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Beneficios de la práctica de actividad física durante la menstruación

 

Ldo. en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (UPM)

Máster en Actividad Físico-Deportiva, Personas con Discapacidad

e Integración Social (UAM). Profesor de Educación Física

Carlos Felipe Rello

carlosfelipe_ef@hotmail.com

(España)

 

 

 

 

Resumen

          Hacer deporte tiene innumerables beneficios para cualquier organismo, pero para la mujer se convierte en una herramienta muy valiosa para combatir los procesos premenstruales y menstruales. No solo hablamos de beneficios fisiológicos, sino también de beneficios psicológicos y sociales.

          Palabras clave: Actividad física. Beneficios. Menstruación.

 

 
EFDeportes.com, Revista Digital. Buenos Aires, Año 15, Nº 153, Febrero de 2011. http://www.efdeportes.com/

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Introducción

    En línea con los trabajos anteriores “Actividad física y menstruación: análisis histórico” e “Interrogantes sobre actividad física y ciclo menstrual” en este artículo se pretende realizar una síntesis de los beneficios que reporta el ejercicio físico sobre los efectos de la menstruación.

    Los efectos del ejercicio físico sistemático y sistematizado desencadenan una serie de cambios fisiológicos que inciden directamente en la salud. Además, la actividad física realizada de forma programada no solo interviene en la prevención de las enfermedades, sino que, cuando estas llegan, la calidad de vida mejora notablemente. Este último hecho convierte al ejercicio físico en una verdadera herramienta terapeuta en determinados procesos, como los procesos premenstruales y menstruales, caso que nos ocupa.

    El AMERICAN COLLEGE OF SPORT MEDICINE (ACSM, 2005) afirma que: “Realizar actividad física o ejercicios durante el período menstrual es además de  seguro, beneficioso, debido a su capacidad para aliviar tanto los síntomas  pre-menstruales como los cólicos y calambres”.

    Vamos a dividir los posibles efectos de la actividad física sobre la mujer menstruante en dos grandes grupos, beneficios fisiológicos y beneficios psicológicos.

Desarrollo del tema

Beneficios fisiológicos

    El ejercicio físico y el entrenamiento producen alteraciones en ciertas hormonas. Diversos autores, como Ortega Sánchez-Pinilla (1992), Barakat (2006) y Sarmiento Ramos y Ramos Gordillo (1997), han observado aumentos agudos del estradiol, progesterona, proláctica, la ADH u hormona antidiurética y las hormonas opiáceas, entre otras.

    Según Ortega Sánchez-Pinilla (1992) una de las etiologías más invocadas durante el periodo premenstrual es el efecto de la ADH en la excreción de sodio; cuando se retiene sodio, se retiene también agua. Cuando esta agua es extravascular se produce tumefacción del tejido. Las mujeres con alto grado de tensión premenstrual (TPM) pueden retener de 1 a 2 litros de agua en exceso. Uno de los efectos del ejercicio parece ser una reducción de los niveles de ADH y, consecuentemente, una reducción de la retención de líquido.

    “Los niveles de las hormonas opiáceas (la beta-endorfina y la beta-lipotropina) se segregan en grandes cantidades durante el ejercicio físico” (Barakat, 2006). Las endorfinas son sustancias que comunican a las neuronas. Son nuestra “morfina” ya que transportan el material del placer, euforia, felicidad y aplacan el dolor. Se incrementan en momentos placenteros de nuestra vida como alegría, emoción, placer sexual, ejercicio físico. Es por ello por lo que tienen un efecto natural contra el dolor y por tanto, pueden difuminar la percepción dolorosa durante el periodo premenstrual y menstrual. Esta explicación bastante extendida sobre las ventajas derivadas del ejercicio físico se la conoce como la hipótesis de las endorfinas.

    Al respecto el ACSM (2005) afirma que “La actividad física provoca un efecto hormonal que disminuye la congestión en la región pélvica y esto a su vez provoca una disminución del dolor.  Realizar ejercicio liviano y regular incrementa la secreción de endorfina, la cual reduce el estrés y ayuda a relajarse. También  una dieta que contenga dosis limitadas de cafeína, sal, incrementada con frutas, vegetales, buenas fuentes de fibra, así como la ingesta constante de agua ayudará a reducir la hinchazón y la retención de fluidos. Además es importante recordar que una buena hidratación ayuda a reponer la pérdida de sangre.”

    Se ha dicho, tal como sugiere Wells (1992), que el entrenamiento puede llevar aparejado una mayor tolerancia al dolor. Si esto es así, la deportista sería menos consciente de las dismenorreas ligeras.

    Por todo lo comentado, se ha observado que las mujeres con TPM que realizan ejercicio regularmente tienen menos síntomas. En varios estudios retrospectivos se ha hallado que la práctica de actividad física ayuda a reducir la severidad de los síntomas de TPM.

Beneficios psicológicos

    Uno de los cambios más evidentes durante la menstruación, para aquellas que padecen síndrome premenstrual (SPM) fundamentalmente, son los constantes cambios de humor, unidos a transitorios estados de ansiedad, susceptibilidad niveles elevados de estrés, etc… tal y como lo corroboran los estudios llevados a cabo por Alarcón-Nivia, Alarcón-Amaya y col (2006). Este nivel elevado de estrés podría cerrar el círculo, al aumentar la producción de prostaglandinas endógenas uterinas que a su vez ocasionarían mayor dolor durante la menstruación.

