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Algunas particularidades biopsicomotrices
que caracterizan a los adolescentes y jóvenes

 

Ph. D. / Dr. C. Profesor de Teoría y Metodología del Entrenamiento Deportivo

de la Universidad de Ciencias de la Cultura Física

y el Deporte “Manuel Fajardo”, La Habana

Adalberto Collazo Macías

collazo@inder.cu

(Cuba)

 

 

 

 

Resumen

          El ser humano en su camino desde la niñez hacia la adultez transita por una serie de cambios biológicos, psicológicos y motrices, los cuales están condicionados a factores endógenos y exógenos. Para los profesionales del deporte y la Educación Física es sumamente importante conocer dichas transformaciones, y en qué medida se dan y cuándo suelen aparecer, pues no suceden en cada sexo de la misma forma, ni aparecen a la misma edad, de ahí, que su conocimiento permite enfocar el proceso pedagógico del entrenamiento o de la Educación Física con un carácter científico superior.

          Palabras clave: Entrenamiento. Adolescentes y jóvenes. Particularidades biopsicomotrices.

 

Abstract

          The human being in his road from the childhood toward the adulthood traffics for a series of biological, psychological and motor changes, which are conditioned to endogenous and exogenous factors. For the professionals of the sport and the Physical Education is extremely important to know this transformations, and in what measure they are given and when they usually appear, because they don't happen in each sex in the same way, neither they appear to the same age, of there that its knowledge allows to focus the pedagogic process of the training or of the Physical Education with a superior scientific character.

          Keywords: Training. Adolescent and young. Particularities bio-psychomotor.

 

 
EFDeportes.com, Revista Digital. Buenos Aires, Año 17, Nº 176, Enero de 2013. http://www.efdeportes.com/

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Algunas particularidades biopsicomotrices que caracterizan a los adolescentes entre los 12 y 14 años de edad

     El término adolescente significa como bien lo señala la palabra que adolece de algo. La adolescencia se le denomina al período de transición de la niñez a la adultez, conocido además como período crítico, difícil, que se distingue por el paso de la infancia a la madurez.

    Durante éste período, plantea Petrovski (1978), que “aparecen elementos de madurez como resultados de las reestructuración del organismo, autoconciencia, tipo de relaciones con los adultos y compañeros, modos de interacción social con ellos, intereses, actividad cognoscitivas y de estudio, parte de contenido de las instancias éticas que mediatizan la conducta, la actividad y las relaciones”.

    Para el propio Petrovski (1978), la personalidad del adolescente se caracteriza por su enorme actividad social, dirigida hacia la construcción de relaciones satisfactorias con los adultos y compañeros, y por último hacia sí mismo (proyección de su personalidad y de su futuro a fin de dar realización a sus intenciones, objetivos y tareas).

    La tendencia general en el desarrollo de la madurez de los adolescentes puede ser diferente, y cada tendencia puede tener multitud de variantes. (Petrovski, 1978).

    Este mismo autor continúa agregando sobre las características generales de los adolescentes, que en los mismos puede llegar a aparecer diferentes formas de desobediencia, resistencia, protesta, testarudez, grosería, negativismo, rebeldía, introversión, carácter reservado, entre otros.

    Por otra parte, durante la adolescencia transcurren una serie de cambios biológicos en el organismo, dado por grandes variaciones y transformaciones de carácter orgánico y funcional como resultado del proceso de maduración sexual. Todo este proceso de reestructuración morfológica y funcional tiene lugar gracias a la intensificación de la actividad de la glándula hipófisis, cuyas hormonas son las encargadas de estimular el crecimiento de los tejidos y el funcionamiento de las otras glándulas de secreción interna (sexuales, tiroides, etc.).

    Otras de las principales transformaciones que tienen lugar en el organismo del adolescente es el llamado salto en el crecimiento o estirón, así como la maduración sexual, donde ya aparecen las primeras evidencias de los caracteres sexuales secundarios, la primera menarquía en las mujeres, aparición de bellos en el pubis y axila respectivamente, cierto crecimiento de los órganos genitales en ambos sexos, cierto crecimiento de las mamas, primera eyaculación en los varones, etc.

    Todos estos cambios producen diferentes modos de conductas en los adolescentes, los más visibles son los trastornos en el sueño, la intranquilidad que los caracteriza, el poco interés que muestran por el cumplimiento de las tareas que se le asignen tanto en la escuela como en el hogar, los cambios que se producen en sus rostros (acné juvenil) etc.

