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Contribución del judo al desarrollo de las competencias básicas

 

*Diplomado en educación física, Universidad de Oviedo

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte

Universidad de León. Cinturón Negro 1º Dan de Judo

Alejandro Carriedo Cayón

acarriedoc@hotmail.com

(España)

 

 

 

 

Resumen

          Las competencias básicas son aprendizajes que la vigente ley orgánica de educación considera imprescindibles, estos deben ser adquiridos al finalizar el periodo de la enseñanza básica, por lo que es tarea de la educación primaria lograr su desarrollo. El presente artículo propone la enseñanza y aprendizaje del judo dentro del área de educación física como medio de contribución al desarrollo de las ocho competencias básicas enunciadas en la vigente Ley orgánica 2/2006, de 3 de Mayo, de educación (LOE).

          Palabras clave: Competencias básicas. LOE. Judo. Educación primaria.

 

Abstract

          Core competences are learnings considered as essential by the Organic Law of Education and must be accomplished at the end of the period of basic education, the development of these competences is the primary task of this period. This article proposes the teaching and learning of judo in the area of physical education as a means of contributing to the development of basic competences set out in the current Organic Law 2 / 2006, dated May 3, education (LOE).

          Keywords: Core competencies. LOE. Judo. Primary education.

 

 
EFDeportes.com, Revista Digital. Buenos Aires, Año 15, Nº 154, Marzo de 2011. http://www.efdeportes.com/

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Introducción

    El objeto del presente articulo es dar a conocer el alto valor educativo que reside en el judo a través de su más que notable contribución al desarrollo de las nuevas competencias básicas referidas en la actual Ley Orgánica de Educación (LOE). Pretendo animar a los maestros de educación física a que introduzcan el judo dentro de la programación didáctica y a que se atrevan a impartir una unidad didáctica sobre esta actividad física tan enriquecedora a nivel motriz, cognitivo y moral.

    Uno de los cambios que supuso la implantación de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de Mayo, de educación fue la introducción de las llamadas competencias básicas, extensamente descritas en el Real Decreto 1513/2006, de 15 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas de la educación primaria (RDEEMM 1513/2006).

    Se denominan competencias básicas (en adelante CC.BB.) a aquellos aprendizajes que se consideran imprescindibles, desde un planteamiento integrador y orientado a la aplicación de los saberes adquiridos. Son competencias que debe haber desarrollado un joven o una joven al finalizar la enseñanza obligatoria para poder lograr su realización personal, ejercer la ciudadanía activa, incorporarse a la vida adulta de manera satisfactoria y ser capaz de desarrollar un aprendizaje permanente a lo largo de la vida. Permiten que los estudiantes integren los aprendizajes adquiridos durante su etapa escolar, para utilizarlos de manera efectiva cuando les resulten necesarios en diferentes situaciones y contextos.

    En resumen, son aprendizajes que se consideran indispensables para que los alumnos puedan valerse por si mismos en el mundo real, es decir fuera del colegio.

    En el RDEEMM 1513/2006 leemos: “Cada una de las áreas contribuye al desarrollo de diferentes competencias y, a su vez, cada una de las competencias básicas se alcanzará como consecuencia del trabajo en varias áreas o materias”. En el presente artículo expondré las posibilidades con las que cuenta el judo para contribuir al desarrollo de todas las competencias básicas enunciadas en el citado real decreto, lógicamente dentro del área de educación física.

    En el RDEEMM 1513/2006 se identifican ocho competencias básicas:

  1. Competencia en comunicación lingüística.

  2. Competencia matemática.

  3. Competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico.

  4. Tratamiento de la información y competencia digital.

  5. Competencia social y ciudadana.

  6. Competencia cultural y artística.

  7. Competencia para aprender a aprender.

  8. Autonomía e iniciativa personal.

    También se indica la necesidad de iniciar su desarrollo al comienzo de la escolarización, de manera que su adquisición se realice de forma progresiva y coherente.

    El judo es una actividad física adecuada para cualquier edad por lo que simplemente habrá que adaptar los contenidos al nivel de desarrollo evolutivo de los alumnos en cada ciclo de la educación primaria.

    Como podremos ver a lo largo de este articulo, el judo esconde multitud de posibilidades educativas, que legislativamente hablando pueden contribuir al desarrollo de aspectos reflejados en la LOE, tales como objetivos generales de etapa, de área, interdisciplinariedad y educación en valores (antiguos temas transversales). También puede ser altamente beneficioso para el desarrollo de las competencias básicas.

Problemática

    Desgraciadamente, el judo no suele tenerse en cuenta a la hora de elaborar una programación didáctica. Espartero y Gutiérrez (2004) han constatado que las actividades de lucha son poco utilizadas por el profesorado de educación física y, por lo tanto prácticamente desconocidas por la mayoría del alumnado. Llegan a esta conclusión mediante un estudio de Gutiérrez y cols. (2002) llevado a cabo en las universidades de León y Valencia, para conocer las experiencias previas de practica de judo y otras actividades luctatorias, por parte de los alumnos matriculados en el primer ciclo de la Licenciatura en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, pues tan solo un 2% declaró haberlas practicado dentro de la enseñanza reglada.

    Esto puede atribuirse a ciertas complicaciones que aparecen al intentar introducir estas actividades en un centro educativo. Además de sufrir carencias en recursos materiales e instalaciones adecuadas en muchos centros docentes, Carratala señala la falta de organización, estructuración y sistematización de los contenidos. Otros autores como Villamón (1999) y Castarlenas (1990) añaden la falta de formación del profesorado.