    El ejercicio físico seguramente actuará para reducir los efectos de estas situaciones emocionales no deseadas a través de un programa ameno y divertido, procurando que las actividades a llevar a cabo conecten con los intereses de las deportistas y le proporcionen, sobre todo, un momento de sano esparcimiento. El apoyo a esta afirmación proviene de la hipótesis de la distracción formulada por Bahrke y Morgan en 1978 (citado en Cox, 2009). Bahrke y Morgan observaron que el ejercicio físico es un tratamiento poderoso y efectivo para disminuir la ansiedad.

    De la misma manera, la práctica de ejercicio físico desarrollado con un grupo de iguales, que favorezca la relación social con otras mujeres en su misma situación (posibilidad de compartir experiencias, dudas, etc), posee un efecto claro de mejorar la salud mental. Me estoy refiriendo a la hipótesis de la interacción social, formulada por North y cols. en 1990 (citado en Cox, 2009). La hipótesis de la interacción social ofrece una explicación de los beneficios psicológicos de la práctica de ejercicio con amigos y colegas.

    Está claro que no solo estamos hablando de beneficios psicológicos, sino también de beneficios de índole social. Se trata en este caso de sacar provecho del comprobado efecto desestresante del ejercicio físico en su versión lúdica y motivadora.

    Von Helde Oliveira y Palacios Gil-Antuñano (2000) plantean una serie de pautas para el “Manejo del SPM” (gráfico 1) entre las que incluye la práctica de actividad física. Para este autor es fundamental partir de un diagnóstico correcto, apoyado sobre todo en los diagramas prospectivos realizados por el paciente. En segundo lugar, se deben establecer medidas preliminares, entre las que destacan: una adecuada información, realizar ejercicio físico, dieta equilibrada con poca sal, evitar los derivados xantínicos y buscar e intentar eliminar el factor estrés.

    No es raro que, en la práctica clínica, muchas veces se obtenga éxito con esta conducta únicamente. Si así fuera, se deberían mantener y fortalecer esos nuevos hábitos adquiridos. Los casos que no responden a este conjunto de medidas, la conducta deberá ser medicamentosa.

Gráfico 1

Fuente: Von Helde Oliveira y Palacios Gil-Antuñano (2000, p. 168)

    De lo expuesto hasta el momento, podemos deducir la incidencia que tiene el ejercicio físico, durante la premenstruación y menstruación, sobre las tres dimensiones de la salud (salud física, salud psíquica y salud social). Por tanto, aquella mujer que practique ejercicio durante estas fases se acercará al punto de salud óptima, tal y como explica Martínez de Haro (2008).

Conclusión

    Para que todos los beneficios de los que hemos hablado se puedan materializar, el ejercicio físico debe cumplir necesariamente una serie de requisitos en cuanto al tipo de actividad, nivel de intensidad, duración y frecuencia; pero posiblemente la condición más básica que ese programa de actividad debe cumplir para obtener unos resultados adecuados es la regularidad: es mucho más indicado el ejercicio regular que la práctica ocasional. Y por supuesto, tiene que estar supervisado por un profesional de la actividad física.

Bibliografía

  • ACSM. (2005). Manual ACSM para la Valoración y Prescripción del Ejercicio. Barcelona. Paidotribo.

  • Alarcón-Nivia, M.A., Alarcón-Amaya, M.A., y col. (2006). Creencias, actitudes y vivencias mágicas alrededor de la menstruación entre las mujeres de Bucaramanga, Colombia. Revista Colombiana de Obstetricia y Ginecología, Vol. 57, nº 1, 19-26.

  • Barakat, R. (2006). El ejercicio físico durante el embarazo: para vivir un embarazo en forma. Madrid. Pearson Alhambra.

  • Cox, R. (2009) Psicología del deporte: conceptos y sus aplicaciones. Madrid. Médica Panamericana.

  • Felipe Rello, C. (2010a). Actividad física y menstruación: análisis histórico. Revista Digital: Lecturas de Educación Física y Deportes. Buenos Aires, nº 149, Octubre 2010. http://www.efdeportes.com/efd149/actividad-fisica-y-menstruacion.htm

  • Felipe Rello, C. (2010b). Interrogantes sobre actividad física y ciclo menstrual. Revista Digital: Lecturas de Educación Física y Deportes. Buenos Aires, nº 151, Diciembre 2010. http://www.efdeportes.com/efd151/actividad-fisica-y-ciclo-menstrual.htm

  • Martínez de Haro, V. (2008). Actividad físico-deportiva, salud y calidad de vida: Perspectivas actuales y futuras. Trabajo presentado en el Master en Innovación, Evaluación y Calidad en Educación Física. Master en Actividad Físico-Deportiva, Personas con Discapacidad e Integración Social, Noviembre, Madrid.

  • Ortega Sánchez-Pinilla, R. (1992). Medicina del ejercicio físico y del deporte para la atención a la salud. Madrid. Díaz de Santos.

  • Von Helde Oliveira, S. y Palacios Gil-Antuñano, S. (2000). Síndrome premenstrual (pp. 159-169). En Salud y medicina de la mujer. Madrid. Harcourt.

  • Sarmiento Ramos, L. y Ramos Gordillo, A. (1997). Aspectos fisiológicos del deporte en la mujer. En Mujer y deporte (pp. 51-76). Las Palmas de Gran Canaria. Escuela Canaria del Deporte.

  • Wells, C.L. (1992). Mujeres, deporte y rendimiento (perspectiva fisiológica). Barcelona. Paidotribo.

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