    Según refleja Petrovski (1978), el período más intensivo de estos procesos tiene lugar en la mujer entre los 11-13 años, mientras en los varones ocurre alrededor de los 13-15 años.

    Sin embargo, desde hace algunos años, fundamentalmente en los países desarrollados está ocurriendo un fenómeno al cual han denominado proceso de aceleración del desarrollo biopsíquico, el cual está provocando una maduración sexual muy tempranamente, que en el caso de las mujeres puede iniciarse sobre los 9-10 años, mientras en los varones puede darse entre 12-13 años.

    También durante esta etapa como resultado del salto de crecimiento varía la apariencia del adolescente en comparación con el niño, puesto que, las proporciones generales del cuerpo se aproximan a las de los adultos.

    Otra característica biológica relacionada con la columna vertebral es que durante esta etapa la misma aún posee los espacios intervertebrales llenos de cartílagos, de ahí, la movilidad que todavía posee la columna vertebral y el inconveniente que lleva consigo la fácil desviación de la misma ante posturas incorrectas del cuerpo, ante sobrecargas físicas o prolongados esfuerzos unilaterales.

    Otro aspecto interesante aquí lo constituye que en el caso de las mujeres la sínfisis de los huesos de la pelvis (donde se alojan los órganos sexuales de las niñas) concluyen hacia los 20-21 años, por lo que se considera que el desplazamiento de estos huesos puede producirse sí se somete a las niñas a la realización de saltos desde gran altura o incluso cuando se llevan calzados de altos tacones, lo que provocaría cierta deformación de la pelvis, trayendo como resultados serios problemas a la hora del parto.

    Aquí también tiene lugar cierto aumento de la masa muscular y por supuesto de la fuerza muscular, sobre todo al final del proceso de la maduración sexual, aunque este concluye fuera de los límites de la adolescencia. Estos aspectos condicionan en los adolescentes ciertas posibilidades físicas, las cuales son tomadas con mucha seriedad por los mismos. No obstante, este desarrollo muscular tiene sus inconvenientes, ya que los músculos de los adolescentes se fatigan con mucha facilidad. Además todo el proceso de reestructuración del aparato motor provoca descoordinación motriz, torpeza general, falta de habilidad, etc.

    Por su parte el músculo cardíaco crece durante este período, mucho más rápido que los vasos sanguíneos, quizás sea esa la razón de las deficiencias funcionales encontradas en el sistema cardiovascular, la cual se manifiesta en forma de palpitación, elevación de la presión sanguínea, mareo, dolores de cabeza y fatiga rápida.

    En este sentido Petrovski (1978), hace referencia que la reestructuración de las correlaciones neurohumorales es a menudo la causa del desequilibrio general del adolescente, de su irritabilidad, carácter explosivo, actividad motriz, indolencia periódica y apatía.

    La maduración sexual trae consigo, en primer lugar, que el adolescente comience a sentirse adulto, aunque todavía no lo sea, y en segundo lugar, dicha maduración comienza a estimular el interés por el sexo contrario. También las conversaciones en torno al asunto del amor y la sexualidad comienzan marcar una constante motivación e interés.

    Mucho se habla sobre la llamada “crisis” de la adolescencia, sobre sus posibles causas, en este sentido, Petrovski (1978), señaló que investigaciones realizadas al respecto, habían demostrado que las circunstancias sociales concretas de la vida del niño, determinan la duración del período de la adolescencia, la existencia o ausencia de la crisis, conflicto, durante dicha etapa, así como el carácter del paso de la infancia a la madurez.

    El adolescente se caracteriza por la avidez de saber y por la curiosidad de conocer lo que considera importante, significativo e impresionante y absorbe con facilidad los diferentes conocimientos.

    Es importante señalar que en las relaciones de los adultos con los adolescentes, no se debe continuar tratando a los mismos como si fueran niños, pues ya no los son, el reconocer al adolescente como sujetos en transición hacia la madurez, evitará en gran medida los conflictos que en ocasiones se generan, el confiar en ellos, el respeto a sus posiciones y gustos, conservará la amistad y el aprecio mutuo. La mejor enseñanza que puede un adulto ofrecerle a un adolescente, es el ejemplo.

