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Relevancia de la actividad física y deportiva 

en la educación libertaria. España 1900-1939

 

Profesor de Educación Física

Jefe del Departamento de Educación Física del

I.E.S. Arzobispo Lozano, Jumilla, Murcia

Héctor Alonso Ruiz

hector.alonso.ruiz@gmail.com

(España)

 

 

 

Resumen

          El análisis de la práctica de la actividad física y deportiva en las numerosas experiencias de educación libertaria llevadas a cabo durante el primer tercio del Siglo XX en España, ponen de manifiesto la importancia de las mismas y como muchas de las preocupaciones y principios en los que se movían pueden seguir teniendo vigencia en la actualidad.

          Palabras clave: Historia. Educación Física. Deporte. Anarquismo. España

 
http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 14 - Nº 142 - Marzo de 2010

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Introducción

    Si bien son numerosos los libros y artículos que tratan sobre la concepción educativa dentro del movimiento libertario, y donde se resalta su importancia, poco se ha escrito sobre el tratamiento de la actividad física y deportiva dentro de la perspectiva educativa libertaria. Por ello considero que es relevante resaltar cual era el valor que se le daba a estas prácticas. Sin embargo nos encontramos con otro problema. Aunque son abundantes los escritos sobre la educación anarquista, la mayoría de ellos son meramente teóricos, no llevados a la práctica, digamos que declaraciones de intenciones sobre como debe o no debe ser la educación. Ha habido pocas experiencias llevadas a la práctica realmente. Una de ellas fue durante el comienzo del Siglo XX en España, uno de los países donde con más fuerza caló la doctrina anarquista. Durante ese primer tercio de siglo son varias las experiencias educativas que podemos calificar como libertarias, desde la fundación de numerosas escuelas racionalistas, que se prodigaron sobre todo por el Levante español, la labor educativa ejercida por los Sindicatos, los Ateneos e Institutos Obreros, como herramienta de formación de la clase trabajadora, hasta la experiencia educativa en las colectividades y poblaciones ocupadas durante la Guerra Civil.

    Para tratar todos estos temas, se ha dividido el artículo en los diferentes ámbitos de actuación pedagógica que se dieron durante ese periodo de tiempo, además de tratar brevemente sobre los principios generales, imprescindibles para conocer el objetivo que a la educación se le daba.

Principios generales de la educación libertaria

    Sería equivocado concretar todo el pensamiento libertario sobre la educación en una serie de principios inamovibles e iguales en todos los pedagogos anarquistas. Más acertado sería decir que prácticamente cada pensador anarquista ha tenido un pensamiento específico para la educación, dándole una mayor o menor relevancia en el camino de la sociedad hacia la revolución. Aspecto importante éste, no debemos olvidar que el anarquismo es una ideología revolucionaria, por lo que las acciones estarán encaminadas a lograr esa revolución social. La educación, por tanto, es un elemento más hacia ese objetivo. Ahora bien, hay que hablar de dos posturas básicas a la hora de enfrentarse a la labor educativa (Cuevas Noa, 2003). Por una parte, hay una serie de tendencias no directivas, individualistas, según las cuales la libertad del educando debe ser absoluta. El educador debe evitar toda influencia coactiva en el desarrollo natural del individuo. Por otra, están las tendencias sociopolíticas, que defienden que la educación debe tener una orientación social. El educador debe definirse por un modelo de sociedad. La educación debe servir para transformar la sociedad y no puede ni debe renunciar a transmitir una ideología.

    A pesar de estas diferencias, sí que podemos extraer una serie de principios más o menos comunes y generales (Cuevas Noa, 2003; Safón, 1978; Tiana Ferrer, 1987):

  • Antiautoritarismo: Educar en el rechazo a la autoridad y la sumisión es imprescindible para la construcción de una sociedad libertaria. No hay que confundir la autoridad como obligación de sumisión, con otro tipo de autoridad, de carácter moral, basada en el reconocimiento de la sabiduría de algunas personas, y que puede ayudar al enriquecimiento del alumno

  • La educación integral: la educación debe potenciar el desarrollo de todas las facetas de la personalidad humana, integrando el trabajo manual con el intelectual, así como educar para la vida social. Es decir, educar estimulando el hacer y el saber.