    Por si fuera poco, estas actividades pueden sufrir cierta marginación a la hora de ser incluidas en un programa escolar, por la creencia de que se trata de una práctica agresiva y peligrosa, en la que se establecen relaciones de enfrentamiento en las cuales no existe colaboración, suponiendo una oposición que puede ser percibida incluso como violenta. Hay quien justifica esta postura, en el modelo del aprendizaje social de Bandura (1984), el cual predice que “la exposición a actos hostiles sirve para aumentar la hostilidad”. Por ello, hay quien piensa que el carácter luctatorio de las artes marciales podría desarrollar en los niños un carácter agresivo. Sin embargo Daniels y cols. (1992) aseguran que el entrenamiento en artes marciales sirve para reducir la hostilidad agresiva, y esta se reduce en mayor medida cuantos más años se lleve practicando una disciplina del Budo (por ejemplo judo, karate, aikido...). Es más, en multitud de leyendas Asiáticas podemos observar la enseñanza de que las artes marciales ayudan a canalizar la agresividad y a reprimir la violencia, un buen ejemplo se ve en “La leyenda del samurai y el pescador” (Kim, 1974). Asimismo podemos contribuir con la competencia cultural y artística mediante la narración de estas leyendas tan enriquecedoras.

    Por otro lado la colaboración entre practicantes es un requisito indispensable para la consecución de cualquier habilidad, pues la progresión de ambos viene pareja (incluso me atrevo a decir que la mejora de nuestro compañero repercute en una mayor seguridad para nosotros mismos). Jigoro Kano (creador del judo) lo refleja mediante el enunciado de su 2º Principio “prosperidad y beneficio mutuos”, que como desarrollaré más adelante, contribuye con varias CC.BB., especialmente con la social y ciudadana.

    Respecto al pensamiento de que el judo es una actividad peligrosa, precisamente, una de las preocupaciones de Kano, era la seguridad, pues entre otras consideraciones eliminó las técnicas del ju-jutsu1 que estimó peligrosas, reduciendo las distancias mediante el agarre. Incluso en la actualidad se mantiene su espíritu, pues la (FIJ) Federación Internacional de Judo, modifica constantemente el reglamento en aras de la seguridad. Quienes conocemos el judo, sabemos que es muy distinto a lo que normalmente se piensa. Las lesiones no son más frecuentes ni graves que en otros deportes y, al igual que en estos, normalmente son causadas por la mala suerte.

    A pesar de las dificultades encontradas, muchos coinciden en que el judo produce mejoras a nivel físico y psicomotor, a nivel cognitivo, afectivo, social y ético (Espartero y Gutiérrez, 2004; y Carratalá), por lo que parece una actividad muy indicada dentro del contexto escolar. Adicionalmente de su contribución al desarrollo de las CC.BB., es capaz de educar en valores, los cuales están presentes en toda la Ley Orgánica de Educación.

¿Qué es educar en valores?

    La educación en valores de la LOE (antiguos temas transversales de la LOGSE), tienen como objetivo proporcionar a los alumnos una formación en el plano ético y moral. Con el judo, no solo pretendemos adquirir una serie de destrezas físicas, si no que buscamos el desarrollo de valores y actitudes. Este objetivo es pretendido dentro de dojos2 y gimnasios privados, por lo que no cabe la menor duda de la posibilidad de aplicación en un contexto educativo reglado.

    Villamón y Brouse (2002) relacionan el judo con los siguientes temas transversales (LOGSE).

  • Educación para la paz.

  • Educación para la igualdad de oportunidades.

  • Educación moral y cívica.

    En el presente articulo se mostrará que el judo puede contribuir a los siguientes valores reflejados en la LOE.

  • Paz.

  • Salud.

  • Respeto.

  • Tolerancia.

  • Responsabilidad

  • Justicia.

  • Solidaridad.

  • Igualdad.

Contextualización del judo

    Un hecho que incluso pasa desapercibido por la mayoría de practicantes de judo es según Espartero y Villamón (2009), la génesis de su creación, cuyo fin y objetivo era principalmente educativo. Podríamos decir que originalmente el Judo se ideó como un método de educación física, adelantándose mucho a su tiempo ya que entre otros objetivos pretendía crear una alternativa a la gimnasia3.

    Actualmente el judo es comúnmente conocido como un deporte. A esto se ha llegado por motivos de institucionalización deportiva occidental o según Espartero y Villamón (2009), fundamentalmente por motivos sociopolíticos. Esto conlleva la perdida de la filosofía de Jigoro Kano y reduce este autentico método pedagógico, al conocimiento de unos pocos practicantes. Su creador pretendía establecer un método que formara en valores a las personas, desarrollando en la misma línea la mente y el cuerpo, lo que hoy conocemos como una educación integral. La LOE a través de las CC.BB. pretende un carácter integrador de estos aprendizajes, aunando conceptos, procedimientos y actitudes, aspirando a que lo aprendido en el colegio sea útil fuera de él, es decir en la vida real. Jigoro Kano ya anhelaba conseguir estos objetivos en 1882 cuando fundó el Kodokan (escuela para estudiar el “camino”4). Concibió una actividad física, que desarrollaba el cuerpo de manera integral, imaginó un método educativo y una filosofía de vida con la propia creación de dos principios: “Máxima eficacia en el uso de la energía vital 5 y “bienestar y beneficio mutuos”.

    El propio Kodokan pretendía ser un emplazamiento donde impartir una educación general para el individuo. Inconscientemente, esto se mantiene a pesar del carácter predominantemente deportivo que le caracteriza en la actualidad. Observamos que, cuando los niños van a practicar judo, se dice que acuden a “clases” de un “profesor”, mientras que en otros deportes se habla de entrenamientos con monitores o entrenadores. Su origen educativo se ha transmitido inconscientemente a occidente gracias a la figura del “maestro” que en oriente, es algo más que un título administrativo. Un maestro de judo no se limita a enseñar técnicas para ganar combates, en realidad es un educador capaz de guiar hacia el camino correcto, inculcar valores morales y transmitir un estilo de vida. Para el maestro Shu-Taira (2010), la base de toda educación reside en el respeto. Actualmente parece que este valor ha perdido importancia. Gracias a las artes marciales, es posible corregir esa tendencia.

    Por todos estos motivos pretendo recuperar la original concepción educativa del judo para adaptarla al actual sistema educativo Español. No podemos empezar de otra manera que justificándolo a través de la vigente Ley Orgánica de Educación (LOE). Es por ello que propongo contribuir mediante la enseñanza y el aprendizaje del judo al desarrollo de las competencias básicas reflejadas en el curriculo de educación primaria, aspecto muy importante en la formación de los alumnos para su incorporación a la vida real.