    Se puede caracterizar a la adolescencia como el período donde empieza a desarrollarse cierta actitud por la profesión futura, teniendo en cuenta las posibilidades y circunstancias de la vida.

    Otro aspecto psicológico que alcanza determinado desarrollo lo constituye la autoconciencia (conciencia social trasladada al interior, según la define Vigostki, 1960), pues las mismas adoptan una nueva actitud hacia la realidad circundante, comienzan a conocer sus propias particularidades y desarrollan el interés por sí mismo.

    A pesar de ser la adolescencia una etapa difícil, como ya se ha planteado anteriormente, la misma no queda exenta de que en ella se pueda realizar actividades físicas, por el contrario, es considerada como una etapa, donde se hace necesario dar cierto impulso al desarrollo físico general en los hombres.

    Al desarrollar la fuerza en estas edades se hace necesario tener presente algunos cambios anatomofisiológicos que ocurren en el organismo del adolescente, sobre todo los que tienen lugar por la actividad de las hormonas de crecimiento y las sexuales, las cuales provocan una serie de modificaciones morfológica y funcionales que hacen que disminuya la capacidad para soportar grandes cargas, sobre todo cuando las mismas tienen una dirección monovalentes y de larga duración, particularmente en lo que concierne a la columna vertebral. No obstante a ello la adolescencia constituye una etapa idónea para el desarrollo de la fuerza, siempre y cuando las cargas seleccionadas no sobrecarguen la columna vertebral.

    En este sentido, Volkov y Filin (1989), plantean que la fuerza de los extensores del tronco aumenta de 11 a 14 años desde 72.0 Kg. hasta 90.8 kg.

    Bergel (1965), señala que durante la adolescencia es preciso atribuir un papel importante al entrenamiento de la resistencia a la fuerza general, por la buena razón de que se beneficia del mismo el entrenamiento de la fuerza.

    Volkov y Filin (1989), agregan con relación al desarrollo de la fuerza en la adolescencia que el mayor aumento de la misma se registra durante la extensión del muslo y del tronco, mientras el menor, ocurre en la flexión de la muñeca y del antebrazo.

    Por su parte, Weineck (1994) indica que en esta etapa es recomendable que exista un predominio del trabajo en volumen sobre las cargas de gran intensidad, agregando además que aquí sigue siendo el principio fundamental del entrenamiento de la fuerza el aumento continuo de las cargas.

    Finalmente, a modo de resumen, se puede decir que en la adolescencia no sólo es recomendable, sino que es necesario desarrollar la fuerza como capacidad física, sobre todo la resistencia a la fuerza. Las cargas deben caracterizarse por un volumen considerable y una intensidad relativamente baja. Debe utilizarse variados medios y procedimientos (el trabajo en circuito debe dársele una gran utilización). Por otra parte, es importante tener presente a la hora de seleccionar los ejercicios de fuerza que los mismos no se caractericen por sobrecargar la columna vertebral y en el caso de trabajar con mujeres evitar las cargas con saltos y caídas desde altas alturas.

    Con relación al desarrollo de la resistencia en la adolescencia Bringmann (1973) y Dietrich y col. (1974), afirman que la resistencia general y de fuerza pueden desarrollarse con mucha prioridad en esta etapa, debido al incremento de la talla y del peso corporal, ya que la resistencia general es más favorable en el momento del estirón propio de la pubertad, dado además por la relación adecuada que existe entre el corazón y el peso corporal.

    Por su parte, Weineck (1994) señala que el entrenamiento de la resistencia aerobia general puede iniciarse en las mujeres hacia los 11-12 años, mientras en los varones sobre los 12-13 años, en cuyo entrenamiento debe insistirse más en el volumen que en la intensidad.

    M. Grosser (1981), considera que la resistencia aerobia, para ambos sexos, se puede trabajar durante la adolescencia de 2 a 5 veces por semanas.

    Volkov y Filin (1989), aseguran que entre los 11-14 años se eleva considerablemente la resistencia de los músculos de las pantorrillas y entre los 13-14 años en los adolescentes de ambos sexos se observa una cierta reducción de la resistencia estática de los flexores y extensores del antebrazo y de los extensores del tronco.

    Para García Manso y col. (1996), el máximo consumo de oxígeno (VO2max) en las mujeres adolescentes decrece de 47.7 a 44.0, mientras en los varones se mantiene casi estable, de 52.5 a 52.2.