  • La autonomía pedagógica: la propuesta anarquista incide en la importancia de la autogestión de la enseñanza. El control de la educación debe ser responsabilidad de los participantes en la escuela o grupo educativo. Los centros educativos deben ser autónomos e independientes, y no recibir subvenciones o apoyo por parte del estado, además de contar con un profesorado propio.

  • Racionalismo: la escuela debe ser racional, como sinónimo de científica y no dogmática. Será una escuela “fundada en la razón y conforme a los principios de la ciencia actual, y no en la fe; en el desarrollo de la dignidad e independencia personal y no en el de la piedad y la obediencia” (Comité pro-enseñanza anarquista de 1898)

  • Neutralidad ideológica: unido al principio anterior, una escuela que pretenda no inculcar dogmas en sus alumnos no puede hacer otra cosa que mostrar las distintas opiniones acerca de cada cuestión. El maestro se convierte en guía, expositor de ideas y realidades, más que inculcador de verdades absolutas.

  • Laicismo: la escuela debe rechazar no solo todo tipo de fe o creencia religiosa, sino cualquier otra que sustituya a la religión, como pueda ser la patria, el partido o el Estado.

  • Coeducación: unido a los principios de racionalismo y laicismo, aparece este, según el cual, la educación debe “favorecer la coeducación de los sexos en una comunión constante, fraternal de los niños y las niñas” (Comité pro-enseñanza anarquista de 1898). En la práctica de esta coeducación hay implícita una reivindicación en pro de la mujer, cuyo papel social en la sociedad patriarcal es el de esclava, además de ser profundamente revolucionaria, ya que ataca uno de los pilares fundamentales para el mantenimiento de la sociedad patriarcal, la desigualdad entre la mujer y el hombre.

La Educación Física en las escuelas racionalistas. La escuela moderna

    Bajo este epígrafe se hace referencia a la multitud de escuelas que surgieron con posterioridad a la que podemos considerar como pionera de la enseñanza racionalista, la Escuela Moderna de Ferrer y Guardia. No es el objetivo de este artículo hacer un listado de las escuelas que se crearon por todo el territorio español, sino hacer una aproximación a la importancia que a la actividad física se daba en ellas. Fundamentalmente trataré sobre la Escuela Moderna, por ser la de mayor estabilidad y difusión. Surgida como una escuela privada en 1901, refleja la importancia de la actividad física ya desde el primer horario para ese mismo curso (Muro, 2009):

Mañana

9 a 9.30

9.30 a 9.45

9.45 a 10

10 a 10.30

10.30 a 11

11 a 11.15

11.15 a 11.45

Limpieza y orden en la clase

Preguntas sobre el trabajo del día anterior

Recreo

Ejercicios

Lecciones de cosas

Recreo

Ejercicios manuales

Tarde

2.15 a 2.45

3.15 a 4.30

4.30 a 4.45

Narración

Recapitulación / aprendizaje de contenidos

Gimnasia

    Podemos observar de este primer horario como el tiempo que se ocupaba tanto en la práctica de ejercicios como en la gimnasia es bastante relevante. Más de una hora diaria dedicada a la práctica de actividades físicas.

    En los años posteriores este tiempo de dedicación se va a ver ligeramente reducido, a un periodo de unos 15 minutos diarios. En los horarios de los siguientes cursos al expuesto vemos que la gimnasia se realiza todos los días, de lunes a sábado (la jornada escolar era de seis días) a primera hora de la mañana. Así, nada más llegar los alumnos y las alumnas, realizaban 15 minutos de ejercicios variados. El objetivo de la ubicación a primera hora era múltiple. Por una parte, se empleaban las horas de menor calor para la práctica física y se aprovechaba para la enseñanza de hábitos higiénicos posteriores a los ejercicios e ir aseados a las demás materias. Por otra parte, servía para “desentumecer” cuerpo y mente del alumnado antes de la práctica del estudio, es decir, se entendía el bienestar corporal como una parte básica de la salud mental del alumnado, en consonancia con el principio de enseñanza integral que se ha expuesto más arriba.

