (Sarni Muñiz, y Beer, 2020)
No debe olvidarse que, en lo que atañe al proceso de educación en valores,
varios actores sociales además de los profesores y profesoras juegan un rol
protagónico. En este sentido, es en el seno familiar donde se desarrollan las
primeras experiencias de socialización deportiva, siendo madres y padres
referentes que determinarán el comportamiento social de los futuros adultos
(Amado, Leo, Sánchez, Sánchez, y García, 2009; Görgüt, y Tutkun, 2018). No
obstante, no cabe ninguna duda de la relevancia significativa que adquieren los
primeros en la promoción de valores a partir de sus intervenciones
pedagógicas. La escuela no puede ni debe sustituir la función de la familia,
pero se constituye como un complemento significativo y claramente necesario
(Prat, y Soler, 2003). Asimismo, se establece como necesaria la interrelación,
entre las citadas instituciones educativas, en la búsqueda de estrategias
comunes (aunque aplicadas de maneras diferentes) para guiar a niños, niñas y
adolescentes en el desarrollo de valores. (Pignato, Patania, Schembri, y Sgrò,
2019)
Las intervenciones mencionadas arriba tienen que tener en cuenta que el deporte
en la escuela está “en dependencia dialéctica con el resto de las prácticas
que en nuestra sociedad se suceden” (Corbo, y Sarni, 2020), incluyendo
factores de influencia extraescolar (la citada familia, los medios de
comunicación y la forma de consumirlos, la influencia de la sociedad) y escolar
(currículo, incluyendo aspectos didácticos, metodología y evaluación)
(Gómez, 2005). Implica asimismo “considerar la incidencia que esta
perspectiva de formación implica a las prácticas de los docentes encargados de
la enseñanza del deporte en la escuela, quienes deben proponerse procesos
críticos orientados a la educación deportiva, de la práctica, del
espectáculo, del consumo”. (Corbo, y Sarni, 2020)
En concordancia con este último concepto, se establece como imperioso un
análisis serio y riguroso de las estrategias didácticas y pedagógicas que
eventualmente atraviesen la enseñanza durante las prácticas deportivas en la
escuela, ya que éstas pueden tanto ser herramientas para promover o potenciar
tanto valores positivos como negativos (Monjas et al, 2015). Esto sucede
principalmente cuando aquellos responsables de la organización del deporte
infantil reproducen un modelo de deporte profesional-competencia, anteponiendo
los intereses de los adultos sobre las necesidades educativas de niños, niñas
y adolescentes. (Iturbide-Luquin, y Elosua-Oliden, 2017)
En este sentido, el deporte en tanto competencia y búsqueda explícita o
implícita de rendimiento puede a su vez promover la insolidaridad y el
desprecio hacia los oponentes (que dejan de ser compañeros para pasar a ser
individuos a quienes vencer, llegando incluso a niveles de odio), poniendo por
encima de todo la victoria, muchas veces a cualquier precio. Esto se hace
particularmente evidente cuando el modelo competitivo tradicional da lugar al
denominado “deporte-espectáculo” que, en simbiosis con los medios masivos
de comunicación, trasmite valores muchas veces reñidos con el respeto, la
tolerancia mutua o el trabajo en equipo. (Ginesta, 2007)
Es necesario por tanto “educar al sujeto que será constructor/productor de
una cultura que, indefectiblemente, consume deporte” (Corbo, y Sarni, 2020),
pudiendo utilizarse incluso el deporte-espectáculo como objeto de debate y
reflexión, en tanto recurso educativo legítimo (García, 2001). El deporte en
su vertiente educativa, por tanto, debería contribuir (entre otros) al
desarrollo de una actitud crítica y reflexiva frente al deporte de competencia
que difunden los medios masivos de comunicación y las aberraciones que se
producen, diferenciándose del mismo en tanto realidad diametralmente diferente.
(Giménez, Abad, y Robles, 2009)
De esta forma, el propósito de las prácticas de los y las docentes debería
estar orientado hacia la “educación deportiva” (incluyendo el desarrollo de
las dimensiones afectivas, éticas y morales de niños y niñas) y no solo hacia
la “enseñanza deportiva” con énfasis en la mejora de la competencia motriz
y el rendimiento (Sarni Muñiz, y Beer, 2020). En definitiva, “la educación
física escolar puede ser un espacio educativo, emancipador, con intereses
diferentes a los de cualquier club deportivo”. (Corbo, Sarni, 2020).
Conclusiones
A la luz de los argumentos expuestos ut supra se visualiza la necesidad,
por parte de los educadores de las instituciones escolares, de no aceptar el
deporte como un objeto de transmisión de valores por sí mismo, independiente
de los sujetos y de sus relaciones. Se trata de cuestionar esta idea, pasarla a
través del tamiz de la reflexión previo a su utilización como herramienta
formativa en el patio de la escuela. La formación y educación del niño y la
niña de forma integral y globalizada exigen una práctica de la enseñanza del
deporte acorde al desarrollo de los valores que se busca fomentar. Y para esto,
se hace necesario considerar y replantear objetivos, contenidos y metodologías,
funcionales al deporte educativo y alejados de la lógica del
deporte-espectáculo-rendimiento.
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