Propuesta

    En la LOE aparecen 8 competencias básicas, cada área pretende contribuir con su mayoría a través de los diversos contenidos que se integran en ellas. Propongo contribuir con todas las CC.BB., no dentro de un área, sino a través de la enseñanza del judo, y trataré de relacionar cada CC.BB. conjuntamente con los contenidos, procedimientos y actitudes inmersos en el Judo.

    Lógicamente la práctica del judo se enmarcaría en el área de educación física. Dado que comúnmente es conocido como un deporte, se impartiría dentro del bloque de contenidos juegos y actividades deportivas. El problema que nos encontramos es que en los dos primeros ciclos de primaria los contenidos deportivos apenas se utilizan, dejándose para el 3º ciclo. Por lo que propongo la posibilidad de utilizar el judo en cualquier ciclo, ya que realmente podemos incluirlo dentro de los 5 bloques de contenidos.

Bloque 1.     El cuerpo, imagen y percepción

    Este bloque corresponde a los contenidos que permiten el desarrollo de las capacidades perceptivo-motrices. Pretende adquirir un conocimiento y un control del propio cuerpo que resulta determinante tanto para el desarrollo de la propia imagen corporal como para la adquisición de posteriores aprendizajes motores.

    Una gran variedad de actividades físicas pueden integrase en este bloque, pero dada su naturaleza, el judo puede mejorar considerablemente el sentido kinestésico, mejorando así el esquema corporal del alumno. Saber nuestra posición en el espacio, del “compañero” (no adversario, como se verá más adelante6), todo ello es fundamental para la práctica del judo o de sus juegos asociados, los cuales facilitan la conciencia corporal.

    A la hora de realizar cualquiera de las diferentes técnicas disponibles, el alumno debe conocer donde situar y mantener su brazo derecho, el izquierdo, pies, piernas, rodillas, etc. A su vez debe conocer la situación de todos los segmentos corporales del compañero, y sus posibilidades de movimiento.

    Además como veremos más adelante, el judo es un excelente medio para el desarrollo de las capacidades perceptivo-motrices.

    Ciñéndonos a la legislación, observamos que el judo utiliza muchos de los contenidos descritos en el presente bloque en los tres ciclos de la educación primaria.

Bloque 2.     Habilidades motrices

    En este bloque se pretenden adquisiciones relativas al dominio y control motor. Destacan contenidos que facilitan la toma de decisiones para la adaptación del movimiento a nuevas situaciones.

    En judo se utilizan 3 de las 5 habilidades motrices básicas: Giros (La gamba, giros en el suelo, boca-arriba, boca-abajo, en distintos ejes, volteretas, tai-sabaki, salidas de inmovilizaciones, ataques en el suelo, entradas a proyecciones...), saltos (caídas, volteretas y proyecciones), desplazamientos (el judo dispone de varios tipos de desplazamientos: ayumi-así, tsugi-ashí, suri-ashí).

    La toma de decisiones cobra especial importancia al tratarse de una actividad-deporte de adversario, por lo que el alumno deberá estar siempre preparado para adaptarse y decidir que acción realizar según los movimientos del compañero. Por ejemplo hacer un Tai-sabaki a la derecha si el compañero intenta hacernos un Ippon Seoi nage por la derecha.

    Según palabras de Kano en la conferencia impartida en la Universidad de Southerm California en 1932, bajo el titulo “La contribución del judo a la educación” en el artículo de Gutiérrez y Pérez (2008) podemos leer:

    “Un gran valor del Randori 7 reside en la abundancia de movimientos que proporciona para el desarrollo físico”. “El objetivo de un entrenamiento físico sistemático en Judo no es solamente desarrollar el cuerpo sino permitir que un hombre o una mujer tengan un perfecto control sobre su cuerpo y su mente y hacer que él o ella estén preparados para hacer frente a cualquier emergencia ya sea un simple accidente o un ataque cometido por otros”.

    También se incluyen los contenidos que permiten al alumnado moverse con eficacia. Nos servimos del principio de “máxima eficacia en el uso de la energía y del cuerpo”. A través de él, Kano pretende que el alumno aprenda a utilizar los recursos mínimos para realizar cualquier tarea de la mejor manera posible, es decir que no derroche energía innecesariamente, la cual podrá utilizar posteriormente si no la gasta. Por ejemplo en el randori debemos emplear solamente tanta fuerza como sea necesaria. Enseñanza que puede aplicarse a la vida real (CC.BB.), tal como explica Kano en varios ejemplos durante su discurso (Gutiérrez y Pérez, 2008).

    “Hay no pocos casos en los que las personas fracasan en lo que emprenden simplemente porque van demasiado lejos, no sabiendo cuándo parar y viceversa

Bloque 3.     Actividades físicas, artístico-expresivas

    Incorpora los contenidos dirigidos a fomentar la expresividad a través del cuerpo y el movimiento. Es decir, el lenguaje corporal.

    El judo como el resto de artes marciales, es un arte. No solo es un sistema de defensa basado en el que empleaban los antiguos Samuráis. Muchas actividades orientales son verdaderos artes, dotados de una estética y belleza visual como pocas. El lenguaje corporal en judo se hace muy importante, así desde el propio comienzo de la clase, durante el saludo, se debe mantener una actitud y una expresión de nuestro cuerpo acorde con lo que la tradición requiere.

    Además con el aprendizaje de la Kata (no se suele enseñar en edades tan tempranas) podemos realizar unas auténticas coreografías. Si no nos atrevemos a hacer una “coreografía” estilo Kata, podemos optar por una representación grupal8 con diversas técnicas y habilidades de judo ensayadas por los alumnos, la cual no es muy diferente al típico baile o aeróbic desarrollado en las unidades didácticas de este bloque de contenidos.

Bloque 4.     Actividad física y salud

    Incluye los conocimientos necesarios para que la actividad física resulte saludable.