    Un estudio efectuado por Szczensky (1983) con el sexo masculino y utilizando como prueba el test de Cooper (12 minutos) determinó que en los varones de 12 a 14 años se observó un incremento de más de 250 metros.

    Con relación a la resistencia anaerobia, Labitzke y Vogt (1976) y Wasmund y Nowacki (1978), señalaron que durante la adolescencia es recomendable la utilización de métodos y medios de entrenamiento que favorezcan una mejora racional de la resistencia anaerobia, no obstante, surgieren aplicar este tipo de entrenamiento de manera prudente y limitada variando las formas.

    Por su parte, Grosser (1981) recomienda iniciar este tipo de entrenamiento con las mujeres entre los 12 y 14 años, mientras sugiere para los varones iniciarlo hacia los 14-16 años.

    Otros estudios realizados por Bar-Or (1983) sobre la potencia aerobia y anaerobia, demuestran que la potencia aerobia entre los 12 y 14 años en el caso del sexo masculino, realiza una especie de pirámide a la inversa, es decir, disminuye y posteriormente aumenta, prácticamente a los niveles iniciales, mientras en las mujeres efectúa un decrecimiento lineal. Por consiguiente, la potencia anaerobia aumenta de forma paulatina tanto en los varones como en las mujeres.

    En resumen se puede decir después de haber analizado el criterio de algunos autores, que la resistencia es una capacidad para desarrollar durante la adolescencia, sobre todo cuando las cargas se caracterizan por un volumen considerable y una intensidad relativamente baja, siendo los métodos idóneos los continuos invariables aerobios y los medios las carreras a campo traviesa, las carreras continuas de prolongada duración (10-15 minutos) aproximadamente, así como múltiples juegos deportivos y de carreras.

    Con relación al desarrollo de la capacidad de rapidez durante la adolescencia, podríamos empezar retomando las palabras de Weineck (1994), cuando al referirse al mismo expreso: “que todos los aspectos de la condición física y de la coordinación ligados a la rapidez pueden ser trabajados sin restricciones. Los medios y métodos de entrenamiento corresponden prácticamente a las de los adultos y sólo se diferencian por un volumen de trabajo más pequeño.

    Por los estudios presentados por Crasselt (1972) y los resultados recogidos sobre el tiempo de carrera en 60 metros planos, se puede afirmar que durante la adolescencia tiene lugar importantes incrementos en el desarrollo de la rapidez de traslación, tanto para las mujeres como para los varones. También Fárfel (1959), encontró mejoría en ambos sexos, sobre todo en la frecuencia máxima de diversos movimientos de pequeña amplitud.

    Por su parte Erwin Hahn (1988), señaló que entre los 11 y 14 años, se produce una nueva mejora de la rapidez y se integran todos los factores en un conjunto.

    Volkov y Filin (1989), sitúan como mejor período sensitivo de esta capacidad entre los 9 y 12 años, sin embargo, afirman que alrededor de los 13-14 años ocurre un mejor desarrollo de la rapidez de acción.

    Algunos de los principales medios para desarrollar la rapidez, según Döbler (1976), son todas las clases de competiciones de carreras cortas, los juegos de persecución y agarre, los juegos de reacción y salida, los juegos de relevo, etc.

    Por consiguiente, a modo de resumen, se puede señalar que la rapidez es una capacidad que se puede entrenar durante la adolescencia, sobre todo la rapidez de traslación y la rapidez de acción. Los estudios realizados por Hodgkinsk en Weineck (1994), demostró que en cuanto a la rapidez de reacción durante la adolescencia decrecen los niveles, tanto para mujeres como para varones, para luego continuar su desarrollo hasta los 25 años.

    El desarrollo de la movilidad durante esta etapa según afirma Manno (1993) presenta en las distintas articulaciones una diferente dinámica, dependiendo de las características de las mismas y en particular de los músculos motores fundamentalmente de los sectores implicados.

    Según Volkov y Filin (1989), la movilidad de la columna vertebral en la extensión se eleva notablemente en los chicos desde los 7 hasta los 14 años, mientras en las mujeres este desarrollo ocurre entre los 7 y 12 años, sin embargo, afirma que hacia los 15 años en los varones y 14 las chicas se registran altos índices de movilidad.

