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Escuchando el cuerpo y la mente de los atletas infantiles. 

Tres ideas para el entrenamiento de calidad

 

Federación Cubana de Atletismo. Comisión Técnica.

Presidente del Consejo Científico y de Innovación Tecnológica de la FCA

Profesor Auxiliar del Instituto Superior de Cultura Física

Graduado de Director de Desarrollo de Entrenamiento de la

Academia Mundial de la IAAF. Disertante IAAF de Nivel II

DrC. Ariel Muñiz Sanabria

amusa@inder.cu

(Cuba)

 

 

 

 

Resumen

          El artículo aborda la temática de las exigencias ético-pedagógicas que debe conocer y respetar el entrenador para preparar a los niños y niñas que practican atletismo. El tema es desarrollado desde la interpretación –intentando un carácter poético– de lo que dirían el cuerpo y la mente en palabras, para reclamar la sensibilidad de los entrenadores sobre el cuidado de la integridad física y emocional que los infantes necesitan. El tema se sintetiza en tres ideas fundamentales: 1) Los niños y niñas tienen que ser vistos como tales y no como materia prima de ambiciones profesionales, 2) La inmadurez biológica y psicológica son el sustento inviolable para el entrenamiento atlético infantil responsable y adecuado, 3) Integridad física y mental y la incentivación creciente de la motivación por la práctica del atletismo constituyen objetivos paralelos del proceso atlético. En las conclusiones se precisa que el entrenador de atletas infantiles tiene que comprender que es primordial poseer como una gran virtud la sensibilidad del saber que trabajar con niños, además de conocimientos, lleva mucho corazón.

          Palabras clave: Niños. Niñas. Atletas infantiles de atletismo. Atletismo infantil. Entrenamiento con niños. Atletismo de iniciación

 

 
http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 15 - Nº 145 - Junio de 2010

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Primera idea

Los niños y niñas tienen que ser vistos como tales y no como materia prima de ambiciones profesionales

    En el mundo deportivo es consabida la frase “el niño no es un adulto en miniatura”. Desde esa realidad hay que prestar atención a los mensajes que aportan, para el adecuado proceso de entrenamiento atlético infantil, el organismo de los niños y niñas. Lo primero a entender son las características anatómicas, bioquímicas, fisiológicas y psicológicas para posteriormente pensar en la carga que se va a aplicar.

    Ese es el punto de partida para la determinación de una consecuente metodología de entrenamiento, la misma tiene que ser contraria a lograr aproximaciones al entrenamiento de alto rendimiento, partiendo de la diferenciación en los objetivos, contenidos, métodos, medios, formas de impartición de la clase y la evaluación del proceso atlético.

    Semejar el entrenamiento atlético infantil al de los adultos es una brutalidad metodológica que inevitablemente resulta en un proceso dañino para los talentos a corto, mediano y largo plazo.

    El entrenador de iniciación atlética tiene que memorizar como primera lección de sabiduría el valor de la palabra no.

  • No se entrena a los atletas infantiles para que sean superiores ante sus semejantes.

  • No es para que el objetivo primordial de la preparación se enfoque en la obtención de costosas medallas.

  • No es para que con agresiones de carga se aplasten los deseos de practicar atletismo y su futuro deportivo.

  • No es para que el ego y la ambición de reconocimiento personal del entrenador se complazcan.

  • No es para utilizar a los niños/niñas en la intención profesional de ser un entrenador reconocido y aparentemente bueno.

Segunda idea

La inmadurez biológica y psicológica son el sustento inviolable para el entrenamiento atlético infantil responsable y adecuado

    Tanto el cuerpo como la mente tienen sus demandas, las cuales los entrenadores deben primeramente conocer, segundo profundizar y por siempre respetar.

    El entrenador que desee no errar en el proceso de preparación con sus infantes debe ser capaz de absorber los mensajes del cuerpo y la mente de los atletas en este periodo de formación y desarrollo. Debe interactuar armónicamente a través del conocimiento minucioso sobre el comportamiento del organismo en estas tempranas edades, esa es la clave del exitoso proceso de entrenamiento.

    Cuerpo y mente deben ser entendidos por el entrenador atlético infantil, de lo contrario entrenaría a ciegas. El entrenador tiene dos opciones, una negativa y otra positiva. Hierra cuando escucha en primer lugar sus propias aspiraciones de reconocimiento acompañadas de la necesidad de satisfacción de un ego alimentado por el campeonismo infantil; se equivoca si primeramente piensa que su trabajo es bueno por tener campeones. Pensar en lo que quiere para su satisfacción, tomando como indicador la victoria en las competencias es muy negativo. Por el contrario, es positiva su decisión cuando entrena a los infantes asumiendo como leyes inviolables las razones que esgrimen cuerpo y mente para aceptar las cargas.

    No hay más opciones: o se escucha el cuerpo y la mente o se viola etapas y se ataca brutalmente al organismo de los niños y niñas; ello significa estar opuestos como pedagogos al cumplimiento del deber de cuidarlos, propiciarles un sano desarrollo y aportarles felicidad.