    Combatir el sedentarismo infantil debe ser una prioridad de cualquier gobierno, y ante la creciente expansión de esta nueva enfermedad, debemos crear en los niños hábitos saludables y proponerles un abanico de actividades físicas que les desarrollen integralmente. Son indudables los efectos positivos, que ciertas actividades físicas ejercen sobre la salud, sin embargo existen algunos deportes demasiado analíticos que tan solo inciden en una parte del organismo. El judo puede presumir de incidir en cada órgano y sistema pues las cuatro capacidades físicas básicas y sus manifestaciones tienen mucha importancia en la realización de esta actividad.

    El principio de “máxima eficacia en el uso del cuerpo y la mente”, puede ser aplicado en otros ámbitos de la actividad humana. Una vez mas, beneficiándonos de este principio, podemos mejorar el cuerpo, que junto con las mejoras en el régimen alimenticio, se hará más fuerte, sano y útil para la vida real (CC.BB.), también es un apoyo para una educación moral y mental. Según Kano (1932) “esto es lo que constituye la educación física”.

    El judo como arte marcial nos deja el legado de sus más ancianos practicantes, los cuales se mantienen en forma saludable durante toda su vida gracias a la diligencia en su práctica. La práctica de artes marciales puede preservar la salud y lograr una vejez más “juvenil”. Katsumi Murakami (2008) de 82 años aun se mueve como un hombre joven, debido a su diligencia en el seguimiento de las artes marciales como disciplinas físicas, mentales y espirituales. (92-85-88-82-85-89-86 y 93 años son los que aguantaron en perfectas condiciones algunos compañeros suyos de las artes marciales.

Bloque 5.     Juegos y actividades deportivas

    Presenta contenidos relativos al juego y a las actividades deportivas, entendidos como manifestaciones culturales de la motricidad humana. Debe tenerse en cuenta el valor antropológico y cultural del juego. Destaca también la importancia de los contenidos en los aspectos de relaciones interpersonales con la propuesta de actitudes dirigidas hacia la solidaridad, la cooperación y el respeto a las demás personas.

    El judo, desde su incorporación al movimiento Olímpico, se ha mantenido fiel a los estatutos de la carta Olímpica, pero no solo destaca como actividad deportiva, si no que resulta ser una manifestación cultural de alto nivel, pues invita a los alumnos a adentrarse dentro de la cultura asiática, implicándose en mayor o en menor medida en todos los aspectos relacionados con la filosofía que envuelve a las artes marciales y a las tradiciones de estos países orientales (competencia cultural y artística).

    La solidaridad y la cooperación, tan mencionados en los deportes, son valores que encontramos reflejados en el otro principio del judo “prosperidad y beneficio mutuos”, que, en resumen, podríamos decir que predica la necesidad de la ayuda y la colaboración mutuas para lograr un mayor beneficio. El progreso de nuestro compañero siempre repercutirá positivamente en nuestra seguridad.

Contribución del judo al desarrollo de las competencias básicas

    Paso ahora a intentar mostrar como el judo puede contribuir con cada una de las competencias básicas formuladas en el Real Decreto 1513/2006, de 15 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas de la educación primaria (RDEEMM 1513/2006).

1.     Competencia en comunicación lingüística

    Al igual que el área de educación física, el judo contribuye a esta competencia, ofreciendo gran variedad de intercambios comunicativos, del uso de las normas que los rigen y del vocabulario especifico, el cual puede ser empleado en otros contextos. Al aprender el nombre de las diversas técnicas de judo, estamos conociendo verdaderas palabras Japonesas, que promueven el intercambio cultural. Además de las palabras técnicas como O goshi (gran cadera), o yoko (lateral), etc... podemos introducir palabras coloquiales como “konichiwa” (hola), “sayonara” (adiós) o “arigato” (gracias) en las clases, las cuales interesan mucho a los niños, desarrollando nociones de un lenguaje de otro continente y cultura (también competencia artística y cultural).

    El conocimiento de las partes del cuerpo es fundamental para progresar en judo, pues los alumnos deben discernir entre piernas, brazos, muñecas, antebrazos, rodillas, espalda... para poder realizar las diversas técnicas correctamente.

    El RDEEMM 1513/2006 manifiesta que “el lenguaje debe ser instrumento para la igualdad, la construcción de relaciones iguales entre hombres y mujeres, la eliminación de estereotipos y expresiones sexistas”.

    En judo podemos evitar estas expresiones, pues todo el lenguaje empleado en las clases carece de género. Los alumnos y alumnas dejan de ser llamados así, pasando a ser referidos como ukes y toris (uke será el que reciba la acción, independientemente de si es niño o niña y tori es el que la ejecuta).

    Una contribución más novedosa es la del “Judo Verbal”. Que es un sistema de comunicación basado en los principios del Judo: utilizar la energía del oponente para manejar las situaciones. Posee un conjunto de principios y tácticas para generar sumisión voluntaria en situaciones tensas como ante un sospechoso hostil o un ciudadano alterado. Está poniéndose muy de moda entre los miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad, pero su enseñanza podría ser perfectamente aplicable dentro de un centro educativo. Puede ser una alternativa o complemento para los programas de mediación escolar que tan buenos resultados están dando en algunos centros educativos para la resolución de conflictos.

    Gutiérrez y Pérez (2008) revelan que numerosos programas de psicoterapia e inserción social se nutren de los principios y la practica del judo para resolver conflictos y canalizar la agresividad. La utilidad de este aprendizaje no necesita aclaración.

2.     Competencia matemática

    En el RDEEMM 1513/2006 observamos que esta competencia entre otras cosas pretende “la posibilidad real de utilizar la actividad matemática en contextos tan variados como sea posible”. Sin embargo el presente real decreto no hace alusión alguna a su contribución dentro del área de educación física.

    Al igual que en las sesiones de educación física, en las clases de judo esta competencia aparece en multitud de ocasiones. Podemos llevar la teoría de la clase de matemáticas a un lugar físico y real (los números, el orden, la sucesión, las operaciones básicas y las formas geométricas que aparecen en los juegos y técnicas de judo, la estructuración espacial y espacio-temporal).