    Además continúa agregando que en las articulaciones humerales la movilidad en las flexiones y extensiones aumenta hasta los 12-13 años.

    Por su parte, Manno (1993) en un estudio que abarca la movilidad articular en los hombros, columna vertebral y cadera, con chicos y chicas entre los 11 y 14 años demostró que la movilidad de los hombros, en el caso de los varones decrece en 10.30 cm., mientras en las mujeres se observa cierta estabilidad, con respecto a la movilidad de la columna, es observable para ambos sexos ciertas mejoras de 3.7 cm. para las damas y 1.8 cm. para los chicos, y en el caso de la movilidad de las caderas aparecen en ambos sexos decrecimientos de hasta 5 grados para las mujeres y 8 para los varones.

    Finalmente, por los criterios anteriormente valorados, es obvio destacar que la movilidad se puede desarrollar durante la adolescencia, pero sólo mediante cargas que permitan cierto desarrollo, sin llegar al límite de los movimientos, pues las mismas podrían traer consecuencias negativas para el desarrollo de otras capacidades e incluso podría afectar la postura corporal. Por consiguiente, los ejercicios para trabajar la movilidad deben seleccionar en función de la edad y sobre todo los ejercicios deben ser de movilidad activa, con el objetivo de evitar lesiones, desgarramientos musculares y tendinosos, etc.

    Por último, las capacidades coordinativas, de las cuales según Weineck (1994), durante la adolescencia representa todavía un período en el que la capacidad de aprendizaje motor es buena, aunque más marcada en el chico que en las chicas, y ello favorece un entrenamiento de la coordinación sin restricción, en todos los deportes.

    Fárfel (1975) dice que con la edad 13-14 años, la capacidad de reproducir el ritmo prefijado de los movimientos va mejorando y se aproxima a los datos de los adultos.

    Volkov y Filin (1989), aseguran que los adolescentes entre los 11 y 14 años, ya pueden realizar movimientos de coordinación compleja, pues a medida que se desarrolla el organismo, se perfecciona la capacidad de controlar la actividad de los músculos.

    También afirma Weineck (1994), que las capacidades coordinativas deben de desarrollarse bajo los principios de complejidad, variabilidad y continuidad. Además agrega lo importante de aprovechar las llamadas fases sensibles del desarrollo de las capacidades coordinativas.

    Según las investigaciones de Martín (1982), se puede decir que durante este período tiene su fase sensible la capacidad de orientación espacial.

    Wolanski (1979), refleja la edad idónea para el equilibrio dinámico entre los 12 y 15 años, el equilibrio en movimientos rotativos 11-14 años, y la exactitud en los movimientos con la mano izquierda y derecha alejada del cuerpo, entre los 10 y 15 años.

    Se ha podido apreciar diferentes criterios en cuanto a determinadas fases sensibles del desarrollo de las capacidades físicas durante la adolescencia. Las múltiples investigaciones que reflejan los datos expuestos, en primer lugar han sido realizadas en diversas partes del mundo y en distintas épocas, además las variables a medir e inclusive las terminologías para identificarlas son tan variadas que a veces da la impresión de que se está hablando de muchísimas capacidades, si a todo ello se le une, que en ninguno de los casos se dan a conocer ni las pruebas aplicadas, ni los procedimientos o metodología utilizadas, lo que demuestra sin dudas la complejidad del tema que se aborda. No obstante, se han señalado aspectos sumamente interesantes que permitirán comprender mejor todo este problema del desarrollo de las capacidades físicas durante la adolescencia.

Algunas particularidades biopsicomotrices que caracterizan a los jóvenes entre los 15 y 18 años de edad

    La juventud es definida por la psicología de las edades como el período de desarrollo que empieza con la maduración sexual y termina con la llegada de la madurez. Para las ciencias biológicas no es más que una fase en la evolución del organismo, la sociología la estudia como una etapa determinada de socialización, como un paso de la adolescencia a la adultez, sin embargo, para ambas queda claro, que la juventud es una importante etapa en la vida del hombre.

    Durante la juventud el cuerpo crece en longitud, pero se retarda considerablemente, en relación a los niveles obtenidos en la adolescencia. Para Petrovski (1978), las chicas alcanzan su pleno crecimiento por término medio alrededor de los 16-17 años (con una divergencia de 13 meses aproximadamente), mientras en los varones lo alcanzan alrededor de los 17-18 años (con una divergencia de 10 meses como promedio).

