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¿Cómo abordar la dimensión técnica en fútbol base? Reproducción versus

adaptación, mecánico versus inteligente, variedad versus variabilidad

 

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Universidad Autónoma de Madrid

con especialización en Metodología de Alto Rendimiento en Fútbol por la Universidad de Oporto, Portugal

Diplomado en Magisterio de Educación Física. Universidad Autónoma de Madrid

Máster en Innovación, Evaluación y Calidad en Educación Física. Universidad Autónoma de Madrid

Coordinador de fútbol base del C.F. Liceo Sport

Rubén Sánchez López de Toro

ruben.football@hotmail.com

(España)

 

 

 

 

Resumen

          La observación de entrenamientos en fútbol base sigue mostrando una clara predominancia de metodologías ligadas al modelo analítico (técnico), en detrimento de otras metodologías alternativas. Son ya más que evidentes, las grandes limitaciones que encierra el modelo técnico cuando tratamos de formar futbolistas. Dicho modelo técnico toma como epicentro la dimensión técnica, mientras que los modelos y perspectivas más alternativas se preocupan por enfatizar la importancia de la dimensión táctica. Esto nos lleva a cuestionarnos el papel de la dimensión técnica en estas perspectivas alternativas. Es evidente que toda acción de juego en fútbol es mucho más que una mera ejecución, pues el contexto de juego está cambiando cada segundo y no existe, a priori, una situación igual a otra. Pensamos entonces, que la adaptación del jugador a este contexto, es la clave para operar con éxito en deportes colectivos, como es el fútbol; y para ello, vemos necesario utilizar un tipo de enseñanza que contribuya a la formación de jugadores inteligentes, con la capacidad de aplicar la técnica adquirida a las distintas situaciones de juego. En este sentido, el entrenador deberá preocuparse por potenciar este tipo de situaciones de enseñanza y ofrecer el suficiente tiempo de práctica a sus jugadores para la consecución de los objetivos de entrenamiento planteados.

          Palabras clave: Fútbol. Técnica. Adaptación. Variabilidad. Talento.

 

 
EFDeportes.com, Revista Digital. Buenos Aires, Año 16, Nº 163, Diciembre de 2011. http://www.efdeportes.com/

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1.     Introducción

    “Lo que en los toros se llama casta, en los futbolistas se llama clase. Hay toros con casta, mucha casta, y futbolistas con clase, mucha clase. Otros, en cambio, son ganado morucho, carne de matadero, reses de saldo y liquidación por fin de temporada. La casta, en los toros, no es bravura o, al menos, no es sólo la bravura. Con la clase en los futbolistas pasa igual.”(Cela, C.J., 1963:37)

    Teniendo en cuenta las palabras de Camilo José Cela, sustituyamos el término “clase” por el término “técnica”, y tendremos nuestro punto de partida. Se puede pensar que la habilidad técnica de un jugador es la ejecución biomecánicamente ideal del gesto técnico al que se aspira (Grosser y Neummaier, 1986) o podemos intuir que es algo más que eso, si tenemos en cuenta el contexto de juego.

2.     Reproducción vs Adaptación

    Garganta (2001a) nos dice que, mientras algunos autores confieren a la técnica un sentido ideal y abstracto, otros defienden la importancia de su faceta dinámica, adaptativa y relacional. Para estos últimos, la técnica no comprende sólo el “saber hacer”, sino el “saber hacer” y el “saber en qué momento del juego hacerlo”. Esto es lo que Rink (1985) citado por Garganta (2001a) denomina dimensión adaptativa, refiriéndose a la aplicación de la técnica. Según Frade (1985:9) existe la técnica que el (des)entrenador “inyecta” y hay una técnica que los jugadores conquistan. Es decir, reproducción versus adaptación.