    Por poner algunos ejemplos, cuando indicamos la repetición de un ejercicio un número de veces (contar) o la formación de grupos de una forma determinada (figuras geométricas), cuando decimos que caigan en la mitad del tatami o que se sitúen a 1 metro de cada compañero (distancias y medidas), agarrar la solapa por la mitad o en el tercio superior (fracciones), en inmovilizaciones si pueden escapar antes de 15 segundos o aguantar al compañero más de 15 segundos (unidades de tiempo).

    En competición, la cual puede introducirse progresivamente según avanzamos de curso, aparece la duración de los combates (unidades de tiempo) y un sistema de puntuaciones y penalizaciones, adaptado a las etapas infantiles, en las cuales, si un alumno o competidor, quiere saber que necesita hacer para ganar el combate deberá emplear sumas y restas: “quedan 10 segundos y tengo 5 puntos, el contrario tiene 15, por lo que tengo que intentar una técnica de 10 para empatar (15-5=10), una de 5 puntos no me valdría”. Cada tipo de habilidad obtiene una puntuación diferente9). Por ejemplo en la Federación Madrileña, para ganar hay que sumar 20 puntos, los cuales pueden lograse de diferentes maneras (cada Yuko 5 puntos, cada waza-ari o ippon son 10 puntos, en inmovilizaciones de 6 a 14 segundos son 5 puntos y de 15 segundos son 10 puntos). Se establece un sistema de puntuación que el participante deberá conocer y aplicar ciertos conocimientos matemáticos si quiere saber su estado durante el combate.

3.     Competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico

    Nos encontramos con la competencia más importante del área de educación física, la cual contribuye especialmente a su desarrollo, mediante la percepción e interacción apropiada del propio cuerpo, en movimiento o en reposo, en un espacio determinado mejorando sus posibilidades motrices. Se contribuye también mediante el conocimiento, la práctica y la valoración de la actividad física como elemento indispensable para preservar la salud.

    El judo contribuye mediante el control del propio cuerpo, con aspectos referidos a las habilidades asociadas al movimiento y convivencia en un espacio físico concreto y sobre todo a la salud asociada a su práctica.

    Según las teorías sociológicas del riesgo y de la sociedad del riesgo, las cuales comunican los “peligros” que acechan a la sociedad, Looser (2006) explica cuatro motivos por los que las personas deciden iniciar un entrenamiento en artes marciales. El primero suele ser buscar seguridad (autodefensa), el segundo por motivos de salud y estado de forma, el tercero para buscar la pertenencia y el soporte social y por último para buscar un significado y propósito en la vida. Muchos abandonan su práctica, pero los que deciden continuar, suelen hacerlo tanto por motivos de salud como filosóficos. El estilo de vida que plantean las artes marciales, puede ser enseñado a través del judo y aunque es muy difícil transmitir su mensaje en tan solo una unidad didáctica, podemos dar a conocer su filosofía y recordarla cuando sea oportuno durante el resto del año o de los cursos siguientes.

    La percepción del peligro físico por agentes externos es constante en nuestras vidas. Podríamos incluir algunas nociones básicas de defensa personal en el tercer ciclo, pero siempre dejando bien claro el concepto de “defensa personal”.

    Como en todas las competencias básicas, pretendemos que los aprendizajes sean transferibles y utilizados en la vida real por los alumnos. El judo contribuye de manera especial mediante el aprendizaje de las caídas. Estas aportarán una mayor seguridad a todas las actividades que el niño realice, y en caso de sufrir un accidente que le haga caer al suelo, sabrá minimizar los daños. No se me va a olvidar nunca la satisfacción que sentí cuando un alumno me dijo que le habían empujado en el patio y se había caído al suelo tal como habíamos aprendido en clase, recalcándome que había evitado el tan peligroso golpe en la cabeza (Ushiro Ukemi).

    La LOE declara: “Esta competencia proporciona, además, destrezas asociadas a la planificación y manejo de soluciones técnicas, siguiendo criterios de economía y eficacia, para satisfacer las necesidades de la vida cotidiana y del mundo laboral”

    El principio de “máxima eficacia en el uso de la energía vital” enunciado por Kano y más desarrollado en la competencia social y ciudadana es muy útil y aplicable en este contexto.

4.     Tratamiento de la información y competencia digital

    Esta competencia pretende conseguir una autonomía en la búsqueda, procesamiento y comunicación de la información hasta su transmisión en distintos soportes una vez tratada, incluyendo las tecnologías de la información y comunicación (TIC) como elemento esencial para informarse, aprender y comunicarse.

    El judo al ser una actividad poco conocida dentro del contexto de la educación física reglada (ver referencia anterior en el articulo de Espartero y Gutiérrez, 2004) podemos utilizar las TICs como ayuda complementaria a nuestras clases de judo, pues el tiempo real del que disponemos se hace muy escaso (montar el tatami, calentamiento, desmontar el tatami...) podemos indicar a los alumnos que busquen información sobre el judo en Internet, su origen, su creador, en que consiste... y mas adelante plantear la posibilidad de que los alumnos busquen videos o información sobre las técnicas que vayamos aprendiendo en clase para lograr un mayor aprendizaje y una mayor dedicación fuera del tatami.

    Otra forma puede ser mediante la elaboración de manera grupal de un cuaderno-manual de judo. Formamos grupos y asignamos a cada uno una técnica concreta, la cual deberán explicar en “nuestro manual de judo”. De esta manera con la inestimable ayuda del teléfono móvil (herramienta tecnológica muy extendida), pueden hacerse fotos de los pasos a seguir para la realización de la técnica. Una vez realizado esto, los alumnos descargaran las fotos en el ordenador y elaborarán una secuencia lógica con explicaciones para que alguien que no sepa nada de judo pueda hacer la técnica.

    Una vez elaboradas todas las técnicas vistas en clase, se reúnen en un manual de judo que cada alumno tendrá. El manual se hará preferiblemente con el ordenador, pero cabe la posibilidad de hacer un mural con los más pequeños.

    Otro modo de contribuir es grabando las técnicas para que el propio alumno pueda ver lo que está haciendo mal y mejorar la ejecución (algunos alumnos tienen serias dificultades de percepción kinestésica) puede hacerse vía teléfono móvil, cámara de fotos o de vídeo.

    Estas propuestas además de contribuir con esta competencia, son altamente motivantes para los alumnos.