    También durante la etapa de la juventud se aumenta considerablemente el peso corporal y en el caso de los varones superan cierto retraso con relación a las chicas. Además en este período se incrementa de forma acelerada el desarrollo de la fuerza, en este sentido Petrovski (1978), plantea que ello depende en gran medida del régimen alimenticio del individuo y del tipo de actividad deportiva practicada.

    Continuando con los criterios de Petrovski (1978), en relación a la actividad intelectual en la juventud, éste se refiere a que el dominio de complejas operaciones intelectuales y el enriquecimiento del aparato conceptual hacen que la actividad intelectual en ambos sexos sea más efectiva y estable, aproximándola así a la del adulto.

    Es conocido por todos que durante la juventud tiene lugar la formación integral de la personalidad del hombre, la cual se construye a partir la auto evaluación de su conducta y aspira a construir la misma sobre la base de criterios y normas conscientemente elaborados o asimilados por él, en donde la influencia del medio desempeña un importante papel.

    La autoconciencia, cuya compleja estructura psicológica se viene formando ya desde la infancia, transcurre por una serie de procesos que van desde la conciencia de la propia identidad, las que aparecen desde la propia niñez, hasta la conciencia del propio “yo” como principio activo, lo cual aparece desde los 3 años, cuando comienza a emplear correctamente los pronombres personales. La toma de conciencia de los propias cualidades psíquicas y el determinado sistema de auto evaluaciones socio-morales que adquieren un mayor significado durante la adolescencia y la juventud; pero como todos estos componentes están muy estrechamente vinculado, el crecimiento de cualquiera de ellos, modifica inevitablemente todo el sistema.

    El mundo interior de los jóvenes, con toda su aparente despreocupación, es considerado como una etapa compleja y frágil. La toma de conciencia y auto evaluación de la cualidades personales durante esta etapa, tiene lugar de dos formas, una consiste en medir el nivel de las propias pretensiones con el resultado alcanzado, dada por la actitud asumida por el joven ante las diversas situaciones que se van presentando en su vida y la otra vía de auto evaluación está dada por la comparación social que ya el joven comienza a establecer, donde ya tomar en serio sus propios criterios frente a las opiniones de los demás.

    Otra característica importante en la juventud, lo constituye el respeto a sí mismo y sus funciones, como rasgo esencial de su personalidad. Un elevado respeto a sí mismo en los jóvenes garantiza una actitud positiva hacia la vida, ofrece cierta seguridad y generalmente asume con responsabilidad las tareas que se le asigna o que la vida le impone, por el contrario, un bajo respeto de sí mismo, trae consigo, mucha insatisfacción, desprecio a sí mismo, falta de fe en sus propias fuerzas, tales jóvenes, generalmente rehúsan al logro del objetivo planteado y sobre todo suelen apartarse, aislarse de toda actividad en la que haya competición. Etc.

    En los jóvenes comienza a desarrollarse la capacidad de autodeterminación, el propio sentimiento de madurez que ya comienza a despertarse en ellos, se caracteriza por la constante necesidad de desprenderse de los cuidados excesivos de sus padres y desean establecer con estos relaciones sobre la base de la igualdad, claro está, ello depende de la estructura y características de la familia en la cual han vivido, de la dinámica social en la que viven, entre otros.

    El colectivismo y la vida en grupo es otra de las características fundamentales que identifican a la juventud, puesto que el joven, necesita participar en la vida colectiva, relacionarse con sus coetáneos, así como tener dentro del grupo determinado prestigio y autoridad.

    “Junto con la creciente significación de la vida colectiva, de grupo, en la primera juventud se intensifica bruscamente la necesidad de una amistad íntima individual.” (Petrovski, 1978).

    También en este sentido, Rousseau, citado por Petrovski (1978), señaló que el primer sentimiento que surge en un joven de educación esmerada no es el amor, sino la amistad. Por consiguiente, durante la juventud, tanto muchachas como muchachos consideran la amistad como la más importante de las relaciones humanas.