    En cuanto a los ejercicios y prácticas que se realizaban, éstas variaban de un curso a otro (Muro, 2009).

 

Párvulos

(5-6 años)

Curso medio

(6-9 años)

Curso superior

(10-12 años)

Gimnasia

Sin aparatos

Sin aparatos

Sencilla con aparatos

    Se trataba en general, por una parte, de una serie de ejercicios, cercanos a la idea de gimnasia sueca que tenemos, con una finalidad casi exclusivamente higienista, y adaptada al nivel de cada escolar. Como dice el propio Ferrer (1976), “se graduará el ejercicio físico (gimnasia) y la labor intelectual, de forma que se evitarán esos dolores de cabeza, esos insomnios, la neurastenia infantil (…)”.

    Además de esto, la práctica física se trataba de juegos a los que Ferrer da una importancia trascendental en el desarrollo del niño y que de hecho prefiere a la gimnasia, ya que a la práctica de actividad física que conllevan los juegos, hay que sumar el vivo interés y alegría que les acompañan, y de los que carece la gimnasia. Aún así “si se nos diera a elegir entre quedarnos sin juego y sin gimnasia, o aceptar el gimnasio, corriendo, con los ojos cerrados optaríamos por el gimnasio”. (Ferrer, 1976)

    Además de las actividades incluidas dentro del horario escolar, en el Boletín de la Escuela Moderna se recogen otra serie de prácticas relacionadas con la actividad física, como excursiones, paseos, subidas al monte, baños y natación, etcétera. Así por ejemplo, en la Institución Horaciana de Cultura, de la que se tiene noticia desde 1910, incluye actividades de esparcimiento, para los más pequeños, y con posibilidad de que les acompañasen las madres y los padres, como excursiones a la montaña y a la playa, para aprender a nadar. (Solá, 1978)

    Una vez cerrada la Escuela Moderna surgen multitud de escuelas racionalistas que siguen el legado y la forma de enseñanza empezado por el centro de Ferrer. La mayoría de ellas con escasa duración, debido a la persecución política y la prohibición de este tipo de enseñanza, pero sí que existen datos que indican la práctica de un programa (incluyendo la gimnasia) similar.

La labor de los sindicatos, ateneos e institutos obreros

    A la labor de creación de escuelas racionalistas, fundamentalmente dirigidas a la población infantil, las Federaciones Regionales de Sindicatos ampliaban su labor educativa con los Ateneos e institutos obreros, dirigidos a la población adulta. De este modo se logra otro de los objetivos de la educación libertaria que es la formación a lo largo de toda la vida, a la vez que se instruye y forma a la clase trabajadora para reducir su situación de alienación y explotación.

    Nos encontramos entonces con unas instituciones como los Ateneos o los Sindicatos, que si bien no tienen una labor educativa formal (no hay programa o currículum), sí que ofrece numerosas actividades dedicadas a la formación intelectual de los asistentes, sobre todo por las tardes, una vez finalizada la jornada laboral (Ackelsberg, 1999). Además de contar con biblioteca, conferencias, charlas, enseñanza de lectura y escritura, etcétera, estas instituciones promocionaban la práctica de actividades físicas. Así, se recogen testimonios de veladas deportivas (boxeo, frontón, carreras de velocidad y de duración, fútbol…), en las que tomaban parte los afiliados o militantes del sindicato y que en ocasiones se organizaban entre varias federaciones, siendo muy populares. Por último, se organizaban excursiones al campo y a la montaña, con el objetivo, principalmente, de fomentar la cohesión de la colectividad. (Cuevas Noa, 2003)