5.     Competencia social y ciudadana

    Al igual que el área de educación física, el judo contribuye al desarrollo de esta competencia, pues las actividades físicas y en especial las que se realizan colectivamente son un medio eficaz para facilitar la relación, la integración y el respeto, a la vez que contribuyen al desarrollo de la cooperación y la solidaridad. El judo es comúnmente conocido como un deporte individual de adversario, pero para una mayor contribución con esta competencia, nos basaremos en su enfoque más primitivo, es decir como método educativo en el que surgen infinidad de tareas, tanto individuales, en parejas, en pequeños grupos o en gran grupo.

    Al olvidarnos de la vertiente deportiva, el método de educación física ideado por Kano contribuye de manera especial con esta competencia básica, pues el segundo gran principio del judo kodakan enunciado por su creador, “Jita Kyoei” se traduce en “prosperidad y beneficio mutuos”. Este principio junto con el de “máxima eficiencia en el uso de la energía vital” “Seiryoku zen’yo” muestran la base de la filosofía del judo y de sus posibilidades educativas.

    Uno de los objetivos que llevaron a Kano a idear este método, fue el deseo de conseguir un mundo mejor en el que toda la sociedad fuera solidaria, respetuosa, tolerante, responsable, justa, carente de desigualdades, que viviese en paz y por si fuera poco que conservase o alcanzase un buen estado de salud. Si leemos detenidamente la LOE, podemos observar que todos estos ítems aparecen continuamente de manera implícita. Características que armonizan perfectamente con lo que pretende lograr esta competencia básica, que en definitiva es conseguir buenos ciudadanos libres que vivan armoniosamente en sociedad. ¿Y de que forma pretendía conseguirlo? Mediante el entendimiento del principio de “prosperidad y beneficio mutuos”, que según Gutiérrez y Pérez (2008) “es la concreción del espíritu altruista de Jigoro Kano, el cual no concibe el perfeccionamiento “individual” (de una persona, de un grupo, de una nación, etc.) al margen del perfeccionamiento “colectivo” (de las demás personas, del resto de la sociedad, del país, de la humanidad)”. Kano, en Maekawa y Hasegawa (1963: 8) expone que “Para el verdadero beneficio de uno mismo uno debe tener también en consideración el beneficio de la sociedad. La mas grande prosperidad de uno mismo puede ser lograda a través del servicio de la humanidad”

    Esto enseña que el beneficio individual no es útil a largo plazo, tan solo podremos ser realmente felices si todos lo somos. Si a la hora de obrar tenemos en cuenta el beneficio de los demás (empatía, solidaridad, cooperación...) y todos seguimos este principio se crea un feed-back de prosperidad y beneficios para todos.

    Lo podemos apreciar de manera muy clara durante la practica del judo, en la cual los alumnos siempre deben preocuparse de no hacer daño al compañero, los alumnos de mayor rango deben “cuidar” de los de menor nivel, ayudándoles, aconsejándoles, corrigiéndoles, empleando menos recursos (o fuerza) en los enfrentamientos... En una pareja de entrenamiento el progreso de uno va parejo al del otro, pues si nuestro tori no aprende a proyectar bien (bien porque no queremos que nos tiren al suelo o porque solo queremos proyectar nosotros “egoísmo”) repercutirá negativamente en nuestra seguridad, pues puede proyectarnos mal y hacernos daño.

    La cooperación y ayuda es constante, de hecho la microenseñanza y la enseñanza reciproca son estilos muy utilizados en las clases de judo (los cuales suelen surgir de manera autónoma CC.BB.).

    En judo se elimina el término de adversario o contrario, muy común en otros deportes de oposición, aquí somos todos compañeros, aunque luchemos unos contra otros. Incluso en la competición real, el adversario merece todo nuestro respeto y gratitud por permitirnos practicar con el (de ahí el saludo realizado antes y al final del combate, el cual pertenece al reglamento).

    Para vivir en sociedad, es necesario conocer y aceptar algunos códigos de conducta, el judo puede contribuir a conseguirlos mediante la aceptación de normas (saludar al inicio y final de la clase, mantener silencio en las explicaciones, pedir perdón inmediatamente si causamos daño al compañero, no agarrar del cuello, cara, pelo, golpear...)

    La solidaridad, cooperación, compañerismo, socialización, aceptación de normas son factores muy presentes en la actividad del judo, los cuales son transferibles en la vida real. Mención aparte merece el respeto, (desgraciadamente tan olvidado en nuestra sociedad) a compañeros, al profesor y también a lugares, objetos y conductas, favoreciendo así la tolerancia ciudadana y social.

    Sabemos que las competencias básicas son aprendizajes útiles para la vida real, el propio Kano ya habló de estos aprendizajes en 1932 a través de la conferencia comentada en el artículo de Gutiérrez y Pérez (2008).

    El primer principio del judo “máxima eficiencia en el uso de la energía vital” pretende que los seres humanos hagan las cosas de la mejor manera posible y con el mínimo coste de energía, es decir no malgastar los recursos innecesariamente. Kano nos ilustra el ejemplo de un hombre muy excitado y enojado, el cual está gastando energía (salud) inútilmente, pues su enfado no mejorará la situación, incluso perjudica a los que están a su alrededor, el estudiante de judo debe aprender a erradicar esta conducta.

