Gimnasia Argentina
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Si usted entrena a jóvenes deportistas...Cecilia Elena Almada
almadacecilia@homail.com
Lic. en Psicología
Si su caso es el de estar al frente de un grupo de jóvenes, con el objetivo de enseñarle algunos secretos del deporte, quizás sea de utilidad tener en cuenta algunas cuestiones que puedan presentársele acerca del trabajo con niños y adolescentes. Aquí van algunas ideas que le pueden servir para llevar adelante tan difícil empresa.En primer término, deberá tener en cuenta que lugar ocupará su palabra en la vida estos chicos. Si ellos lo eligen, es por que de antemano lo están considerando como alguien que posee conocimientos, y además piensan que es capaz de transmitirlos.
No desperdicie esta oportunidad; debe pensar que si cumple este requisito, inmediatamente lo supera. ¿Cómo es esto? El joven no sólo tomará de usted aquellas enseñanzas de la técnica, sino que sin darse cuenta, estará observándolo en todo momento, en cada una de las actitudes que usted tome respecto de él mismo, de los demás y de las circunstancias que lo rodea. Lo que opine, cómo reaccione, será tomado como modelo a seguir. Por esto es que le propongo un ejercicio de la reflexión: trate de pensar qué significa para usted la tarea de enseñar (ser entrenador de) un deporte.
¿Es una pasión que lo atraviesa, y quiere transferirla a otras personas? Vamos bien. Recuerde que aquellas cosas que marcan la vida de un sujeto son las que implican la convicción de quien las sostiene.
¿Además cree que el deporte puede ser una herramienta de aprendizaje para la vida? Perfecto, puesto que entonces coincidirá conmigo en que la tarea que está emprendiendo va más allá de los logros deportivos, por que estos conllevan una actitud ante un objetivo a cumplir. Perseverancia, confianza en uno mismo, capacidad para postergar la satisfacción… acaso no son actitudes necesarias para enfrentar la vida?
Si usted coincide en al menos alguno de estos planteos, entonces podrá permitirse pensar en algo un poco más espinoso. Y es la sensación de éxito que sentirá cuando uno de sus alumnos logre superarse, y supere a otros en una competencia. Casi como si el que lo hubiera logrado fuera usted mismo…
Atención a este punto, quizás uno de los más difíciles y cruciales del ejercicio de entrenar. Porque de cómo usted lo viva, se puede deducir lo que usted se crea capaz de enseñar, y el estilo de entrenador que asumirá.
Si usted se siente afectado en su propia persona en cada logro o fracaso de su entrenado, es muy probable que sea alguien que difícilmente tome al error como parte del aprendizaje. Considera que lo que está haciendo es formar a un “ganador”, a un deportista y punto.
Pero si usted toma a un resultado obtenido por debajo de los niveles esperados, como un error en la consideración de variables intervinientes, entonces es de la clase de personas que considera al aprendizaje a la manera de un espiral ascendente. El error se incluye en el proceso de evolución. Y cómo se integre al error en este proceso, será condición necesaria para entenderlo como parte del aprendizaje y no como un “fracaso”.
Quizás le resulte conocido este ejemplo: un deportista que luego de un año de duro entrenamiento, cuando se acerca la época de los torneos usted considera que se trata de alguien que está en condiciones de arrasar con todos los premios. Sin embargo, inexplicablemente, comienza a cometer errores... y el entrenador se quiere morir, por la frustración, la bronca, la sensación de pérdida de tiempo, esfuerzo, dedicación y dinero en alguien tan ingrato. ¿Se reconoce en el ejemplo?
Puedo citar mi propia experiencia: cuando mi entrenador sabía que - por primera vez - estaba en condiciones de integrar la selección nacional de gimnasia artística. ¡Viajaba seguro! Sin embargo, quince días antes del torneo, me “arrepentí” en la mitad de la realización de una entrada en las paralelas asimétricas. Resultado: fisura de cúbito y luxación de codo. Ah! Por supuesto que en esa oportunidad ni siquiera logré intervenir en el torneo selectivo...
Si alguna vez pasó por una situación similar, piense entonces cómo resolvió todos esos sentimientos negativos. Se lo dijo al ingrato - con reprimendas, gritos, insultos… -; o se tomó unos minutos para digerir el trance amargo, y luego fue capaz de hacer un análisis más o menos objetivo del resultado, evitando comentarios desvalorizantes o hirientes? Si usted es del segundo tipo, puede considerarse un verdadero maestro!
Vuelvo al comienzo, a aquellas cosas que los adultos transmitimos, que trascienden la mera técnica. Usted está contribuyendo en la formación de una persona, con la excusa de enseñar una técnica deportiva.
¿Lo había pensado?