    Junto a estas actividades de Ateneos y Sindicatos, estaban los institutos obreros, inaugurados algunos de ellos ya empezada la Guerra Civil y que dependían del Ministerio de Educación, con el objetivo de elevar el nivel cultural de los trabajadores. El alumnado al que iban destinados se encontraba entre los 15 y los 18 años, si bien podían incluso llegar hasta los 35. (Escrivá, 2008)

    El tema que nos atañe, la actividad física y deportiva, tenía una especial relevancia en el currículo de estos centros. Cada instituto contaba con un club y un terreno de juego y deportes (Safón, 1978) De esta forma, la realización de ejercicios físicos tenía una periodicidad diaria (a semejanza de las escuelas racionalistas). Las clases empezaban con la realización de gimnasia sueca, tras la cual cada alumno practicaba su deporte favorito. Tras la práctica deportiva era obligatorio el aseo para comenzar con las clases. De forma similar a lo que sucedía en las escuelas racionalistas, los objetivos de estas prácticas físicas eran que los alumnos tuviesen una buena condición física, para aguantar la larga jornada escolar y fomentar la disciplina y aseo personal. Los documentos gráficos que existen de la época, nos permiten saber que en ocasiones se organizaban torneos entre los distintos institutos, así como la obligatoriedad de un uniforme para la práctica de las actividades físicas. (Escrivá, 2008)

La práctica física durante la guerra civil

    Además de la continuidad de la labor de algunas de las escuelas racionalistas, de los institutos obreros y la labor de los sindicatos, la principal relevancia educativa de este periodo la va a tener el Consejo de la Escuela Nueva Unificada (CENU), creado en 1936, con representantes anarquistas, comunistas y del Gobierno de la Generalitat de Cataluña. Este organismo concretó un plan de estudios para la escuela primaria, en el que se incluyen seis bloques de contenidos, siendo uno de ellos la Educación Física (Safón, 1978):

    “(…) 6º Educación Física: prácticas higiénicas. Juegos libres y organizados. Deporte, gimnasia”.

    Dentro del CENU se desarrollan también colonias escolares, de las que quedan recogidos testimonios sobre la realización de actividades físicas, con fines higienistas, que incluyen veinte minutos diarios de gimnasia, con posterior aseo obligatorio (Safón, 1978).

    En definitiva, y debido a la influencia de las posturas anarquistas en el Consejo, se recogen muchos de los principios de la escuela racionalista para aplicarlos en los centros que están dentro del CENU.

    Hay que destacar también dentro de este periodo la labor de las Juventudes Libertarias (JJLL). La actuación de las JJLL va a estar muy marcada por los acontecimientos bélicos que están sucediendo y que llevan a dos tomas de decisiones que atañen a la práctica física. Por una parte se dará importancia a la educación premilitar, como preparación para la guerra y por otra se harán actividades deportivas como atracción de la juventud a los centros juveniles libertarios (Fernández Soria, 1996). Con estos propósitos las JJLL consideran la necesidad de crear un movimiento deportivo que aúne a toda la juventud, que tuvo su primer intento en la constitución de la Organización Cultural Deportiva Española, en cuyos estatutos se refleja que su finalidad es “elevar el nivel cultural y deportivo en España que responda a los anhelos de la juventud sin distinción de sexo, creando para ello los medios necesarios” (Fernández Soria, 1996). No llegó a constituirse formalmente, pero sí lo hizo otro organismo llamado “Airesol”, donde se centran todas las energías de la juventud española, encaminada al desarrollo de la cultura física y la práctica deportiva. Entre sus múltiples finalidades estaban:

  • Llevar la cultura física al ejército y a la retaguardia.

  • Crear clubes deportivos.

  • Hacer del deporte un arma potente que coopere a la expulsión de los invasores que intentan esclavizar el país.

  • Etcétera.

    Como vemos, se unen los dos aspectos expuestos al principio, la práctica deportiva y la educación premilitar.