    Del mismo modo, cuando alguien esta enfadado con nosotros, no debemos gastar energía discutiendo con él para que entre en razón (seguramente nos pondremos a su mismo nivel de excitabilidad), pues no lo hará hasta que se calme, debemos pues esperar a ello y entonces intentar dialogar con esa persona. Una vez más eficiencia en el gasto de la energía

    Debemos comprender que este estado de malhumor no beneficia a nadie, ni a nosotros mismos, ni a las personas que nos rodean. Es más, si pretendemos conseguir la ayuda de alguien que se muestra reacio a proporcionárnosla, no conseguiremos que cambie de opinión enfadándonos, probablemente haremos que reafirme su postura, no solo no conseguiremos nada si no que gastaremos energía inútilmente. Sin embargo si lo intentamos con suavidad y dulzura, tendremos más probabilidades de conseguirlo (la suavidad10 y la dulzura requiere menos energía que el enfado y el malhumor). El judo ayuda a entender este concepto mediante su práctica, pues en un combate, si nuestro oponente esta empleando mucha fuerza (esta muy excitado), nosotros oponiendo mucha fuerza no lograremos vencerle a no ser que nuestra fuerza sea mucho mayor, sin embargo sin utilizar apenas fuerza, podemos derribarle aprovechando su energía en su contra. Podemos “aflojar” nuestra fuerza para que él solo se caiga al suelo. Esta enseñanza se puede enseñar muy bien a los niños a través de la “leyenda del sauce y del roble11” (Uzawa 1981) en la que según distintas versiones, el sauce mediante sus ramas flexibles se despojaba de la nieve, cediendo ante la fuerza que su acumulo causaba; de la otra manera el robusto roble “empleaba toda su fuerza” para resistir el peso que la nieve dejaba en sus fuertes ramas, las cuales terminaban rompiéndose.

    Por lo que en palabras de Kano, “el principio de máxima eficiencia (por lo tanto el judo) nos ayuda en la promoción de la conducta moral”, que es la base de una buena sociedad.

6.     Competencia cultural y artística

    Ante todo lo expuesto, el judo no deja de ser un “arte marcial”, el cual encaja perfectamente con la presente competencia por varias razones.

    Esta práctica surge de los orígenes más remotos del hombre, el cual siempre se ha sentido atraído por la lucha, que es una necesidad para su defensa convertida en espectáculo. La lucha ha sido y es una actividad tradicional en muchas culturas (en Espartero, 1999, podemos ver multitud de ejemplos). Por ello podemos aprovechar la natural inclinación del niño a mantener relaciones de oposición con sus iguales, para que se desarrolle en un marco de seguridad con capacidad para encauzar la agresividad.

    El judo concretamente se relaciona con prácticas realizadas por los antiguos Samuráis del Japón feudal para su defensa en combate sin armas, esta clase social mantenía un elevado código de honor, y este espíritu ha sido legado a través de la enseñanza del arte. Al provenir de una cultura completamente diferente a la nuestra, los alumnos pueden considerar estas actividades como patrimonio de los pueblos, y aprender rasgos de la historia, evolución y la forma de vivir de otras culturas, en este caso la Asiática, la cual deja absorto a aquel que llega a conocerla.

    Su propio nombre lo indica, estamos hablando de un “arte” marcial, y como muchos otros artes orientales, goza de un estatus privilegiado, cuyos conocedores y expertos en él son altamente reconocidos. Lejos de su componente marcial, podemos apreciar su vertiente mas artística mediante la Kata (forma), que junto con el randori (practica libre) forman la base del entrenamiento del judo. La kata en síntesis es un grupo de acciones técnicas realizadas en un orden preestablecido, siguiendo un determinado protocolo. Con ella se pretende fundamentar y preservar la técnica a lo largo del tiempo. No es el contenido ideal en primaria, pues en judokas esta no se llega a practicar hasta los últimos niveles de Kyus (grados conocidos por los cinturones de colores), pero puede tratarse en el 3º ciclo como conocimiento del componente cultural, histórico y artístico del judo. Blas e Idarreta (2002) proponen una unidad didáctica de la Ju-no kata en 1º de bachillerato.

    Otro aspecto a tener en cuenta en el desarrollo de esta competencia es el deporte como fenómeno social y cultural, el cual goza de gran reputación. Podemos aprovechar la vertiente deportiva del judo como medio para conocer otras culturas y deportes practicados en otros países (fuera de España no todo es fútbol).

    Aprovechamos una vez más para contribuir con la competencia social y ciudadana, pues Kano ideó el Judo con unos objetivos, los cuales prácticamente se pueden ir leyendo a la par con los de la carta Olímpica “contribuir a construir un mundo más pacífico y mejor, educando a la juventud a través de la práctica deportiva...”. La Paz mundial y conseguir el beneficio mutuo de todo el mundo, formaba parte de la visión de Kano hace 128 años. Por lo tanto al ser el judo un deporte internacionalmente reconocido, formar parte del movimiento Olímpico y poseer una connotación histórica y artística de gran valor cultural contribuye con la competencia cultural y artística.

7.     Competencia para aprender a aprender

    El judo puede contribuir con esta competencia al igual que el área de educación física, mediante el conocimiento de si mismo y de las propias posibilidades y carencias como punto de partida del aprendizaje motor desarrollando un repertorio variado que facilite su transferencia a tareas motrices más complejas. Los alumnos se establecen metas alcanzables cuya consecución genera autoconfianza. El sistema de cinturones de colores puede motivar a un alumno de un color inferior a aprender tanto como los de mayor grado, por lo que tiene una meta visible (puede ser a corto, medio o largo plazo), la cual ve capaz de llegar algún día. Los grados mas veteranos saben que tienen que seguir en esa línea de aprendizaje y tratar de llegar a ser maestros algún día, siendo conocedores de que el cinturón negro solo se alcanza con mucho estudio y desarrollando un repertorio muy rico de habilidades motrices.

    A medida que se va profundizando en el estudio del judo, los alumnos suelen mostrar inquietudes que les animan a buscar información, comparar su ejecución con videos de Internet, preguntar al sensei (maestro) sobre diversos aspectos del judo, en definitiva les incita a aprender de manera autónoma.

    El planteamiento de tareas-problema tan común en las primeras fases del aprendizaje del judo, hace que los alumnos desarrollen su componente cognitivo descubriendo en algunos casos por si mismos la manera correcta de hacer una técnica (los estilos basados en la enseñanza por búsqueda suelen ser muy efectivos en el aprendizaje del judo-suelo).

    La autoevaluación es común en judo, pues los alumnos suelen saber que nivel tienen y que técnicas les agradan mas, o traducido cuales les salen mejor o peor.

    Otras indicaciones del RDEEMM 1513/2006 con las que podemos contribuir son la conciencia, gestión y control de las propias habilidades que tiene cada alumno para proporcionar ayudas a otros compañeros según estos conocimientos que sabe que tiene, fomentando la cooperación mediante el manejo eficiente de un conjunto de recursos y técnicas de trabajo intelectual.