    Otro elemento que retoma gran importancia durante este período, lo constituyen las relaciones amorosas entre ambos sexos, se plantea que en la misma se intensifica la necesidad que sienten ambos sexos de establecer relaciones amorosas, dichas relaciones en ocasiones pueden provocar dificultades psicológicas, angustia y hasta tensión en las interrelaciones, siendo los más perjudicados los muchachos, quizás esto esté estrechamente vinculado a que las muchachas maduran más tempranamente y por otra parte al hecho de que los varones les corresponde según nuestra cultura e idiosincrasia inicial el cortejo amoroso.

    La juventud es considerada como la etapa decisiva en la formación de la cosmovisión del mundo, pues durante ella tiene lugar el aumento del interés por los más generales principios del universo, por las leyes universales de la naturaleza y la existencia humana.

    Esta etapa también se caracteriza porque en ella, los jóvenes comienzan hacer sus planes para el futuro y la elección de la posible profesión, dichas pretensiones en la mayoría de los casos suele estar perneada de sueños, de aspiraciones muy pocos reales, las cuales conducen lamentablemente al desengaño, a veces muy doloroso, por la simple razón, de que los jóvenes en su mayoría no poseen una vocación profesional orientada en relación a sus capacidades reales.

    Se puede decir además que durante esta etapa aumenta la adiposidad puberal y se presentan modificaciones de la conformación corporal como el ensanchamiento de los hombros en los varones y de la pelvis en las muchachas, modificaciones de la fisonomía, aumenta la presión sanguínea, se acelera el pulso y la respiración, se cambia la voz, además existen cambios neurales y biológicos evidenciados en la mayor actividad de las glándulas sebáceas y sudoríparas.

    Por lo general en estas edades los jóvenes duermen sin demasiada dificultad, tienen buen apetito y por regla general constituyen personas muy felices. Tienen un sentido ético más definido que en épocas anteriores, les gusta meditar antes de tomar una decisión y si se equivoca reconoce que suele ser por no haberlo meditado suficientemente, la mayoría reconocen la importancia de la higiene personal. Las mujeres suelen ser en extremo muy aseadas, se cuidan el cabello, las uñas, la forma de vestir, de caminar, de sentarse, preocupándose constantemente por su apariencia personal, mientras los varones cuidan mejor su cabello, su cutis y el físico.

    Por otra parte, los órganos genitales han alcanzado prácticamente el tamaño adulto, se halla en vías de desplazarse hacia patrones de actividad sexual estable.

    En cuanto al desarrollo de las capacidades físicas en la etapa comprendida entre los 15 y 18 años aproximadamente, tiene lugar algunas modificaciones importantes en el desarrollo motriz para ambos sexos.

    Volkov y Fillin (1989) consideran que durante este período mejora la coordinación de los movimientos notablemente, se desarrollan los procesos de inhibición y excitación, la misma es considerada como una etapa ideal para el desarrollo de la fuerza muscular, sin embargo, se plantea que el desarrollo de la rapidez alcanza ritmos de crecimiento moderado, no obstante a ello, la juventud es considerada como una fase idónea para incrementar el desarrollo físico general en cada sujeto.

    En una reciente investigación realizada a estudiantes de preuniversitario y de la enseñanza politécnica entre los 15 y 18 años de edad, se observo un desarrollo armónico y progresivo en algunas capacidades físicas, en el caso del sexo femenino entre los 15-16 años, donde se evidenció fases de desarrollo adecuado en capacidades tales como, la rapidez de reacción y traslación, y la fuerza explosiva, etc., mientras en el sexo masculino se ha observado un desarrollo genérico en capacidades tales como la resistencia anaerobia y aerobia, la rapidez de reacción y traslación, la fuerza explosiva, la resistencia a la fuerza, la movilidad articular de la columna vertebral y en las capacidades coordinativas.

    A modo de conclusiones se puede afirmar que es la juventud, una etapa donde se incrementan las potencialidades de desarrollo físico del hombre y con ello las posibilidades de desarrollar la mayoría de las capacidades físicas, independientemente de que no todas las capacidades físicas crecen de igual manera durante todo el período en que trascurre el mismo, sin embargo, no es menos cierto, que si durante éstas edades se estimula de forma pedagógicamente y con un carácter organizado todo el proceso de desarrollo de las mismas, entonces se pueden alcanzar resultados muy elevados en la condición física de los jóvenes.

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EFDeportes.com, Revista Digital · Año 17 · N° 176 | Buenos Aires, Enero de 2013
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