    Es evidente que, poco o nada tiene que ver una clase de iniciación deportiva de fútbol en la escuela, con un entrenamiento de un equipo de fútbol base. Cuando trabajamos en este último contexto, los niños y niñas ya tienen cierto dominio de las habilidades y principios específicos del fútbol; por lo que se hace todavía más necesario, utilizar un tipo de enseñanza en el que la aplicación de la técnica en juego sea el común denominador de las tareas. Aplicar la técnica es considerar la dimensión técnica en subordinación a los aspectos tácticos, dado que aquella no puede perfilar los trazos dominantes del juego (Garganta, 1983, 2001b; Fradua, 2001). Si en cualquier acción que el jugador realiza el primer problema que se presenta es de naturaleza táctica (Garganta, 1996:67; 1998; Garganta y Pinto, 1997), debemos suponer que toda acción técnica en juego, es eminentemente táctica. Esta afirmación apunta en el sentido de que para abordar el aprendizaje de la técnica es necesario discriminarla a partir de las características propias de la modalidad deportiva que estemos enseñando (Seirul·lo, 1987); y en este caso, la apariencia simple de un partido de fútbol, esconde un fenómeno que se asienta en una lógica compleja (Garganta, 2005). Tal lógica compleja, es permisiva y a la vez, exigente. Permite una gran diversidad de somatotipos en los jugadores; pero exige inteligencia, y cada vez más; y ahí es donde reside su singularidad.

3.     Mecánico (Automatización) vs Inteligente (Concentración)

    Parece claro hasta ahora que, la enseñanza o entrenamiento de la técnica en el fútbol, no debe restringirse a los aspectos biomecánicos, sino atender sobre todo a las imposiciones de su adaptación inteligente a las situaciones de juego (Garganta, 2002). Dewey (1989) nos dice que la habilidad o destreza práctica y las modalidades de eficacia técnica sólo pueden utilizarse inteligentemente, es decir no mecánicamente, cuando la inteligencia ha desempeñado algún papel en su adquisición. Sin embargo, la tradición nos muestra precisamente lo contrario, pues nos han dicho que primero hay que automatizar el gesto para después poder pensar, si hemos automatizado el gesto y después pensamos, ¡ya la hemos liado! (Seirul·lo, 2005). Por estas razones, uno de los aspectos que debe ser mostrado a los chicos y chicas como crucial en el desarrollo de su inteligencia de juego como jugadores de fútbol, es estar permanentemente concentrados en las tareas, y en los partidos. Es necesario trabajar sobre esta capacidad de concentración de los jugadores, pues como apunta Santiago Coca (2002) el hecho de trabajar constantemente en concentración y estar atento al juego, produce un estado de tensión emocional, primordial en el desarrollo de la inteligencia, y por tanto, en el desarrollo de jugadores inteligentes. Reforzando esta idea, Frade (2010:132) sostiene que trabajar en concentración nos permite estar aptos para pensar rápido y bien, a la vez que, mantiene la eficiencia de los comportamientos en contextos de mayor presión e intensidad de juego, donde el tiempo para pensar es menor. Según De Freitas (2004:85), la mejor forma de potenciar esa concentración táctica es a través de especificidad en el entrenamiento.

4.     Variedad vs Variabilidad

    Por otro lado, según Seirul·lo (2005) no tenemos que entrenar en los deportes de equipo sobre el automatismo y sí sobre la variedad. No sabemos con seguridad, como entiende Seirul·lo este último término. Garganta (2010a) defiende la utilización de la variabilidad, en detrimento de la variedad, trabajando con pocas tareas y múltiples variantes, en lugar de trabajar con muchas tareas diferentes. Esto también quiere decir, pocos objetivos de entrenamiento muy trabajados y no muchos objetivos poco trabajados. Luis Fradua (1997:124) destaca que la correcta elección de aquellos juegos interesantes que provoquen los comportamientos deseados y otros nuevos, por supuesto, es más productivo que la utilización de un número excesivo de ellos, sin tiempo para ser comprendidos. Rui Faria (2011) apuntala estas ideas en el campo práctico al expresar en su primera temporada en el Real Madrid que, “siempre estamos preparando nuevos ejercicios, pero manteniendo el objetivo”.