8.     Autonomía e iniciativa personal

    El alumno según va progresando en su aprendizaje, empieza a tomar decisiones de manera autónoma en situaciones en las que debe mostrar autosuperación, perseverancia y actitud positiva. “esta técnica no me sale bien, he de mejorarla”, ellos mismos saben cuando realizan bien una técnica y quieren mejorar y aprender más. La iniciativa personal se observa muy bien, pues cada día los niños demandan aprender una técnica nueva, y ansían empezar a practicar lo nuevo. También muestran inquietudes respecto a la enseñanza, pues lo primero que hacen al ver a sus padres es enseñarles lo nuevo que han aprendido (microenseñanza pura).

    Una de las características que más valoro del judo es la cooperación que hay entre practicantes, pues al clima de respeto y gratitud por la práctica conjunta, nos encontramos con la ayuda del que tiene más conocimientos. Cuando una pareja está practicando, observamos que si uno de los dos aprecia un error en la ejecución de la técnica por parte de su compañero, rápidamente se lo hace saber, indicándole las pautas adecuadas. Esta actitud de valoración y corrección que suele aparecer por iniciativa propia, es la que uno espera de su compañero (enseñanza reciproca). Por estos motivos se aprecia una excelente disposición a enseñar “trucos” o corregir errores entre participantes, incluso al margen del propio maestro, por lo que mayor autonomía e iniciativa personal no logro observarla en otros deportes o actividades en la que el espíritu competitivo predomina. En los deportes colectivos, existe una gran rivalidad por ser titular el día del partido, esa noción puede crear un clima dentro de los equipos en los que se desea destacar sobre los demás, algo que no ocurre en judo, pues todos somos compañeros y no nos vamos a enfrentar en competiciones, nos ayudamos mutuamente para que todos lo hagamos lo mejor posible, una vez mas “prosperidad y beneficio mutuos” y competencia ciudadana y social.

    Al encontrarnos en una clase con tantos niños y de diferentes niveles, (en actividades extraescolares con edades muy heterogéneas) debe buscarse una enseñanza lo mas individualizada posible. Esto no siempre es posible, por lo que se inculca en los mas avanzados una autonomía para practicar de manera autosuficiente y de enseñar a los menos hábiles (microenseñanza y enseñanza reciproca).

6.     Conclusión

    Las competencias básicas pretenden ser aprendizajes que sean utilizados en la vida real por los alumnos, es decir que sean útiles, y precisamente entre otras muchas consideraciones esa fue una de las que motivaron a Jigoro Kano para inventar y desarrollar el judo, su utilidad en la vida real. Logra transferir sus enseñanzas a través de sus dos grandes principios “máxima eficacia en el uso de la energía vital” y “prosperidad y beneficio mutuos”, los cuales se encuentran armoniosamente integrados dentro de varias competencias básicas, lo que hace del judo un método educativo perfectamente aplicable en la actualidad y según la legislación vigente.

    Por otro lado, la conclusión de este artículo abre un gran interrogante. Siendo tan recomendable y adecuada la practica del judo en edades escolares, pudiendo ser justificada con el currículo de educación primaria dentro de cualquier bloque de contenidos y contribuyendo notablemente con las importantes competencias básicas de la LOE, ¿cómo es posible que solo una minoría se “atreva” a incluirlo dentro de su programación didáctica?

    La respuesta puede estar relacionada con la natural inercia a los cambios y al posible temor de aventurarse en impartir nuevas enseñanzas que, en realidad no son nuevas. No es necesario tener amplios conocimientos de judo para dar a conocer esta actividad e intentar aprovecharse de las posibilidades educativas que nos brinda (debemos aplicarnos a nosotros mismos el principio de máxima eficacia). Pues el objetivo de todo maestro debería ser contribuir con su pequeño grano de arena a crear un mundo mejor, en armonía con los deseos del creador del judo el “maestro” Jigoro Kano.

Notas

  1. El judo, que es un arte marcial relativamente moderno, tiene su origen en el antiguo ju-jutsu empleado por los Samuráis del Japón feudal, cuyas técnicas les permitían combatir sin armas.

  2. Lugar donde se practican artes marciales.

  3. Gimnasia como actividad física y deportiva, no como asignatura educativa; lamentablemente hoy día en España se sigue “llamando” a la Educación física “gimnasia”. Como ejemplo reciente y a mi parecer, más que cuestionable, podemos ver el spot publicitario de una conocida marca de detergentes de ropa, en el cual el famoso jugador de fútbol David Villa se presenta ante un grupo de niños diciendo “hola a todos, ¿sabéis quién soy? hoy voy a ser vuestro profe de “gimnasia”. Hay que contextualizar que en la época de Kano los deportes eran elitistas, la gimnasia era más accesible, pero según su pensamiento las habilidades aprendidas eran poco útiles en la vida real.

  4. Significando camino como el propio concepto de vida. Kodokan: Ko (lectura, estudio, practica) Do (camino o doctrina) Kan (lugar o sala).

  5. Uno de los dos principios desarrollados por Jigoro Kano y que rigen toda la filosofía del judo. Tiene un significado muy extenso el cual pude entenderse muy bien en diversas publicaciones especializadas. Recomiendo Gutiérrez, C. y Pérez, M. (2008).

  6. Principio de beneficio mutuo

  7. Junto con la Kata, el randori es uno de los sistemas fundamentales de práctica en judo. Significa “practica libre” y en resumen consiste en poner en práctica y experimentar con las técnicas y habilidades aprendidas, durante el transcurso de un enfrentamiento con un “compañero”. Puede utilizarse cualquier tipo de técnica a condición de no hacerse daño uno al otro.

  8. Exactamente igual que las llevadas a cabo en las clásicas representaciones de fin de curso y de navidad.

  9. Ver el reglamento adaptado en cada federación.

  10. Judo significa literalmente “camino de la suavidad, flexibilidad”

  11. Véase, por ejemplo: Uzawa, T. (1981) “Pedagogía del judo”; Valladolid; Miñon, S.A. pp 25

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