    El entrenador de infantes en su imaginación poética debe preguntarse antes de proyectar un programa de entrenamiento: qué tiene que expresarle el organismo infantil, para entonces entenderle y poder hacer una buena selección de los contenidos, métodos, medios y plantearse una buena dosificación de las cargas.

    El cuerpo siempre le responderá invariablemente, es la misma respuesta para todos los casos:

    “Yo con tan solo 8 a 12 años de edad tengo un metabolismo basal muy superior a cuando sea adulto; significa que para vivir en situación de reposo tengo un gasto energético superior por kg de peso corporal, gasto que se multiplica significativamente ante la realización de actividades físicas.

    Tal característica se fundamenta en dos factores: mi proceso de crecimiento orgánico y la inmadurez fisiológica que aún poseo. En el crecimiento de mis órganos demando mucha energía para los procesos anabólicos, o de síntesis, de los diferentes tejidos y estructuras corporales. El funcionamiento de mis órganos y sistemas funcionales propicia un gasto energético superior (menos económico) al que necesitaré cuando alcance la madurez orgánica.

    Para la adecuada recuperación del gasto energético, luego de culminado una actividad física, y en lo particular una sesión de entrenamiento, necesito mayor tiempo de recuperación que si fuese adulto.

    En la infancia, año tras año, mi esqueleto y músculos van creciendo; mis huesos aún son muy dúctiles por contener gran porcentaje de tejido cartilaginoso y no encontrarse totalmente mineralizados, ello los hace propenso a deformidades si reciben cargas externas inapropiadas, incluso también si se les acostumbra a adoptar posiciones incorrectas por un tiempo prolongado. Es que unido a la ductilidad ósea es característica la marcada debilidad muscular, siendo más preocupante en la musculatura de la espalda; esto deriva que merece especial atención, para prevenirme deformidades y lesiones, la selección de los ejercicios y aplicación de las cargas que inciden en esta zona corporal.

    La baja producción y regulación hormonal que me caracteriza justifica la fatiga muscular con relativa facilidad y la contraindicación de trabajos de fuerza de grandes magnitudes en dirección a esfuerzos muy intensos y resistentes. Muscularmente tampoco puedo crear la expectativa de incrementos muy marcados de hipertrofia.

    En mi niñez también tengo baja eficiencia funcional enzimática producto de las bajas concentraciones y actividad de las enzimas fosfofructokinasa, piruvatodeshidrogenasa que son las enzimas responsables de mi funcionamiento en estado anaeróbico. Por lo que estoy en inmensa desventaja comparativamente a cuando obtenga la madurez biológica. No es hasta la adolescencia que estoy en mejores disposiciones para asimilar entrenamientos enfáticos en demanda anaeróbica, pero aún en ella deben de ser progresivos y limitados respecto a la juventud y adultez

    Todas estas características indican que sencillamente soy inmaduro, sinónimo de inconcluso en mi proceso de alcance de la plenitud para asimilar satisfactoriamente estresantes cargas de entrenamiento.

    Mentalmente también estoy inmaduro pues ella (la mente) nunca ha estado ni estará ajena a las particularidades del cuerpo. Las capacidades de los órganos y sistemas van acompañándose del avance de mis procesos psicológicos.

    Mi imaginación aún en las edades de 7-8 años se estructura sobre la base de imágenes concretas, también como muestra del estado incipiente de todos mis procesos, debe entenderse que la formación de mi memoria voluntaria va avanzando teniendo en las edades mencionadas menos desarrollo que al término de la niñez. En las edades de inicio a la práctica del atletismo (8, 9 años) predomina la atención involuntaria, esto es muy importante tenerlo en cuenta para no atosigarnos con explicaciones muy extensas o demandar que estemos tranquilos cuando llevamos mucho tiempo inactivos en las sesiones de entrenamiento.

    Cuando apenas tengo 8, 9 años predomina en mí la apreciación de los rasgos exteriores aislados de los objetos, la captación de los rasgos variados y esenciales va acrecentándose con la edad y el avance a las etapas de adolescencia, juventud y adultez. La capacidad de analizar y de sintetizar información es muy inferior a la que puedo manifestar cuando adulto. La capacidad de generalización es también aún muy simple”.

    Los motivos que me atrapan en el atletismo son la propia diversión y placer que representa la práctica sistemática de la actividad deportiva; es grandioso experimentar nuevas y variadas experiencias motrices alimentándome de sensaciones y emociones verdaderas.

Tercera idea

Integridad física y mental y la incentivación creciente de la motivación por la práctica del atletismo constituyen objetivos paralelos del proceso atlético

Entrenador

    Debe entender que tiene inevitable responsabilidad en la protección y desarrollo del cuerpo y la mente de los atletas infantiles; tanta que puede decidir el diálogo entre ellos dependiendo de la dirección correcta o incorrecta que usted manifieste en el proceso de entrenamiento.