    Por tanto, parece que la repetición sistemática en situaciones variables, crea hábitos en el jugador, pues éste “automatiza pensando”. Es una adaptabilidad al contexto y no una reproducción de modelos, es decir, la idea pasa por “repetir sin repetir” (Garganta, 2006b). Jorge Castelo (2009:217) nos muestra que, para presionar los mecanismos de adaptación funcional del jugador, es necesario aplicar ejercicios conceptualizados, que deben ser frecuentemente repetidos. Esto conduce a reforzar la resistencia al olvido, mejorar la capacidad de discriminación y potenciar el efecto de transferencia. Por otra parte, Tamarit (2007:58) afirma que, el hábito que pretendemos crear en el jugador, a través de la repetición sistemática, debe ser intencional y contextualizado al modelo de juego pretendido.

    Para finalizar, vemos necesario la utilización de ruedas de pases (en contexto técnico-táctico) al inicio de las sesiones, con intención de calentar, a la vez que trabajamos la técnica de los jugadores. Este tipo de tareas son oportunas principalmente por dos razones:

  • Contribuir en la manutención de aquello que Marina (1995) denomina como “memoria muscular”, ya que los músculos olvidan y la mente pierde confianza (Oliveira, 2011). Según Arjol (2008) esta memoria convierte el proceso de emitir repuestas en automático, desencadenándose fundamentalmente a partir de un estímulo visual.

  • Mejorar la utilización del pie no dominante. Es necesario usar este tipo de situaciones, pues en el juego real, un zurdo cerrado escasamente utilizará su diestra. De acuerdo con este planteamiento, se sabe que, la capacidad para ejecutar una habilidad técnica influencia la tendencia para elegirla como opción táctica en la situación de juego (French et al., 1996; Starkes y Ericsson, 2002; citados por Garganta; 2006a)

Algunos ejemplos de tareas en contexto técnico-táctico

  1. Pared: Desmarque de apoyo y desmarque de ruptura (juego a 2)

  2. Juego en profundidad: Desmarque de apoyo y de ruptura (juego a 3)

  3. Desmarque de apoyo en forma de cobertura ofensiva (para ataque posicional)

Modificar los elementos estructurales (número de jugadores, número de balones, tamaño del espacio de 

juego, estructura del espacio -cuadrado, rombo, triángulo-) para disminuir o elevar la dificultad de la tarea.

5.     Conclusión

    Pensamos que los grandes clubs deportivos deberían parar de buscar talentos y preguntarse cómo formar jugadores de fútbol, pues por mucho talento que tenga un niño, sólo será jugador de fútbol después del entrenamiento. La cuestión por tanto, no debería de ser ¿cómo detectar talentos?, sino ¿qué condiciones crear para que los talentos puedan despuntar? (Garganta, 2007, 2010b)

    A partir de esta idea, hemos querido reflejar las condiciones que debemos tener en cuenta a la hora de trabajar la dimensión “técnica” en fútbol base. Hemos mostrado la importancia que supone la selección de tareas que enfaticen la aplicación de la técnica en juego, otorgando a la dimensión táctica la dirección del proceso; y hemos resaltado el gran papel que adquiere la concentración durante el juego, con el fin de contribuir a la formación de jugadores inteligentes.

    Aunque todavía debemos considerar un éxito el que un club, equipo técnico o entrenador cuente con una programación por objetivos en la cual se proyecten las ideas comentadas; es necesario manifestar que las programaciones deberían contener objetivos claramente definidos, cuya consecución pase por otorgar el suficiente tiempo de práctica a los jugadores. De este modo, consideramos que la variedad de objetivos y tareas debe dar paso a la variabilidad, es decir, tener pocos objetivos y tareas (con múltiples variantes) muy bien trabajadas, a tener una gran cantidad de objetivos y tareas poco trabajadas y sin una conexión lógica.

Referencias bibliográficas

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