    A través de este movimiento cultural, las JJLL tratan de promover la práctica del deporte amateur, pues solo este tipo de deporte sintoniza con los ideales de unidad, defiende la competencia honrada, favorece la fraternidad y evita el embrutecimiento de quienes lo practican (Fernández Soria, 1996). Se oponen al deporte-espectáculo, que propicia el mercantilismo y la espectacularidad frívola, que se muestra más pendiente de la excepción que de la salud general. En resumen, las JJLL debían impulsar el deporte en la juventud como una manifestación tendente al equilibrio físico y moral.

Conclusión

    A modo de conclusión podemos observar como la educación física dentro de la educación libertaria en la España de comienzos del siglo pasado no deja de ser deudora de la época. Así, vemos como se pone especial énfasis en la labor higiénica y de salud de la práctica física, debido en parte a que los pedagogos observan la gran presencia de enfermedades entre la población infantil, y constatan que la mejora física puede ayudar a prevenirlas. Con la llegada de la Guerra Civil, esta educación pasará a tener un sesgo militarista, indispensable en gran medida por la necesidad imperiosa de tener formar un ejército saludable y fuerte.

    Es por tanto la aplicación de los principios pedagógicos libertarios lo que le da a la educación física el carácter revolucionario que pretende tener. Principios que aún hoy siguen estando muy vigentes y que desde teorías como el constructivismo, que impregna el diseño curricular en España en la actualidad, se han vuelto a destacar. La idea de coeducación, de igualdad de oportunidades, de adaptación a cada alumno, de educación integral… son principios que están en boca de todos los educadores ahora mismo y que como vemos, ya los trataban a principios de siglo pasado los pedagogos anarquistas. En el ámbito de la educación física, quizá no vendría mal recuperar para los colegios y los institutos esos rasgos distintivos que querían aplicar al deporte, como el fomento de la salud, la competencia sana, el compañerismo, etcétera, además de volver a contar con un tiempo para la práctica física todos los días, no verla reducida a dos horas semanales.

Bibliografía

  • Abad de Santillán, Diego (1976): El anarquismo y la revolución en España, Ayuso, Madrid

  • Ackelsberg, Martha A. (1999): Mujeres libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres. Virus Editorial, Barcelona

  • Bernecker, Walter L. (1982): Colectividades y revolución social. El anarquismo en la Guerra Civil española (1936-1939), Crítica, Barcelona

  • Cambra Bassols, Jordi (1981): Anarquismo y positivismo. El caso Ferrer. Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid

  • Cuevas Noa, Francisco José (2003): Anarquismo y educación, Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid

  • Escrivá Moscardó, Cristina (2008): Los institutos para obreros, L'Exaim Edicions, Valencia

  • Fernández Soria, Juan Manuel (1984): Educación y cultura en la Guerra Civil (1936-1939), Nau Llibres, Valencia

  • Fernández Soria, Juan Manuel (1996): Cultura y libertad. La educación en las Juventudes Libertarias (1936-1939), Universitat de Valencia, Valencia

  • Ferrer Guardia, Francisco (1976): La escuela moderna, Tusquets, Barcelona

  • García Moriyón, Félix (1986): Escritos anarquistas sobre educación, Grupo Zero Cultural, Lérida

  • Muro, Nora (2009): La enseñanza en la escuela moderna de Francisco Ferrer y Guardia, Gran Vía, Burgos

  • Safón, Ramón (1978): La educación en la España Revolucionaria, Las Ediciones de la Piqueta, Madrid

  • Solá, Pere (1978): Las Escuelas racionalistas en Cataluña, Tusquets Editorial, Barcelona

  • Tiana Ferrer, Alejandro (1987): Educación libertaria y revolución social. España 1936-1939, UNED, Madrid

  • Tomassi, Tina (): Brevario educativo libertario,

  • VVAA (2007): Pequeño esbozo sobre la educación antiautoritaria: prácticas y sucesos destacables, Sección de Enseñanza de CNT Valladolid, Valladolid

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