    Cuerpo y mente deben entenderse como un matrimonio donde al final ella reacciona según las sensaciones que él le provoque. Son fieles a un solo sentir: bueno para los dos o malo para ambos, no hay otra manera de relacionarse.

    En negativo el entrenador puede llegar a generar una comunicación que provoqué desmotivación, decepción y abandono de la práctica atlética.

    Este es el diálogo nocivo que puede generarse producto de un mal proceso de entrenamiento atlético:

_Cuerpo. Yo siento que las cargas recibidas son muy fuertes, exigentes y provocan mucho esfuerzo orgánico, me están dañando al punto de incidir desfavorablemente en mi lógico desarrollo.

_Mente. Yo siento que esos esfuerzos tan exagerados, agresivos y monótonos me estresan en demasía, impiden la motivación, satisfacción y diversión necesaria. Estoy por decidir si nos quedamos o dejamos de entregarnos a este deporte.

_Cuerpo. Yo realmente puedo moverme más armónicamente, puedo mostrar más agilidad, poner el dominio de mis músculos en otro deporte donde sienta que no sufro por las exageraciones en la dosificación de tantos ejercicios de carreras, saltos y lanzamientos.

_Mente. En otros deportes podemos disfrutar más, pensemos por ejemplo que en los juegos deportivos tendríamos entrenamientos menos monótonos y más divertidos.

_Cuerpo. Entonces ¿Qué hacemos?

_Mente. Estoy desmotivada, alejémonos del atletismo, después decidamos si practicamos otro deporte que nos haga sentir mejor.

    Este es el resultado de los muchos niños y niñas que abandonan la práctica del atletismo por desmotivación. .

    En positivo el entrenador generaría una comunicación de placer, motivación y buen desarrollo del cuerpo y la mente.

_Cuerpo. Estas actividades que asimilo tan armónicamente en las sesiones de entrenamiento van estimulando el desarrollo de mis órganos y sistemas funcionales sin lacerar mis estructuras anatómicas. Agradezco las dosificaciones de los diferentes ejercicios de carreras, saltos, lanzamientos y demás movimientos que van desarrollándome a un ritmo idóneo sin sentir dañina agresividad.

_Mente. Yo soy feliz al disfrutar de los esfuerzos que implica el entrenamiento; durante y al término de las sesiones de entrenamiento mi sensación es de placer creciente. Disfruto muchísimo de asistir a las prácticas de enseñanza de atletismo, donde siento la sabia influencia de un entrenador que transmite emociones positivas a mi formación.

    Sentirme así acrecienta mi decisión de permanecer conectado con el atletismo.

_Cuerpo. Sentimos lo mismo; ambos agradecemos y estamos regocijados por la calidad de las cargas y el trato que recibimos, ambos somos felices. ¿Entonces?

_Mente. Coincidimos, el atletismo es el más apasionante de los deportes. ¡Sigamos disfrutando de él y creciendo integralmente desde sus exigencias y retos!

Este es el resultado de los muchos niños y niñas que llegan a amar el atletismo.

Gráfico 1. Unificación de los tres macroconceptos que garantizan la concepción de calidad en el entrenamiento atlético infantil

    Socialmente es determinante considerar que en las edades correspondientes a la etapa infantil se da un aumento, respecto a años anteriores, de las relaciones interpersonales del niño. La amistad se caracteriza por relaciones íntimas, mutuamente compartidas y comprometidas, y que pueden llegar a tornarse por ocasiones posesivas al punto de demandar un trato privilegiado.

    El grupo de pares comienza a tener una importancia cada vez mayor para los niños y niñas, precisamente porque en la interacción con ellos es donde descubren sus aptitudes, además de serles de referencia para medir sus cualidades y su valor como persona, lo que les proporciona el desarrollo de su autoconcepto y de su autoestima. Las opiniones de sus compañeros acerca de sí mismo tienen repercusión en su imagen personal.

    Hay que valorar que en las clases deportivas los niños y niñas están prestos a confrontar opiniones, sentimientos, así como ir definiendo actitudes y valorizando su conducta en estrecha relación con la transmisión que vienen recibiendo de padres, maestros, entrenadores y otras personas que en su ámbito le influyen diariamente.

Conclusión

    El entrenador de atletas infantiles necesita saber del comportamiento del organismo durante la niñez para no agredir dañinamente ni desmotivar a sus discípulos de la práctica del atletismo. Tiene que entender que el cuerpo como la mente merecen igual respeto, pues en unificación son el juzgado del resultado del proceso que él dirige; el cual resultaría para bien y satisfacción de su labor, o por el contrario muy negativo para sí, el atletismo, y más lamentable para los niños/niñas que pretendieron buscar placer, satisfacción, salud y sueños, y que por el contrario encontraron decepción, lesiones, traumas y frustraciones en su entrega al deporte rey.

    Dos razones tienen que estar articuladas en la marcha hacia la calidad creciente de los entrenadores de atletas infantiles: saber y sentir, significa aprender antes de programar, amar antes de aplicar. Ser sensibles no es un deber, ha de ser vocación que inspira el saber hacer.

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